Yo siempre celebraré ser periodista

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Las herramientas de mi trabajo, junto con el único carnet que nunca devolví y la copia de la Ley Mordaza. Lo que no se ve es que ahora casi todos son reemplazados por el celular con el que tomé la foto. (Aunque yo prefiero decir que los complementa.)

La primera vez que escribí sobre el Día del Periodista fue en 2008, cinco meses después de poder unirme oficialmente a la celebración. Va para diez años de ese primer escrito en este mismo espacio (antes en Blogger), y sin embargo tanto que escribí ahí sigue siendo tan cierto…

Sigue siendo increíblemente difícil ser periodista en el país. De hecho, permítanme corregir: ya no sólo es difícil, es increíblemente peligroso. De acuerdo con declaraciones del director de la ONG Espacio Público, Carlos Correa, entre el 31 de enero y el 31 de mayo hubo 367 agresiones en contra de periodistas, 67% de las cuales vinieron de efectivos de la Guardia y Policía Nacional Bolivariana, donde sus implementos de trabajo, bien sea cámaras, celulares, grabadores o todas juntas, son robados o destruidos. Además, cuenta 471 denuncias de violaciones a la libertad de expresión, que incluye el cierre de 31 medios de comunicación.

Siempre consideraré que la verdadera medida de democracia de un gobierno es cómo trata a su prensa independiente. Porque un gobierno autocrático no tiene interés en que la verdad sea revelada. Y cuando tu trabajo implica buscar esa verdad, pues automáticamente eres tratado como el enemigo. Era muy cierto en 2008, sigue siendo muy cierto hoy en día. (Sí, y no sólo lo digo por los gobernantes de este lado. Right, Mister President?) Y la política es “al enemigo ni agua”. Así que como tal será tratado. Por eso es que a pesar de los años poco ha cambiado.

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No necesitamos pedir permiso para la cordura. Mucho menos para la felicidad

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Una de mis mejores amigas se casa. No vive en el país, parte de la diáspora (ya cuando hablamos de dos millones en los últimos 17 años, ¿cómo más la llamamos?) que se cansó de buscar una mejor vida aquí, y la encontró afuera, incluyendo el verdadero amor. Hace más o menos una semana me pasó fotos de su compromiso. Saben, esas que se toman antes del feliz acontecimiento payaseando por la ciudad. Hermosas, posadas pero en realidad no. Se ve feliz. Inmensa y auténticamente feliz. Y yo estoy contagiado por mi amor por ella. No le pude responder al momento por el trabajo, pero hago una nota mental de responderle al primer minuto libre que tenga.

Ella se me adelanta esa tarde, pero no de la manera que esperaba. Me escribe pidiéndome disculpas. No quiso parecer insensible, me dice. Yo lo leo de nuevo, inseguro –o incrédulo– que de verdad estoy leyendo semejantes palabras. Pero al final la entiendo. No sé si alguien le reclamó o si ella sola llegó a la conclusión que estaba siendo insensible. Pero así está la situación.

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Permítanme hacerlos arrechar

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Protestas en Caracas. Foto de mi pana Cristian Hernández para Europapress. Síganlo en Twitter e Instagram como @FortuneCris.

Hoy estuve en la marcha. No llegué a estar entre la represión, gracias a Dios, aunque a veces siento algo parecido a “remordimiento de sobreviviente”. Sí, tomé fotos. No, no las quiero compartir. No sufrí daño alguno como gente muy cercana a mí, incluyendo a mi hermano. (Está bien, a Dios gracias.) No tragué gases. No recibí metrazos. Mañana hablaré con mi familia, a diferencia de Juan Pablo. A diferencia de otros 27 venezolanos más que han muerto desde que empezó este nuevo ciclo de protestas. La última vez fueron 43. ¿Habrá un resultado distinto?

Ya vamos pa’llá.

Primero, un recuento, para los que llegan de afuera. El pasado 29 de marzo, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia publica dos sentencias, la 155 y la 156, en donde básicamente asumen las funciones legislativas de la Asamblea Nacional “mientras se mantenga en desacato”. En pocas palabras, siete tipos, uno de los cuales tiene una dudosa reputación (y estoy siendo terriblemente sarcástico) y que fueron colocados a dedo por la Asamblea anterior al filo de la medianoche, decidieron cargarse las voluntades de los cinco millones que eligieron a los actuales diputados. Todo el mundo puso el grito en el cielo –incluso la hasta ahora rubia más odiada de Venezuela.

Tratando de enmendar el capó, el Gobierno lo que hizo fue –y me disculpan la palabra– cagarla más. El presidente Maduro decidió instalar el Consejo de Defensa de la Nación para resolver el –sí, en serio– “impasse” entre el TSJ y la Fiscalía. A raíz de eso, el TSJ decidió suprimir las sentencias 155 y 156. Y ya, todos tranquilos, ¿verdad?

La oposición no se la cala.

