La inutilidad del panda, o por qué necesitamos lo tierno

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Adorable. ¿Pero para qué te mantenemos?
Foto: Sheilalau at English Wikipedia – Transferida desde en.wikipedia a Commons., Dominio Público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2266960

A finales del año pasado, luego que subí una foto de un panda de origami a mi cuenta en Instagram, celebrando la noticia que el adorable osito blanco y negro ya no es considerado una especie en peligro de extinción (sino vulnerable), una muy querida amiga me escribió con su inusual sentido del humor: “Hola. El panda es el animal más inútil del mundo. Gracias”.

Mi carcajada no fue normal. “¿Tú eres como el profesor Briceño, que dice que no son más que osos con vitiligo?”

Ella compartió la carcajada antes de proseguir. “No le veo nada lindo a un animal que pasa doce horas comiendo. Dime tú para qué son útiles los panda”.

“¿Sabes cuánto bambú hace falta para alimentar un animal de 150 kilos?”, le pregunto.

“Exacto. ¿Por qué no protegemos los bosques de bambú pero sí a los panda? ¡Porque los panda son lindos! Hay más panda en cautiverio que en estado silvestre. Son tan torpes que hasta nacen ciegos, sus crías son más indefensas que las crías humanas (que ya es mucho decir). Y además son tan gafos que hay estudios que dicen que son genéticamente carnívoros. ¡Y ellos siguen comiendo bambú! Insisto, no le veo otra utilidad que la decorativa. Creo que el mundo podría seguir funcionando sin ellos. Creo que los zancudos son más útiles”.

Todo absolutamente cierto (excepto la parte de más pandas en cautiverio que en estado silvestre: según un censo reciente, hay 394 pandas cautivos, 32 nacidos en 2014, y cerca de 1.600 en libertad, todos en China). Hay que agregar además una cosa: los pandas son terribles para reproducirse. Tan es así que los conservacionistas los han sometido a “pornografía para pandas” a ver si se animan –y hasta el portal Pornhub anima a la gente que cree sus propios videos para animar a los animalitos a reproducirse.

Entonces cabe la pregunta: luego de tantos millones de dólares invertidos en tratar de salvar una especie que bien pueda haber cumplido su ciclo natural, ¿no es más fácil sencillamente cesar todo esfuerzo por conservarlos y dejar que sigan el camino del dodo, para enfocarnos en algún animal que sí valga la pena, tipo los anfibios?

Hay una respuesta lógica y científicamente responsable, pero también hay otra que se mete la lógica por donde no cabe: en esta era de Internet, si es lindo, se debe salvar.

En 2003, el programa de radio estadounidense This American Life transmitió un segmento sobre un ejecutivo de publicidad retirado quien tiene una idea notable: un canal de cable donde no haya gente, no haya diálogo, no haya historia: sólo 24 horas continuas de perritos haciendo lo que perritos hacen –o sea, ser adorables. Nadie se lo quiso comprar, pero pensemos lo de avanzada que era en ese entonces, considerando la cantidad de videos sobre perritos y gatitos que hay en YouTube, Instagram, Facebook y Snapchat –sin mencionar el “Puppy Bowl”, el evento anual que el canal Animal Planet transmite en conjunto con el Super Bowl.

Por supuesto que eso no para ahí. En la actualidad, Internet parece obsesionada con lo adorable. Si puede inducir un “awww” o un “aiyomio coshito”, será compartido ad nauseum. Y no para en lo obvio. No son sólo pandas, perritos, gatitos, hamsters, acures (o cobayos), pollitos o cualquier otro animal peludito o emplumado, o bebés humanos. De alguna forma Internet logró hacer de un gecko leopardo algo adorable.

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Fuente: Instagram

Es más, hasta las arañas ahora son capaces de inspirar una sensación de apurruñe colectivo. ¿O es que aún no conocen a Lucas?

