“Yo te daré paz. MI paz”

grooveshark

Hoy me di cuenta de dos cosas fundamentales. La primera fue que no puedo escapar de la realidad del país ni que lo intente. Hoy decidí olvidarme de las tres semanas from hell que todos hemos vivido de una manera u otra, y me lancé al Trasnocho Cultural. Entré con una amiga a ver la impresionante 12 Años de Esclavitud, para pagar mi deuda con Oscar y ver su gran consentida. Steve McQueen y su compañía hicieron excelente trabajo, por decir lo menos.

Como a una hora de la película, tal vez menos, una pareja se para y empieza a irse. En la puerta, una señora se voltea y dice a todo pulmón, “¡Así estamos nosotros! ¡Así estamos!”, y se fue.

Ayer, vi cómo dos personas ponían en Twitter los nombres y direcciones tanto de personas que montaban barricadas como de miembros de supuestos colectivos. Vi incluso a alguien decir “Si tienen cacerolas vayan a tal lado, que Roque está comiendo ahí”. Veo chavistas abiertamente amenazando gente con 9 mm. Veo los ataques de opositores en las barricadas. Vean cómo mi amigo Cristian Hernández fue batuqueado contra el piso en Altamira (esa es la foto que está arriba). Sin ir muy lejos, vean cómo hay una batalla campal en Altamira todas las tardes.

Y sólo pienso que, desde algún lado, alguien se come su dulce de lechosa del más allá y se ríe: “Ji, ji, jiiii…”

No fue hasta que leí este post del blog Caracas Chronicles que me di cuenta. Más allá de cualquier bien que el ex presidente haya hecho para un sector del país, también hizo un daño enorme. Porque aquí ya todos, consciente o inconscientemente, estamos tomando el estilo del “Gigante” para muchas cosas, y no de la mejor manera. Aquí ya no se dialoga, aquí se impone, y se ve todo en blanco y negro. O estás conmigo o estás en contra de mí. Punto y se acabó. ¿Y cómo nos ha servido hasta ahora?

Muchos de la oposición se han radicalizado porque ya la situación está tan grave que la posibilidad de soportar esto hasta las elecciones de 2019 o hasta la mitad de período de Nicolás Maduro, cuando se le puede convocar un referéndum revocatorio, es inaceptable. No es que les pueda discutir, ni quiero: una inflación de casi 60%, una escasez de bienes inédita, una inseguridad rampante… Si esto es así al primer año de gobierno de Maduro, ¿cómo será hasta 2019?

Pero entonces, consideren la alternativa. Supongamos, por alguna intervención divina –o “divina”—Nicolás Maduro renuncia. Dudo que sea él solo, pero vámonos a ese supuesto. Si el Presidente renuncia dentro de los primeros cuatro años del mandato, según el artículo 233 de la Constitución, lo debe tomar el Vicepresidente. Se convoca a una nueva elección en 30 días. Ajá. ¿Se imaginan a Jorge Arreaza aflojando las cosas? Si creen que las cosas fueron dudosas luego de la muerte de Chávez, para asegurar que Maduro fuera electo –y de vaina lo lograron—, ¿cómo creen que la aplicarán si Maduro se les acobarda y renuncia?

Otra alternativa que he escuchado es que los militares le exijan la renuncia. Suponiendo que eso suceda, en un país donde las malas lenguas afirman de lo bien que vive el alto mando (los mismos que critican la casa en la que vive Ángel Vivas), recuerden que ese mismo mando militar son los que, sin mucha duda, le deben lealtad al que la revista The Atlantic llamó “el Frank Underwood de Venezuela”. Yo soy de los que está convencido que si los militares en efecto tumban a Maduro, es porque nuestro Frank particular lo ordenaría. No sé si llegaría a Presidente, porque estoy convencido que el tipo intimida más que mueve. Supongo que movería la vida para montar a alguien más cercano a él, y considerando la fama que el hombre tiene, ahí sí implicaría una guerra civil sacarlo. Y sabes, no.

Otra más: que TODO el gobierno renuncie. Maduro, Diosdado , Arreaza, Luisa Ortega, Carmen. Todos sin excepción. Una sola persona tuvo el tupé de recomendarme eso. No he conocido a nadie más que tenga esa temeridad. Mejor ni la consideramos.