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Mandela y nuestras elecciones

DEBBIE YAZBEK / MANDELA FOUNDATION / AFP

Nelson Mandela siempre estuvo en el tope de mi lista de personas –y en la de muchos, estoy seguro—por lo que hubiera dado todo poder conocer, simplemente estrecharle la mano y decirle “gracias” por su inspiración. Lo más cerca que llegué a hacerlo fue cuando mi mejor amigo se lo encontró en un hotel en Trinidad y Tobago para alguna cumbre a la que asistió. Lo cierto es que sin duda, Nelson Mandela fue uno de mis héroes. Representa todo lo que quisiera ser en un ser humano, con todo y sus defectos. Como el sitio The Onion tan elocuentemente lo dijo, se convirtió en el primer político que realmente será extrañado.

Y lo que me hace sentir tan bien sobre admirar a alguien como “Madiba” es que el hombre era eso, un hombre. Extraordinario, sí, pero de tan carne y hueso como yo. Como la venidera película Mandela: Long Walk To Freedom claramente expone –basada en su autobiografía, que también deberían leer—él no siempre fue el ícono de la paz y de la entereza a la que estamos acostumbrados a ver. El ex boxeador de la aldea de Qunu en Sudáfrica estuvo en la lista de terroristas de la CIA hasta 2008, y con bastante razón: él mismo bombardeó varios edificios gubernamentales y estaba listo para la lucha armada. Miren la primera entrevista televisiva que ofreció, en 1962, cuando tenía 42 años. Sí, dijo que “los africanos quieren, necesitan la franquicia, de Un Voto Una Persona –quieren independencia política”. Al final, cuando estaban al punto de la mayor violencia policial, Mandela estaba seriamente considerando ir a la lucha armada, más que nada porque el gobierno sudafricano le cerró todas las vías pacíficas. Quizá la historia lo haya visto, y seguramente habría terminado, como uno de sus héroes: Ernesto “Che” Guevara.

Ah, ¿y todas esas fotos que han salido de Mandela con Fidel Castro? Muy ciertas. Mandela y el dictador cubano tuvieron una estrecha amistad durante años. “Durante todos mis años en prisión, Cuba fue una inspiración y Fidel Castro, una torre de fuerza”, dijo Mandela alguna vez. Y sería el colmo que no: Cuba siempre fue de los primeros países que se pronunció en contra de la política del apartheid en Sudáfrica. De hecho, fue más allá: Cuba envió tropas a Angola, cuya insurgencia operaba con el gobierno sudafricano. En la batalla de Cuito Cuanavale, las tropas cubanas jugaron un rol decisivo para detener el avance angoleño sobre el nacimiento de la muerte del apartheid. Eso fue algo que Mandela nunca olvidó, y ciertamente Cuba nunca olvidará.

De hecho, cuando Mandela finalmente fue liberado en 1990 luego de 27 años de prisión, Mandela afirmó que “tenía tres amigos en el mundo, y voy a ir a visitarlos”. El primero fue Fidel Castro; el segundo, Yasser Arafat, el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (varias veces comparó la lucha contra el apartheid con la colonización palestina de Israel; ¿será por eso que Benjamín Netanyahu no puede costear ir a su funeral?); y el tercero, y quizá el más controversial, Mohamar Khadafi, el dictador libio. Tan es así que uno de los nietos de Madiba se llama Khadafi en su homenaje. Tampoco sorprende: el excéntrico líder libio fue una de las principales voces en contra del apartheid, uno de los principales financistas de la campaña electoral de Mandela –aunque dudo que la haya necesitado—y uno de los impulsores para crear la Unión Africana de Naciones. Cuando el presiente de Estados Unidos Bill Clinton –quien también fue muy amigo de Mandela—quiso presionarlo para distanciarle de Khadafi, la respuesta de Madiba fue muy clara: “Quienes se sientan irritados a nuestra amistad con el coronel Khadafi pueden saltar a una piscina”.

Pero la obra posterior de Madiba opaca cualquier amistad vergonzosa –para el resto del mundo, no para él—que haya podido tener. En su vida, Nelson Mandela no tuvo un verdadero desencuentro con ningún líder mundial prominente. Traten de decirme de un verdadero conflicto que el hombre haya tenido en su vida. Es porque, de cierto modo, la cárcel fue lo mejor que le pudo suceder. Lo calmó. Lo hizo ver que la violencia sólo genera más violencia. Hizo que viera que al final, todo lo que los sudafricanos querían era vivir en sana paz. Y se aseguró de tratar a todos como esperaba que lo trataran a él.

John Carlin, en su libro El Factor Humano, donde narra el trabajo que Mandela hizo para lograr una Sudáfrica unida, que culminó en el triunfo de la selección nacional en el Mundial de Rugby en 1996 (luego adaptado en 2009 como la película Invictus, con Morgan Freeman y Matt Damon), destaca un evento en que su abogado fue a visitarlo en la isla de Robben, donde pasó la mayor parte de sus 27 años de prisión, que ilustra para mí perfectamente cómo Mandela logró precisamente un cambio en los sudafricanos. En ese momento tenía un contingente de guardias cuidándolo, y cuando llegó su abogado, Mandela lo abrazó, habló dos minutos con él, y de repente dijo: “Oye, disculpa, no te he presentado a mis guardias”. Se acordaba de cada uno de sus nombres, y los trataba con el mayor de los respetos. Los guardias estaban atónitos. Así era Mandela: se aseguraba que todos estuvieran cómodos en su presencia, abiertos al diálogo, y entonces él les expresaba lo que quería, y veía qué podía ofrecerles a cambio.