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Las razones científicas por las que buscamos lo adorable son obvias. Toda criatura con nariz chata, ojos grandes y movimientos ligeramente torpes –digamos, como un bebé– estimula una zona en nuestro cerebro asociada con los sentimientos paternales. ¿O creen que todos los bebés son adorables porque sí? Hay una razón evolutiva para eso, en especial entre animales carnívoros Félix Rodríguez de la Fuente, notable naturalista español, escribió en su Enciclopedia Salvat de la Fauna (enciclopedia que aún conservo orgulloso en casa de mis padres), un episodio que ilustra lo importante que es eso.

En un safari en Kenia, presenció cómo un cachorro de león moría de una manera que no recuerdo bien en este momento, pero podría ser por el ataque de una hiena o por otro león. La madre, quien minutos antes estaba cobijando al animalito con ternura, dio un par de vueltas en torno al cadáver, y sin más se sentó y lo empezó a comer. Para ella había dejado de ser su hijo, pues ya no tenía el estímulo que le activaba el instinto maternal. Duro, pero cierto.

De paso, ver algo tierno nos eleva los niveles de endorfina, la hormona que estimula el placer en el cerebro. Y todos estaremos de acuerdo que necesitamos, en este momento, toda la endorfina que nos hace falta. El mundo está en un momento muy estresante, sea donde sea que vivimos. Tanto el real como el 2.0. En el real hay la dura situación en Venezuela, las crisis a los que nos somete el gobierno en EEUU, el triunfo de la izquierda populista en México, la angustia de la Copa Mundial en Rusia, el drama de los niños (y su entrenador) atrapados en una cueva en Tailandia, y cualquier cosa que esté pasando en Medio Oriente y Corea del Norte. Y en el 2.0 hay discusiones sobre cuál es la postura correcta en cualquier tema que te dé la gana, donde se le ven las costuras a más de uno. Así que para escapar de eso, vemos unas fotos o videos de cachorritos, y nos sentimos (así sea momentáneamente) mejor.

Pero aún así… ¿eso es suficiente para seguir con los esfuerzos de salvar a los pandas? Si le preguntamos a la mayoría de los expertos, la respuesta es un rotundo sí.

El Fondo Mundial de la Vida Silvestre (WWF, por sus siglas en inglés) afirma, como buen grupo conservacionista que es, que el ser humano llevó al panda al borde de la extinción por la destrucción de su hábitat, de modo que es también su responsabilidad protegerlo. Pero además, al conservar ese hábitat, se está protegiendo el sostén económico de la región de la China en la que vive: las cuencas de los ríos Yangste y Amarillo, pilares de agricultura, pesca, hidrología, energía y turismo. Igualmente, además de muchos animales magníficos, hay al menos tres especies más en peligro de extinción que comparten los bosques con el panda y que no tienen su fama, y son beneficiarios indirectos de los esfuerzos de cooperación.

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Ibis crestado (Nipponia nippon) Foto: DanielinblueTrabajo propio, CC BY-SA 3.0, Link.
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Takin (Budorcas taxicolor) Foto: Drajay1976Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Link
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Rinopiteco dorado (Rhinopithecus roxellana) Foto: Jack Hynes – originalmente en Flickr como Golden Snub-nosed Monkeys, CC BY-SA 2.0, Link

El chita o guepardo (Acinonyx jubatus) a veces está en la misma conversación sobre especies que simplemente deberíamos dejar morir y ya, pues su dificultad para competir con especies más grandes como hienas, leones y leopardos, unidos a la amenaza de su hábitat (antes llegaban hasta tan lejos como la India), ha hecho a menos preguntar si no ha llegado al final de su ciclo evolutivo.

Admito que me es muy difícil ser objetivo en este aspecto, dado el amor que le tengo a los animales desde hace mucho. Ver la lista de animales que se han ido para siempre en apenas la última década es algo desolador. La noticia de la muerte del último macho de la subespecie norteña del rinoceronte blanco (Ceratotherium simum cottoni), aún cuando hay pequeñas esperanzas, me partió el alma, así como el drama de la vaquita (Phocoena sinus), una especie de marsopa de la que quedan apenas 40 especímenes en el Golfo de México.

