La lección de Barbados y Jamaica

jamaica barbados

La inflación en el país ya es básicamente un caballo desbocado. Cuando me hablan de las reservas internacionales, me imagino una bóveda gigantesca donde lo que más hay es un eco. Piensen en cuánto hemos rebajado los venezolanos. Y en cuánta seguridad jurídica y personal hay para un empresario o comerciante.

Y sin embargo, cuando le pregunto a mi jefe, un distinguido político, conocedor en materia agrícola, y a uno de sus más cercanos aliados, un economista radicado en Maracay, estado Aragua, que quién verá primero una economía estable volver a Venezuela, los dos me dan respuestas casi exactas, que puedo traducir así: “No chico. La economía, con las medidas correctas, se corrige en cinco años. Ocho máximo”.

Perdón, ¿qué?

Ambos me explicaron, palabras más o menos, que el secreto está abrir un puente con otras naciones para traer los productos y materias primas faltantes, reactivar el aparato productivo detenido, y garantizar que las fábricas no serán expropiadas, entre otros factores. Por supuesto, para eso hace falta voluntad política y, más importante aún, comunicar abiertamente a la población que si se quiere recuperar la economía, hay que tomar medidas severas.

No he visto el documental de Carlos Oteyza CAP 2 Intentos para refrescar mi memoria, pero suena a las medidas que quiso tomar Carlos Andrés Pérez que llevaron al Caracazo. Y ese es el eterno miedo de los gobiernos: tomar medidas impopulares pero necesarias, para una población que a veces no está consciente de la llamada “big picture”. Cada vez que pienso en eso, me recuerdo de un segmento que escuché una vez en el programa estadounidense This American Life que compara lo que pasa cuando se pone el país antes que la política de primero, ilustrando el caso de Jamaica y Barbados. He citado este ejemplo varias veces sin recordar exactamente los detalles, así que, en luz de la situación actual en mi país, quisiera compartirlo con ustedes.

Por supuesto todo el momento conoce a Barbados y Jamaica. Dos islas en el Caribe, una la cuna del reggae, la otra de los Baha Men, así que musicalmente gana una. Tienen áreas geográficas similares, y ambas obtuvieron su independencia del imperio británico en los años 60, obteniendo democracias parlamentarias. Pero sus realidades son diametralmente opuestas.

BARBADOS

JAMAICA

Población

291.345

2.970.340

Producto Interno Bruto

US$4.473 millones

US$1.378 millones

Porcentaje de población urbana

31,5%

54,8%

Ingreso medio

US$10.000 (aprox)

US$5.000 (aprox)

Expectativa de vida

75,3 años

73,6 años

Desempleo

11%

37,8%

Índice de alfabetismo

99%

88,7%

Población debajo de la línea de pobreza

2,4%

16,5%

Inflación

1,3%

2,5%

Porcentaje de población con acceso a Internet

76,1%

43,2%

Homicidios en 2016

23

1.350

Fuentes: CIA World Factbook, UNICEF, medios locales

¿Cómo llegaron a ser tan distintas?

En 1991, Barbados entró en una crisis cambiaria, es decir, sus reservas internacionales se agotaron. Un estimado del Banco Central de Barbados estima que estaban por debajo de los diez millones de dólares. Así que hicieron lo que a poca gente en América Latina le gusta hacer: ir al Fondo Monetario Internacional a solicitar un préstamo. Y eso claro, vino con condiciones: Barbados debía lograr que sus habitantes gastaran menos en bienes exportados para que fueran menos dependientes de moneda extranjera. Divertidísimo si consideras que casi todo en Barbados, una pequeña isla en el Caribe cuyo principal bien es la caña de azúcar, necesita de todo de afuera.

Hay dos maneras de lograr esto. O aumentas los precios, o recortas servicios públicos. Traducción: vas a hacer a tu población más pobre. YUPI.