Diálogo. Fue siempre lo que Mandela buscó el instante que fue liberado de prisión. Buscó que todos sus compatriotas, blancos y negros por igual, se sintieron como parte de una sola razón. Como dijo uno de los primeros presidentes en declarar luego que Mandela muriera, Sebastián Piñera, “No sólo trabajó por la recuperación de la democracia, tuvo la generosidad de saber perdonar, luchar toda su vida por pacificar a su país”.

Perdonar. Los negros en Sudáfrica habían sufrido la peor clase de matanza y persecución y discriminación desde los judíos durante el nazismo. Y por una notable minoría blanca que los veía como perros. Kaffirs, los llamaba, el equivalente a “nigger” de los gringos. Y Mandela pasó años no sólo viendo eso, sino sufriendo miles de humillaciones desde la cárcel. Pero él supo salir de eso. Supo estar por encima de los odios y las discriminaciones, y salió buscando convertir a Sudáfrica en lo que es hoy: la nación más próspera del continente africano. Quizá no sea decir mucho –su PIB es de 11.600 dólares per cápita, tiene un 22,7% de desempleo, tiene la mayor tasa de mortalidad anual del mundo (17,36 por cada 1.000 habitantes), una expectativa de vida promedio de 49,48 años y su coeficiente de Ginni lo ubica en el segundo lugar en desigualdad en el mundo— pero tiene un fuerte mercado de turismo, prestigiosas universidades y tanto blancos como negros en su casi totalidad están orgullosos de ser sudafricanos, “la nación arcoiris”.

Mientras participaba en las elecciones municipales del pasado 8 de diciembre, me acordaba de las fotos de larguísimas colas de personas emocionadísimas en los barrios más pobres de Sudáfrica eligiendo por primera vez a un presidente negro. Veía las caras largas de la gente, el entusiasmo de algunos, pero estaba lejos de ser una “fiesta electoral”. Es porque aquí no ha habido un Mandela. No hubo un Hitler ni de vaina, aquí no ha habido un dictador, pero el líder que salió de la cárcel salió a explotar las divisiones que ya existían para lograr el poder que tampoco logró con violencia. Sí, había una diferencia considerable entre la élite política y los millones de pobres que hay en el país, algo que tenía, a juro que cambiar. ¿Pero así? No.

Venezuela está bastante mejor que Sudáfrica en muchos aspectos –nuestro PIB es de cerca de 13.800 dólares per cápita, tenemos un 7,8% de desempleo, nuestra tasa e mortalidad aún está en 5,63 por cada 1.000, nuestra expectativa de vida está en 74,23 años, estamos de 69 en el rango de desigualdad en el mundo—pero cualquiera le diría que ser clase media en Venezuela no es mucho mejor que ser clase media en Sudáfrica. Muchos sencillamente se han dado por vencidos con nuestro país.

¿De verdad queremos nuestros país, me pregunto? ¿Nos preocupa el bienestar de él? ¿De todos? ‘O sólo nos estamos preocupando de sobrevivir nosotros? Si usted vive en alguna zona clase media alta-alta de Venezuela –al este de Caracas, Prebo en Valencia, así—, ¿cuánta gente conoce que se ha ido del país? Los índices de abstención en zonas de Caracas como El Cafetal o Prados del este sin duda son afectados porque la gente que vota ahí simplemente ya no está en el país. ¿Y sabía que por eso, los venezolanos somos los latinos con mayor nivel de educación en Estados Unidos? Somos apenas el 0,5% de los 52 millones de latinoamericanos allá en el norte, pero 51% de los mayores de 25 años tiene una licenciatura o un  TSU, comparado con 13% del resto de los latinos. Es más, comparado con 29% de los estadounidenses. How d’ya like them apples?

Eso quiere decir que la gente más preparada es la que se está yendo del país. Es cierto, las cosas no están nada fáciles para alguien clase media, qué con los precios de los apartamentos, los carros, la comida, los niveles de inseguridad y la polaridad política. Pero eso deriva en otra cosa. ¿Se acuerdan de “Caracas, Ciudad de Despedidas”? Critiquen mucho al país que ha dejado de ofrecerles algo concreto a esos chamos, pero critiquen también a los padres, en mi opinión, que no les formaron una identidad nacional. Es cierto, está como difícil hacer lo que hacía uno cuando era chamo, que era lanzarse al Metro hacia el centro sólo para pasear, o dejar al chamo ir solo a la panadería cuando tenía diez años.