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El guardabosque Joseph Wachira conforta a Sudán, el último macho de rinoceronte blanco del norte, momentos antes de que el animal muriera en un santuario en Kenia, en marzo de 2018. La subespecie está reducida a dos hembras. Foto: Ami Vitale / National Geographic Creative

¿De verdad queremos vivir en un mundo sin pandas? ¿Qué clase de mundo tendríamos si no pudiéramos tener los breves momentos de escapismo que nos ofrece un video de una madre sobresaltada por el estornudo de su bebé? Mi amiga es una de las personas más cariñosas e inteligentes que conozco, gran apreciadora de la belleza que la rodea. Pero temo que aquí se equivoca. El panda gigante debe ser preservado porque su presencia es indicativo de un mundo que puede ser infinitamente mejor.

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¡Si George Clooney pudo!

Creo que para nadie que sea fanático de George Clooney (y a estas alturas, díganme quién no lo es, ñoesumadre) sepa que hasta 2006, el actor de Ocean’s Eleven y Michael Clayton fue el orgulloso dueño de Max, un cerdo vietnamita que llegó a pesar 150 kilos, durante 18 años. Lo quería con pasión, de hecho quizá fue la relación más cercana que el hombre ha tenido. Max murió de causas naturales en 2006, mientras Clooney promocionaba The Good German. Fue un golpe para él, y es algo que yo comparto plenamente.

Yo he admitido ante gustos extraños en este blog antes, y leyendo ese post tengo que revisar esa lista de animales favoritos. Antes ponía a las serpientes en segundo lugar, pero admito que han caído un poco en desfavor; supongo que ya tengo suficiente contacto con mujeres (mi madre está bien gracias, jejejeje). Los loros continúan de primeros, y de verdad ya les debo un post hace rato. Pero la medalla de plata va, sin duda, a los cerdos. Y procedo a exponer mi caso.

De todos los animales domésticos, es el cerdo (Sus scrofa domesticus) el que quizá tenga la imagen más negativa. Todos tenemos la imagen fuertemente engranada en nuestra cabeza: un cerdo grande y gordo revolviéndose en barro y sus… ejem… materias fecales y comiendo todo lo que se le pare enfrente que parezca semi-comestible. Ello ha llevado a calificar a una persona de… ejem… escasos hábitos de higiene como un “cochino”, y a alguien que tiene un apetito más que saludable “come como un cochino”.

Incluso, nuestro querido sinónimo de mentira o tontería, “mojón”, tiene un equivalente en inglés (sí, aparte de “bullshit” y “horseshit”) que es “hogwash”, que tiene un origin muy interesante. Un cerdo macho es llamado swine en inglés (“verraco” en español; las hembras, o cochas/gochas, siempre son sows), hasta que es castrado para engordarse y es entonces llamado hog. Luego de la castración, el cerdo tiene que ser ampliamente lavado, y el agua sobrante, por ser inútil, debe ser botada. También se dice que es un sinónimo para describir lo que se da para comer a los cerdos, que tiene cero valor nutritivo. Por lo tanto, “hogwash” ahora se usa para describir algo ilógico, inválido o estúpido.

Y sin embargo, en años relativamente recientes se han hecho varios descubrimientos que están reconciliando al cerdo en el imaginario popular, aún más allá de lo que Clooney pueda decir a su favor. Se ha descubierto que son animales inteligentes, cariñosos, que son más selectivos para comer de lo que se pensaba… ¡y que en realidad son animales limpios!