Y la última, casi tan temeraria: que en efecto aquí vengan los Marines. Permítanme remitirlos a lo que sucedió en la Organización de Estados Americanos. Panamá había solicitado que la OEA convocara a los cancilleres de los países para analizar la situación de Venezuela. 29 votaron que era prematuro; Estados Unidos, Canadá y, claro, Panamá, votaron en contra. Claro que en ese contexto, este desafortunado titular de la agencia EFE –“Protestas en Venezuela alejan a Maduro de la OEA”—se entiende mejor: ya Venezuela apunta hacia la Unión de Naciones Suramericanas, para excluir a EEUU y Canadá, y donde, otra vez, el legado de Chávez actúa: atreverse a ir contra una nación hermana es traición al Sur entero. Si Venezuela dice que está actuando contra “grupos de derecha” que los quieren derrocar, pues esa es la verdad y punto. Y si Colombia, Chile y Panamá se atreven a abrir la boca para criticar, pues plomo (verbal) con ellos.

Entonces en ese aspecto, piensen que EEUU tuviera el tupé de mandarnos a invadir. Primero, el resto del mundo lo repudiaría, porque ya esto no son los 80 donde invadir a Panamá o a Granada no se recibe con un “ay que horror” y ya. George W. Bush bastante hizo para destruir la imagen de EEUU, y Barack Obama, a pesar de las “gaffes” que tenga, lo sabe. Una invasión de los Marines aquí sería tan descabellada como pensar que todo el gobierno renunciaría. Y honestamente, chicos, por favor, vamos a querernos un poquito; yo no quiero ser Irak, donde luego que se fue EEUU, el Gobierno está pariendo para controlar los grupos insurgentes. No gracias.

Entonces, ¿qué queda? No le va a gustar a mis amistades más radicales. Para desgracia de ellos y de la mayor parte de la oposición, la Mesa de la Unidad Democrática está venida un poco a menos, sin haber sabido bien cómo capitalizar las evidentes fallas que tiene Maduro. Entonces los más radicales de la oposición han surgido, y a esos siempre ha apuntado el Gobierno (otro legado de Chávez), haciéndolos ver como que ellos son la visión general de la oposición. Leopoldo López comenzó a hablar de “La Salida”, y automáticamente el Gobierno lo llamó fascista y lo encarceló. Empiezan a surgir las guarimbas, y quien las critique –empezando por mí—reciben la bendita pregunta: “Bueno, ¿y tú qué propones?”. Incluyéndome. La genial Naky Soto respondió esa pregunta mejor que yo:

Concentrémonos en un objetivo por vez. Seamos obsesos en la obtención de libertad plena para todos los apresados por protestar. Lograrlo supondrá un hito contra la criminalización de la protesta, estimulando la multiplicación de protestas creativas, como las de varias regiones que han logrado sumar gente siendo menos fervorosas en la potencial respuesta represiva de los cuerpos de seguridad del Estado, proyectando las razones de la denuncia y no la violencia obtenida por denunciar. Que la noticia sea la denuncia y no la violencia política.

Y luego, al fin, está Henrique Capriles. Una amiga mía que lo amaba con pasión ahora de casualidad y lo quiere ver. En especial después de esta entrevista con el diario El Tiempo de Colombia, donde finalmente explica por qué no apoyó a “La Salida”.

Quién quiere más cambio que yo en Venezuela, que he sido un afectado directo. Fui candidato en una elección que denunciamos amañada (la elección presidencial del 14 de abril de 2013), que no fue transparente, presentamos pruebas, agotamos la institucionalidad interna y terminamos en una instancia internacional por la situación de los poderes, que son los que tienen a Maduro allí.

Maduro ocupa la Presidencia por el control de los poderes, porque aquí se hubiese hecho la auditoría y se cae esa elección. Nadie tiene por qué dudar de que Capriles no quiera que cambie el Gobierno. Soy el primer interesado en que cambie el Gobierno. Pero, cuál ha sido mi planteamiento, que esa frase ‘Maduro, vete ya’ no conecta (con las mayorías). Eso fortalece una polarización que no ayuda, está claro que simplemente con la polarización no vamos a imponer el cambio.