Pero aquí entro yo con mi opinión muy personal. Si todos tenemos memorias de ese país en el que teníamos alguna esperanza de progresar, ¿por qué no se lo trataron de inculcar a sus hijos? ¿Por qué criarlos con la idea que se podían, o hasta que debían, irse para afuera porque esto “ya no tiene remedio”? Me recuerdan a una historia de un cura que fue a una fiesta de 15 años, y cuando pusieron el reggaeton y las carajitas empezaron a perrear, mira a los papás, que avergonzado dice “¿y qué vamos a hacer?” El cura contestó “eso no lo digo yo, eso lo deberían saber ustedes”. Lo mismo digo, ¿por qué no hicieron algo cuando sí tenía remedio? ¿Por qué ahora hay tantos que lo que quieren es largarse antes de pelear o trabajar por su país? ¿Por qué hay un grupito que, aún queriendo un golpe de Estado, así no lo diga, siguen llamándose “democráticos”? ¿Cuál es la idea, poner a alguien que los trate a ellos como nos están tratando ahorita a nosotros? ¿No fue eso lo que pasó en 1999?

La pura verdad es que, por mucha falta que hace un Mandela aquí –en cada país del mundo, creo yo—, me pregunto cuánto tardaría en darse por vencido. Ya sea Capriles, Chávez, Maduro, Caldera o quien sea, nosotros siempre queremos un mesías, un carajo que toque todo en esta vaina y lo arregle, y no terminamos de entender que no es uno solo que va arreglar este desastre. Mandela logró unir a su país porque hizo a todos entender que eran parte de un mismo pueblo, así tuvieran distintos orígenes. Sí, cuando ganó la presidencia muchos sudafricanos blancos salieron huyendo temiendo represalias, pero los que se quedaron prosperaron de lo lindo. Porque Mandela creó oportunidades para blancos y negros por igual. Porque los unió. Porque los hizo uno solo. Porque sabía que no podía solo. Porque con toda y su grandeza, era un solo hombre.

Reitero mi pregunta en mi último post: ¿estamos jodidos?

Lala ngoxolo, tata Madiba. Descansa en paz, padre Madiba.

Y el tal Snowden, ¿es de los buenos o es de los malos?

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Todo este embrollo de Edward Snowden está peor que una novela de John LeCarré, hasta el punto que el protagonista central es un tipo inteligentísimo y reservado, cual George Smiley, con  la diferencia que en vez de espías y gobiernos sofisticados y discretos, tenemos a los tipos del ALBA. Ya a este punto, hay que decirlo: Snowden hasta dejó de ser el problema. Los países “anti imperialistas” lo están usando para atacar a EEUU y criticar su red de espionaje. Lo que Snowden pueda mostrar –y honestamente considero que debe mostrar— está rápidamente pasando a un segundo plano.

Pero es precisamente por ese desastre que vino después de la soberana estupidez de España, Italia, Francia y Portugal con el avión de Evo Morales que quizá se note el desespero de EEUU de traer a este tipo a juicio y callarle la boca (espero que no para siempre). Si de verdad EEUU exigió/convenció/sobornó/amenazó a esos países para que mandaran a detener el avión –y Bolivia dice que tiene pruebas que sí—en efecto ya Edward Snowden se puede considerar “enemigo público número uno”. Qué importan Ayman al Zawahiri y el resto de Al Qaeda, ¡este pana se tiene que callar la jeta!

¿Pero de verdad se justifica?

Lo primero que les pido es que vean la entrevista completa que Glenn Greenwald y la documentalista Laura Poitras para el periódico The Guardian. Creo que mucha gente ya hasta olvidó lo que el hombre explicó en esa entrevista con todo lo que ha pasado. Esta es la primera parte. (Si no salen los subtítulos automáticos, escójanlos en el botón “CC”.)

Ed Snowden interview, pt 1

Y esta es la segunda, con subítulos ya incrustados.

Ed Snowden interview, pt 2

Resumen: Ed Snowden trabajó en los niveles más altos como analista informático en la Agencia Central de Inteligencia y la Agencia de Seguridad Nacional, y vio cómo ambas agencias creaban una red masiva de vigilancia no sólo de los EEUU, que ya es bastante, sino de todo el mundo. En el caso de los celulares, se supone que pueden ver quién llama, quién atiende, a qué número y cuánto dura la llamada, pero no el contenido de esa llamada. Cuando tanto The Guardian como la revista alemana Der Spiegel revelaron los documentos que Snowden les entregó, Obama no sólo no lo negó; lo defendió.

Lo que puedo decir de forma inequívoca es que si eres una persona de Estados Unidos, la NSA no puede escuchar tus llamadas, no puede leer tus correos… y no lo han hecho. No pueden y no lo han hecho, por ley y por regla, a menos que – y usualmente no serían ellos, sería el FBI – vayan a una corte, obtengan una orden, y busquen una causa probable, de la misma forma que siempre ha sido.
-Barack Obama, durante una entrevista con Charlie Rose, 17/06/13

Snowden rechazó esa declaración, considerando que Obama “estaba defendiendo lo indefendible y lo sabía”, diciendo que la NSA puede escuchar lo que sea y lo ha hecho. Sin pedir una orden en la corte. Simplemente por la sospecha. Y aquí está la razón de por qué lo hizo.