Hay 73 razas reconocidas y 2 billones de cerdos domésticos en el planeta, todos descendientes del jabalí europeo (por eso es que algunos machos tienen los colmillos desarrollados, no es coincidencia) que van desde el pequeño cerdito barrigón de Vietnam, del que Max era raza, que pesa entre 50 y 150 kg., hasta el Poland China, que pasó a la fama por Big Bill, un humilde cerdito que pesó 1.157 kg en una feria en Tennesse en 1933. Han sido domesticados desde el 9.000 AC en todo el mundo, e incluso ocupan un lugar (el último) entre los doce signos del Zodíaco Chino (sí, yo soy signo Cerdo o Jabalí; somos considerados “nobles, abiertas y sociables, muchas veces detallistas y exigentes, aunque según la astrología por el defecto es identificada por la pasividad”).

Sí, es cierto, los cerdos se revuelcan en el lodo, pero es porque no tienen la facilidad para rascarse. Una vez que están cubiertos, esperan a que el lodo se seque, y luego se bañan en agua, o se quitan el lodo rascándose contra piedras para eliminar parásitos que estén en la piel. También, como no tienen glándulas sudoríparas, usan el lodo y el agua para enfriarse y como protector solar. ¿Y glotones? Claro que comen y mucho, y de todo; incluso, bajo severo estrés, puede recurrir al canibalismo. Pero un cerdo tiene unas papilas gustativas muy desarrolladas; más de un dueño de cerdo ha visto que su mascota no comerá algo no importa cuántas veces se lo ponga en el plato. Así que sinceramente no creo que coman su propia mierda, si me preguntan a mí.

También les tengo esta noticia: está científicamente demostrado que un cerdo es más inteligente que un perro o gato. Claro, todos hemos visto un perro entrenado atrapando una pelota, abriendo puertas y así, pero les cuento. En cierta ocasión (lo sé gracias a Animal Planet) se les presentó a un perro y a dos cerdos un experimento en que tenían que mover una pelota en una pantalla con una palanca, muy a lo Atari o PlayStation más básico, hacia una zona blanca, para luego recibir comida. El perro aprendió a mover la palanca, pero había que señalarle hacia dónde mover la pelota en la pantalla. Los cerdos resolvieron hacia dónde mover la pelota ellos solos, y tardaron en resolver el asunto en cinco minutos. Y para mayor prueba, vean este video de un cerdito particularmente inteligente en un programa de concursos.

Luego está el hecho de que a todo el mundo le encantan los cerdos. ¿O es que ya hemos olvidado las dos películas de Babe? ¿Tan poquita gente así se acuerda de la Telaraña de Charlotte y su estrella Wilbur? Y no me digan que nos e acuerdan de Porky Pig y su descendiente Hamton en Tiny Tunes. Cierto, los judíos y los musulmanes consideran a los cerdos animales impuros para comer, pero tampoco es como si así pensara todo el mundo. Si no pregúntenle a cualquier fanático de morcilla, mortadela, chuleta o jamón. Y bueno, a mí no me podía faltar mostrarles un ejemplo de un cerdito en origami (el modelo es “Wilbur”, hecho por Michael LaFosse; foto cortesía de Gilad Aharoni).

Y a todas estas..,. ¿a qué vino esta repentino deseo por defender a nuestros amigos los chanchos? Pues nada, el sábado pasado llevé a mi novia y a su sobrina a Expanzoo, el zoológico de contacto que está ubicado en Lomas de la Lagunita acá en Caracas. (Pueden ver las fotos de mi visita en mi página de Flickr.) Y tienen una abundante muestra de cerditos enanos, incluyendo a la amiga que gracia la foto inferior. Debo estar claro en algo: cierto, un cerdito no es para todo el mundo, no importa cuan fácil sea alimentarlos. Necesitan un jardín (pues su tendencia natural es a escarbar) y no les gusta que los carguen, so pena que chillen como… bueno, como un cerdo. Pero son animales cariñosos, simpáticos, inteligentes y únicos como mascotas. Ojalá tenga la suerte de tener uno algún día. Si acaso como viejo. Digan que no se enamorarían de esta carita. Llámenme loco, ¡pero me encantan!

Crueldad pura y sencilla


Dependiendo del día, hay titulares que a cualquier otro quizá lo lea, sacude la cabeza y ya. Pero este titular me llena de mucha rabia y tristeza.