En 2013, en una entrevista con Andrés Oppenheimer, la presidenta del FMI, Christine Lagarde, prácticamente admitió que el FMI pudo hacer mejor las cosas para no verse como el villano favorito de Latinoamérica y el Caribe. Y esa era la percepción de Barbados. Los sindicatos se unieron no sólo entre ellos, sino con los empresarios, y le dijeron al gobierno que no aceptarían las condiciones del FMI. La mayor huelga en la historia del país tuvo lugar, con un estimado del 10% de la población manifestando en las calles.

Pero el gobierno básicamente plantó a trabajadores y empresarios y le dijo que la realidad era que se estaban quedando sin plata. Propuso un recorte salarial del 8% para todos los empleados el sector público. Y los sindicatos entendieron que si habían más demostraciones no sólo podían llevar a violencia, sino que además la ya frágil economía turística podía frenarse por completo.

Así que ocurrió lo impensable: aceptaron el recorte, escogiendo el menor de los dos males: empleados con menor capacidad de adquisición o miles de gente sin trabajo. De modo que todo el mundo se puso creativo. Por ejemplo, no se podía despedir a los dos ingresos de un hogar. Los fondos de pensión vendieron sus activos estadounidenses. Los comerciantes aceptaron una reducción de su ganancia. Esto es un mundo en recesión. Cuando acabó, los turistas empezaron a volver a Barbados, y la economía el país creció. Para 1996 –cinco años después– Barbados pagó su deuda con el FMI, y los salarios se volvieron más altos que antes del recorte de 8%. No sólo eso, sino que la sociedad barbeña fue permanentemente alterada: ahora gobierno, empresarios y sindicatos se reúnen una vez al año para tratar de ver la posición del otro y buscar maneras de continuar mejorando, en algo llamado la Sociedad Social. Al final, todo se centra en confianza mutua que cada grupo trabaja para lograr lo mejor para el país. Esperaré a que se recojan la mandíbula o se sequen la lágrima de los ojos.

Por suerte para Barbados, tienen un vivo ejemplo de qué puede pasar si las cosas no se hacen pensando en las consecuencias a largo plazo, a unos pocos kilómetros de distancia. En los años 70, Jamaica también tuvo una crisis cambiaria, y también acudió al FMI, que también le puso las mismas condiciones.

El presidente de Jamaica en ese entonces, Michael Manly, era brillante y carismático, querido por la clase obrera y la clase alta por igual. Pero en medio de esa crisis, en 1975, dijo esto en un discurso: “Si no les gusta cómo estoy manejando el país, hay cinco vuelos hacia Miami todos los días”.

(¿Suena familiar?)

Miles de jamaiquinos de clase media siguieron el consejo, y la economía sufrió drásticamente ante el éxodo de capitales y mano de obra especializada. Durante los siguientes quince años, la economía se redujo 2% anual. Y los gobiernos subsiguientes debieron seguir pidiendo prestado para cubrir el déficit. Actualmente, 50% de todo el dinero recolectado por el gobierno se va en pagos a los intereses de deudas en el pasado.

Este es uno de los grandes problemas de muchos países latinoamericanos: sus gobiernos sólo piensan en el término de sus períodos en vez de el país. Y el nuestro, ela ctual, es aún peor: sólo piensa en “su” gente, no en el país. Es por eso que el próximo gobierno se las va a ver negras, pero porque todo el país se las va a ver negras. Sí, posiblemente más negras de lo que están ahora, económicamente hablando.

No soy economista, así que quisiera oír la opinión de alguien más versado que yo en los temas. Además, estoy consciente que hay un severo problema de confianza en el país, que será uno de los mayores retos a superar. Pero miren, Barbados pudo. En esencia, cualquiera puede. Es simplemente sentarse con el contrario, tanto política como socialmente, y tratar de ver las cosas desde su punto de vista, y tratar de alcanzar un consenso, sin pensar en “me van a tumbar”.

Dios mío, ¿será que voy a pensar que Carlos Andrés Pérez tenía razón? Impensable hace unos años. Pero así estamos.

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