No quiero vivir en una sociedad que haga esta clase de cosas. No quiero vivir en un mundo donde todo lo que hago y digo queda registrado. No es algo que estoy dispuesto a apoyar o bajo lo cual vivir.

Tengan en cuenta que este es un pana que ganaba unos 200.000 dólares al año, vivía en Hawaii y tenía una novia que ya La Patilla se encargó de mostrar en todo su esplendor. Se rehusó al anonimato porque está convencido que no hizo nada malo. Y ha sido claro: lo que quiere es un debate, que el mundo decida si quiere vivir así. Que tiene más documentos que podrían joder a alguien pero esa no es su intención. (Pueden leer los artículos de Greenwald para The Guardian aquí y aquí.)

Los años recientes han tenido varios casos con “whistleblowers” como Snowden. Los dos más notorios fueron los de Aaron Swartz y Bradley Manning, sin duda. Swartz, inventor del protocolo RSS y uno de los responsables por Creative Commons y Reddit, estaba a punto de ser enjuiciado por hacer público papeles académicos de la base de datos JSTOR del MIT, y se enfrentaba a 35 años de cárcel. Antes de enfrentarlo, Swartz decidió suicidarse. Manning, por su parte, es un soldado del ejército estadounidense quien admitió entregar material al sitio Wikileaks, el “hijo” de Julian Assange, y fue encarcelado tres años sin juicio, incluyendo 11 meses en solitario que hasta la ONU consideró bárbaro.

Por el trato a Manning, el papá de los informantes de EEUU, Daniel Ellsberg, considera que ya su juicio debería ser anulado. Ellsberg es el responsable de los Papeles del Pentágono, una serie de documentos clasificados que entregó en 1971 al New York Times donde se veía que el gobierno de Richard Nixon estaba pujando por seguir la guerra de Vietnam sin importar los costos. Ellsberg se entregó a las autoridades, salió bajo fianza, pudo hablar con los medios y en actos públicos en contra de la guerra y al final el juicio que se le abrió fue desechado porque el Gobierno le puso un micrófono de manera ilegal. Con razón Ellsberg dijo en una reciente columna del Washington Post que “Edward Snowden tomó la decisión correcta de irse del país”: “El país donde yo me quedé era un Estados Unidos diferente, hace mucho tiempo”.

Creo que ahí está el meollo del asunto. EEUU, aunque sigue teniendo una democracia relativamente sólida –un Congreso que limita las funciones del Presidente, un sistema electoral libre (aunque terriblemente anticuado), una libertad de expresión casi sin límites (y voy con ese “casi” en un momento)—ya no es la luz de la esperanza que fue en los 70 y 80, el sitio donde los perseguidos iban a buscar refugio. El 11 de Septiembre transformó, espero que no para siempre, a EEUU en un gigante paranoico, desconfiado y desesperado por más nunca recibir un golpe tan preciso, y por ello ha optado por comerse algunos derechos civiles básicos de privacidad y decencia en nombre de la Guerra en Contra del Terror.

Consideremos los escándalos que han surgido desde que las redes sociales son grandes: Abu Ghraib. Soldados orinando sobre el cadáver de un talibán. “Collateral Murder”, el video que hizo a Wikileaks famoso. Todo lo que Wikileaks ha sacado, desde ese video hasta los documentos diplomáticos. Las condiciones de la cárcel de Guantánamo y sus recientes alimentaciones forzadas a los prisioneros en huelga de hambre (el rapero y actor Yasiin Bey, mejor conocido como Mos Def, hizo un video para demostrar el procedimiento). Swartz. Manning. Snowden.

¿Lo que más me impresiona de todos estos escándalos? “El  público necesita decidir si estos programas y políticas están bien o mal”, dice Snowden en su entrevista. Pues, si al menos he de creerle a una encuesta de la revista TIME, ya decidió –y no le molesta (al menos el estadounidense). 48% de los encuestados están de acuerdo con el programa de vigilancia de la NSA, mientras que 44% no –una encuesta con un margen de error de +/-4%. O sea, el tema tiene a EEUU fuertemente dividido. Pero 63% considera que ha tenido algún o mucho impacto en garantizar la seguridad nacional, y 48% cree que el Gobierno sí logró el equilibrio adecuado entre proteger su privacidad y proteger su integridad física. (54% considera que Snowden hizo algo bueno, pero 53% considera que igualmente debe ser procesado por lo que hizo.)