Del diario El Tiempo de Margarita: “Mataron a pedradas a tortuga cardón que salió a desovar

Esto ocurre a un mes exacto de otro evento parecido en Margarita, donde se encontró el cadáver de otra tortuga cardón en Playa El Agua. Esta también murió por causas humanas; en este caso, una gente la sacó del mar jalándola por una cuerda atada al cuello que la estranguló.

Yo he sido amante de los animales desde que tengo uso de razón; siento una extraña afinidad con casi todos ellos, y la muerte inconsciente de alguno me da una mezcla de rabia, impotencia y tristeza que sólo siento cuando es un crimen particularmente brutal o incomprensible. Más cuando no hay forma de justificarlo.

La tortuga cardón (Dermochelys coriacea) es el mayor reptil marino que existe, como ven en la foto que tomé del blog del naturalista Carl Safina. El récord en tamaño fue un ejemplar encontrado en una playa de Gales que medía un poco más de 3 metros de largo y pesaba unos 900 kg (el promedio son 550). También pueden bucear hasta 1.200 m. de profundidad y nadar a casi 35 km/h. Las dos hembras muertas aquí tenían unos 25 años, pero se calcula que pueden llegar a los 80 y quizá hasta 100. Y a menos que esté en el mar abierto, nunca se verá sino una hembra de esta o cualquier otra especie de tortuga marina, pues sólo ellas regresan a tierra firme cada tres o cuatro años a poner sus huevos.

Todos hemos visto en algún momento un documental que muestra las pequeñas tortugas reciéjn nacidas corriendo al mar mientras una horda de depredadores los ataca. De ciento y tantos bebés que nazcan, si acaso dos llegarán a adultos, suficiente para mantener la especie… hasta ahora.

Pero consideremos que la población de esta especie se ha reducido en 95% desde mediado de los ochenta. No es tan comestible como las otras especies de tortugas ni su coraza (única en estar cubierta con una piel parecida al cuero en vez de placas como la tortuga carey), pero los huevos aún son buscados en ciertas playas, otras son víctimas de la incursión humana en su hábitat… y otras más, como las dos de aquí, son víctimas de la estupidez humana.

Que la gente se indigne de ver una cucaracha, una rata, lo puedo entender. Pero que la reacción de ver un animal que no hace daño a nadie sea enseguida atacarlo hasta el punto de matarlo, sólo puede ser calificado de barbarie. Más cuando es un animal en peligro de extinción, incapaz de defenderse y, por si fuera poco, una hembra a punto de desovar.

Quizá exagero un poco al ponerme así por un animal, pero bueno, así es como pienso. También creo que debería alertar sobre el estado al que estamos llegando los seres humanos. Digo, si somos así de insensibles con los seres con los que compartimos el planeta, que la vida salvaje nos importa tan poco, ¿qué queda para los seres humanos más necesitados?

Y con ustedes… Los Beetles!

Yo tengo, lo admito, los gustos más extraños. Y me di cuenta hablando con un grupo de amigas de la universidad. Una le tiene pánico a los gatos. Otra dice que las palomas son, y cito: “ratas con alas”. Y todas temen a las serpientes. (¿Celos profesionales?) Y me divertía muchísimo, porque ante todos sus comentarios yo simplemente sonreía incrédulo. ¿Gatos? Me fascinan (aunque prefiero a los perros). ¿Palomas? No son mis favoritas, pero me divierten. ¿Serpientes? Les reto a buscar una imagen más sexy que Salma Hayek bailando con una pitón envuelta en la película From Dusk Till Dawn (Del Crepúsculo al Amanecer). (Si la quieren juzgar, pues vean aquí…. no es la mejor foto, pero…) Ante la evidente flexibilidad de mis gustos por animales rechazados, mi grupo de amistades me increparon: “No, m’ijo, ¿a qué le tienes asco tú?” Confesé que las cucarachas eran algo que yo no podía soportar, aunque aún así las admiraba. Y luego procedí a confesar cuáles eran mis animales favoritos. De primero (y único aceptado) el loro, a quien le dedicaré una entrada aquí someday. El segundo, las ya mencionadas serpientes. Y el tercero y más extraño… los escarabajos.