Ese mensaje no conecta con los venezolanos que viven en los sectores populares. La mayoría de los venezolanos vive en barrios populares y ese mensaje no suma descontento. Para lograr un cambio en el país tienes que aglutinar todo ese descontento, toda esa fuerza que rompe la polarización.

Eso no quiere decir que considere que Maduro deba quedarse. De hecho, está claro que debe irse.

Porque no hay alimentos, porque la inflación es la más alta del mundo, porque la inseguridad crece, porque no hay empleo, porque las empresas están cerrando, porque la corrupción sigue galopando y no pasa nada, porque el Gobierno dice que no hay dólares pero ellos montaron el control de cambios y saben que se robaron 25 mil millones de dólares.

Si eso no lo llenas de contenido, no vas a lograr el cuándo. El cuándo no lo sabes tú, no lo sé yo, lo que te puedo decir es que si tu construyes un movimiento social, y tienes cómo hacerlo porque el descontento está, eso te va a permitir cambiar la posición de fuerza. ¿Cuál fuerza? No las armas, la fuerza para que una crisis política tenga el apoyo para plantarse frente al Gobierno y decirle: o usted cambia o nosotros cambiamos al Gobierno.

¿Qué planteaba yo con las elecciones municipales? Quedar en esa posición de fuerza. Frente a un robo electoral (los comicios presidenciales del 14 de abril), vamos a un proceso que es más fácil para resguardar (el municipal), vamos a convertirlo en una elección que nos permita quedar en una posición de fuerza frente al Gobierno para activar cualquier salida constitucional.

Al no lograr eso, qué hace el estratega: vamos a reorganizarnos, a recontarnos, a reaglutinarnos, vamos a dedicarnos a sumar porque sabemos que esa crisis nos va a permitir sumar gente y pasamos a la ofensiva.

¿Cuál es la autocrítica que hago? Esa visión no se la explicamos en detalle a un sector del país que es la clase media, no orientamos, no tuvimos un discurso para la clase media. Vino ese discurso que decía ¡vamos a sacar al Gobierno ya, salgan a las calles! y hubo un sector que reaccionó.

Ahora, no creo que lo que hoy hay de protesta esté vinculado a eso. Ya eso quedó atrás. Incluso, los que plantearon ‘La salida’ (Machado y López) ya no hablan de eso.

Esto ha ido migrando a un movimiento en la calle, que hay que seguir orientando para que se conecte con la protesta social. El año pasado hubo 5.000 protestas en el país. Esa protesta social no es excluyente de la protesta de los estudiantes, tienes que hacer que se encuentren y ese es el reto que tenemos ahora.

Esta clase de discurso no está calando en los mismos sectores de antes porque ya el grado de crispación está llegando a un punto que asusta. La idea de sentarse a dialogar con el otro, lograr un consenso, no existe. Debe ser destruido, humillado. Me asusta de pensar que uno de estos radicales llegue al poder. Si ahorita hay protestas violentas, ¿cómo sería así?

“Ji, ji, jiiii…”

Señores, a estas alturas creo que si esto no se resuelve por las buenas, pacíficamente, aquí se instalará una dictadura completica. Bien sea la involución de este Gobierno, que ha reprimido muchísimo más que el anterior, o la instalación de otro por la vía de la fuerza, que jamás ha dejado algo bueno, sea de chavismo o de oposición. No toda la oposición juega simplemente al “vete ya”, señores del chavismo. No todo el chavismo quiere aniquilar a la oposición. No importa cuánto algunos sectores los hayan convencido de que sí.

Todo esto me recuerda una vieja escena en una serie de televisión, Hunter (¡que pasaban en VTV!), que dos rivales de la Tríada china están en una confrontación final. El más pacífico le replica al otro, “Yo sólo quiero paz”. La respuesta: “Y yo te daré paz. Mi paz”.

“Puedes ganar con la mitad de la gente. Pero no puedes gobernar con la mitad en contra”.

-John Fitzgerald Kennedy.

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