¿Entonces? Al fin, Ed Snowden, ¿héroe patriota o villano traidor? Como siempre depende a quién le pregunten. Ciertamente cometió un crimen, haciendo públicos documentos clasificados, lo que contraría el acuerdo de confidencialidad que indudablemente firmó al ser empleado tanto por la CIA como la NSA. ¿Lo que ha revelado podría poner en peligro al país? Creo que a estas alturas, no más de lo que EEUU representa para sí mismos. “Tierra de los libres, hogar de los valientes” suena a algo cada vez más vacío. Y lo digo con dolor, pues es mi país de nacimiento. Pero da dolor ver cómo ha degenerado en los últimos años, cómo su maquinaria gubernamental se ha convertido en lo que tanto ha dicho combatir. Y es una maquinaria que ningún Presidente, no importa lo bien intencionado que sea, tendrá facilidad en desmontar. Y en muchos casos, quizá ni siquiera tenga la disposición de hacerlo.

De modo que Ed Snowden ahora no le queda otro remedio más que buscar asilo en algunos de los países donde la libertad de expresión es un poco cuestionada, como lo son Ecuador, Bolivia y Venezuela, con sus respectivas leyes que limitan la prensa libre. Precisamente porque los tres son tan contrarios a EEUU es que Snowden tenía en ellos su mejor opción de asilo, y como dije al principio, les ha dado las mejores herramientas para continuar atacándolo. En el caso nuestro, es particularmente divertido que el presidente Nicolás Maduro critique a EEUU de espiar “a todo el mundo” cuando ya es bien sabido que todos los principales líderes opositores del país tienen sus celulares e incluso sus casas pinchados, como demostró el reciente caso de la diputada María Corina Machado.

Repito: ¿y entonces? ¿Héroe o villano? Depende a quién pregunten. ¿Me preguntan a mí? No sé si héroe, pero hizo lo correcto. Rompió la ley, sí, pero expuso lo feo que está todo. Lo malo es que, para seguir exponiéndolo, tiene que meterse en la cama con los villanos. De todos modos, rompiendo la ley es a veces la forma que las sociedades avanzan, citando este artículo (en inglés) del blog Thoughtcrime:

Imaginen que haya una realidad alterna distópica donde la defensa de la ley fuera 100% efectiva, de tal manera que cualquiera que potencialmente rompiera la ley supiera que sería inmediatamente identificado, aprehendido y encarcelado. Si una defensa perfecta de la ley fuera una realidad en Minnesota [que acaba de legalizar el matrimonio homosexual, luego de leyes de sodomía que hacían a la propia homosexualidad ilegal desde 2001], Colorado y Washington [que acaban de legalizar el uso de marihuana] desde su fundación en los años 1850, parece muy poco probable que estos cambios recientes hubieran sucedido. ¿Cómo se habría decidido que la marihuana debía ser legal, si nadie nunca la habría usado? ¿Cómo habrían podido decidir los estados que el matrimonio entre gente del mismo sexo debería ser permitido, si nadie hubiera visto o participado en una relación homosexual?

En estos casos sé que depende a quién le pregunten. Pero los dejo con ese pensamiento: rompiendo la ley es a veces como muchas sociedades avanzan. Si no, ustedes aún tendrían esclavos.

Un poquito extra: Por supuesto, si quieren leer un poquito más sobre el caso Snowden, hay cualquier cantidad de artículos en inglés y en español en todos lados. Pero hay un par de cosas relacionadas que me gustaría compartir con  ustedes que me parecen interesantes.

  • The Most Dangerous Man In America es un documental sobre Daniel Ellsberg nominado al Oscar que mucho les recomiendo, no sólo por su calidad sino para que hagan el contraste de los EEUU de 1971 y los de ahora. Por supuesto que está disponible en su proveedor de torrents preferido, pero si son suscriptores de Netflix también está disponible allí.
  • Kieran Haley, un profesor de sociología de la Universidad de Duke, tomó los datos que Edward Snowden reveló de PRISM, el programa de vigilancia que la NSA usa para recolectar metadata de las comunicaciones de los estadounidenses, y la aplicó sólo en las listas de membrecía de varias organizaciones del área de Boston en la década de 1770. Sólo con eso, el nombre de Paul Revere, quizá el nombre más famoso de la Revolución Estadounidense, sale sin ningún problema. En esencia, pareciera que si este sistema hubiera estado en sitio en los tiempos de Paul Revere, EEUU aún sería una colonia británica. (“Rompiendo la ley…”, dije antes…)
  • ¿Por qué no cierra Guantánamo? Por muchas razones. He aquí algunas. Y otras. Aunque un artículo de TIME lo dice sin tapujos: Guantánamo jamás cerrará.
  • Isabel Lara es una periodista residenciada en Washington, hija de la internacionalista Maruja Tarre, que una vez escuchó una llamada privada entre ella y su madre salir tanto en “La Hojilla” como en “Dando y Dando”. Lo cuenta todo en Boing Boing (en inglés).

¿Hay que defender a Assange?

julian_assange_2010-front1.jpgTodo el asunto Wikileaks me es imposible de ignorar como periodista, por todas las aristas que tiene. Por un lado, hay espionaje que haría a John Le Carré y Tom Clancy llorar de la emoción; por otro, hace ver a Bob Woodward y Carl Bernstein parecer periodistas de farándula; y por otro, puede causar más problemas diplomáticos que un Corán quemado en la embajada de Israel en Marruecos.