Sí. Me encantan los escarabajos. Cuando en mi casa entra un conocido coquito, mientras que mi mamá pega gritos, yo simplemente sonrío y espero agarrarlo. Me fascinan estos bichitos porque, si evaluamos el éxito por número de especies, son sin duda la especie más exitosa del mundo. De hecho, al naturalista J. B. S. Haldane se le preguntó qué había descubierto sobre la naturaleza el Creador al estudiar su obra. Éste respondió: “Una afición desordenada por los escarabajos.”¿Qué tanto? Cuatro de cada diez animales es un escarabajo, y cada año se encuentran especies nuevas. Y lo más asombroso es que, aunque todas tienen un diseño básico, hay pocos seres con una variedad tan increíble en diseño, color y extravagancia de adorno. Como todos los insectos, los escarabajos tienen seis patas articuladas y un cuerpo dividido en tres: cabeza, tórax y abdomen. Y como la mayoría de los insectos, tienen cuatro grandes alas que les permiten volar. La diferencia, es que el par anterior está endurecido y se llaman elitros, que protegen el par anterior y el resto del cuerpo. Son tan duros que cuesta mucho atravesarlos con un alfiler. Es éste novedoso diseño a prueba de casi todo que los escarabajos han podido conquistar toda clase de hábitats excepto las frías tierras de la Antártida.

Los escarabajos pueden comer de todo, desde los inocentes y vegetarianos coquitos hasta los terribles escarabajos tigre y los escarabajos peloteros que comen, pues, estiércol (pupú, para los menos entendidos), y en tamaño desde monstruos más grandes que una mano humana hasta seres más diminutos que el punto al final de esta oración. También hay bellísimas joyas aladas que parecen hechos de metal, y espectaculares titanes con cuernos y mandíbulas que usan para atraer a una pareja y defender su territorio. Un vistazo a las fotos que están abajo les darán una idea. (Todas fueron sacadas de Internet, así que (r)copyright lo que sea con ellas.)

Obviamente, el hombre no puede ignorar un vecino tan abundante en su mundo. De modo que los escarabajos han abundado en nuestra cultura. Los más famosos son los escarabajos sagrados de Egipto, representados por el dios Khepri. Los egipcios decían que el escarabajo llevaba el Sol hasta el cielo, y el Sol era representado por Ra, el dios principal. Más recientemente, el carro más popular de la Historia fue comisionado en 1934 por Adolf Hitler al ingeniero Ferdinand Porsche. 22 millones de unidades después, el Volkswagen, cariñosamente llamado “escarabajo” (beetle, en inglés), apodado así porque un reportero americano dijo que parecía un escarabajo de tan redondo que era, fue finalmente retirado del mercado, antes e ser sustituido por el New Beetle en el 2003. Y a finales de los años ’50, un joven inglés hizo un juego de palabras con la palabra “beat” (ritmo) y decidió cambiar el nombre de su banda The Quarrymen a… The Beatles. Así, John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison ayudaron a afincar el nombre en inglés de los escarabajos aún más.

(Ah, y por supuesto, el mundo del origami asombra con los escarabajos, ya que ya parecen salidos de papel de cierta manera. Robert J. Lang ha escrito dos libros dedicados a los insectos, y su escarabajo Hércules y escarabajo Samurai son dos de los mejores modelos en origami que he visto.)

De modo que ahí tienen un pequeño abrebocas sobre mi tercer animal favorito. Son criaturas de verdad fascinantes, además de tener hábitos bien curiosos, como verán en las fotos de abajo. Simplemente, uno no puede juzgar algo por su carácter; todas las criaturas del mundo tienen algo de admirar de ellos. Piensen en eso la próxima vez que quieran pisar un coquito.