El 19 de junio, luego que agotó todas las posibilidades para evitar la extradición a Suecia, donde se le investiga por la supuesta violación a dos mujeres, desde Gran Bretaña, a donde había huido en 2010, Julian Assange, violando un arresto domiciliario que por supuesto no le importaba, se refugió en la embajada de Ecuador de Londres y solicitó asilo diplomático. Luego que hasta el famoso juez Baltasar Garzón anunció que defendería al australiano (mal hecho si no sabes quién es Garzón), y su madre Christine fue a pedirle al presidente ecuatoriano Rafael Correa que lo ayudara, el pasado 16 de agosto, como todo el mundo esperaba, Rafa le otorgó el asilo, alegando que, “de darse una extradición a Estados Unidos, el señor Assange no tendría un juicio justo, podría ser juzgado por tribunales especiales o militares y no es inverosímil que se le aplique un trato cruel y degradante y se le condene a cadena perpetua o a la pena capital, con lo cual no serían respetados sus derechos humanos” , según leyó de un comunicado el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño. Si hemos de creer cómo se está tratando a Bradley Manning, el soldado de 24 años que es acusado de ser una de las fuentes (hoy Chelsea Manning), quizá Assange tenga un poquito de razón.

Si a estas alturas no entienden el cuento de Wikileaks, aquí tienen un resumen. Ciertamente opino que es un caso fascinante y a la vez asqueante. Por un lado, Julian Assange es el sueño de todo periodista y la pesadilla de todo político: un hombre que ha armado una red de fuentes secretas y eficientes que lo han provisto de los sucios secretos que nadie quiere que se sepa. Mi primer contacto con el portal fue por el llamado “Collateral Murder”, el video del ataque desde un helicóptero Apache en Irak donde murieron doce personas, incluyendo a dos periodistas de Reuters, Saeed Chmagh y Manir Noor-Eldeen. Después vinieron los diarios de Afganistán, de Irak, los 250.000 cables diplomáticos de EEUU. Ni Colombia y sus “falsos positivos” se han salvado del alcance de la gente de Assange.

Por otra parte, al menos en el caso de los cables, sí hay que reconocer que Wikileaks ha contribuido a poner gente en peligro. La diplomacia es una forma elegante de hipocresía, donde tienes que hablar con gente que no sólo tiene visiones completamente opuestas a las tuyas, sino que te caen mal. En los cables hay embajadores que dicen cosas que podrían considerarse insultantes para los mandatarios de los países en los que sirven. Muchos países árabes pidieron a EEUU que los ayude a bombardear Irán antes que tengan una bomba nuclear. Y así sucesivamente. Olvídate del hecho que compromete las relaciones de Estados Unidos con muchos países del mundo –hasta obligaron a Hillary Clinton a pedirle disculpas a la presidenta argentina Cristina Kirchner— la gente que escribió algunos de los cables podría ser matada. Eso sí compromete relaciones de los países. Ni hablar de los archivos de Inteligencia Global –que habla de gente que sí hace espionaje abiertamente.

Todo el asunto me ha hecho preguntarme: ¿cuánto es demasiado?

Que los gobiernos afectados por Wikileaks, empezando por EEUU, se han portado mal y la gente de Assange básicamente les bajó los pantalones y los señaló, eso es evidente. Todos los gobiernos necesitan una mayor transparencia, y si no, necesitan personas y organizaciones que los obliguen a asumir sus responsabilidades. Assange lo que ha hecho es abrir un sitio donde esa gente se pueda desahogar. El problema es que no se sabe dónde termina la preocupación por violaciones a derechos humanos o corrupción y empieza el odio a Estados Unidos. Assange ha dicho que tiene gente que redacta los documentos que recibe, e incluso contactó a gente del departamento de Estado para que los ayudaran con ello, pero es imposible saber con  qué intenciones se enviaron esos documentos a Wikileaks al principio.

Y luego está la ironía que haya sido Rafael Correa quien le haya concedido el asilo. No hablemos del ALBA, que pegó el grito en el cielo para defender a Ecuador de la “amenaza británica”. Estamos hablando de un presidente que ha tenido serios problemas con los diarios que son más críticos a su gestión, como El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito, y ha cerrado varios medios menores alegando problemas fiscales (cualquier parecido…). En un análisis hecho por AFP, muchos afirman que Correa busca suavizar su posición en contra de comunicadores, a la vez que quiere consolidarse como agente antiimperialista. El hecho que Gran Bretaña hizo el equivalente a decir “me sabe a carato tu solicitud de asilo” y dijo que si tenía que entrar a la embajada a arrastrar a Assange fuera lo haría–y por detrás EEUU diciendo que no reconocen ese asilo— pone a Correa tanto como el líder de una pequeña nación latinoamericana haciendo frente con “valor” (Assange dixit) a un país del primer mundo, como un héroe de los fans de Wikileaks. Way to go, guys.

Siempre tengan cuidado de defender a alguien a pies juntillas, incluso si simpatizas con su labor, sus misiones, su actitud o su manera de ser. Assange puede que sea el mensajero al que EEUU quiere matar por revelar lo mal que se ha portado, pero salvo algunos aspectos todo el asunto no lo veo distinto a los procesos que han venido detrás de RCTV o Globovisión en el país (posiciones políticas propias aparte). Pasa que a los que está afectando Assange son más grandes y hace más ruido si caen.

Los Tres Momentos (y uno de ñapa)

Por diversas circunstancias, hoy recordé una conversación que tuve con un taxista camino a un rumbo que no quiero acordarme.

Era un chamo de 37 años (sí, a esa edad uno aún es chamo, y a los 40 también), y era por estas fechas, porque recuerdo que empezamos a hablar de hijos y paternidad. Empezamos riéndonos porque su hija le había regalado una cartera semanas antes, y el pobre iluso pensó que le iba a salir doble regalo. Cuando la niña –“una tarajalla de diez años, tan alta como yo, salió a mi esposa, que también es una caballota”—no le entrega nada el propio Día del Padre, ella se defiende diciendo que “mamá no me dio plata”.

Al saber que tiene diez años, le confieso que yo a la vez quisiera tener una hija –UNA—y a la vez hay pocas cosas que me aterren tanto. Yo siempre me he caracterizado por ser muy protector: de mis amigas, de mis novias, de mi esposa, carajo, hasta de extrañas en la calle cuando algún animal le dice algo al pasarle al lado. Entonces tener una hija implica un nivel más alto de protección, porque mientras que con amigas uno lo hace por caballerosidad, con las novias por caballerosidad y la esperanza de sexo por agradecimiento, y con las esposas por caballerosidad, sexo por agradecimiento, deber y bueno, porque no nos queda otra, con una hija es deber y amor puro y sencillo. Le comento a mi taxista que por eso temo la llegada de Los Tres Momentos, esos instantes de la vida del padre de una hembra que te das cuenta que tu linda bebita, que hace nada usaba colitas a los lados de la cabecita y usaba faldita está por convertirse en mujer. Saben cuáles son, si son de esos padres; vienen acompañados de estas tres frases:

  • “¿Papi, cómo me queda esta falda/traje baño?” (Seguido por una pose en una prenda que (en el caso A) deja algo a la imaginación, pero no mucho, y (en el caso B) tiene menos algodón que una botella de aspirina.)
  • “Papi, ya vengo, que voy a salir un rato”. (Usando la anteriormente mencionada prenda A.)
  • “Papi, te presento a mi novio”. (Que probablemente conoció usando la prenda B.)

El chofer se ríe, pero esa risa que uno sabe que cualquiera de esos momentos puede llegar en los próximos cinco años –quizá menos. “Al ser tan alta”, me cuenta, “se la pasa con las amigas de sus primas mayores, las que tienen quince años o más. Entonces me preocupa que me la vayan a sonsacar. Sus compañeros ya me dicen suegro, a veces. Ella llega y se mete con ellos, y me dice, ‘mira papá, este te está diciendo suegro’, y yo me meto con ellos. Pero igual…”

Su tono cambió ligeramente mientras me echa el siguiente cuento. “Píllate esto: el otro día ando echándome una partida de dominó por allá en [nombre de pueblo en Miranda que no recuerdo] con los panas. Dos de la mañana. Y de repente alguien me abraza por detrás y me dice ‘¡Tiiiiioooo!’ Volteo, y es la sobrina mía, con unos amigos. Yo me le quedo mirando, veo el reloj, y le digo, ‘Muchacha, ‘¿y qué haces tú, con 17 años, por ahí a las dos de la mañana?’ Se molestó, y al día siguiente se lo cuenta a la mamá, mi hermana. No te pierdas esta vaina: al día siguiente la mamá me llama y me dice: ‘Mira, ¿qué haces tú rayando a mi hija por ahí? Yo le di permiso que saliera, tú no eres su papá para que le estés preguntando que qué hace ella afuera a esta hora”.

Tomó aliento, y siguió contando. Yo a la vez no podía creer lo que escuchaba ni tampoco me extrañaba; me acordé mucho de esta caricatura. “Ahí le monté la cruz. Le dije, ‘mira, si esa carajita sale preñá, o muerta, o anda de puta tirando por ahí, y encima la dejas, ese no es peo mío. Yo lo que hice fue preguntarle que qué hacía por ahí a esa hora, más nada. Lo único que te voy a agradecer es que no se acerque a mi hija’. Y más nunca, ya ni va a las reuniones, ‘porque lo único que hacen es criticar a mi hija’. La carajita tiene su cuerpecito y tal, pero ya anda con un novio ahí medio malandrito. Hasta amenazó al papá, un día que le reclamó que anduviera con semejante malandro; le dijo ‘oye papá, pero cómo se te ocurre, ¿qué haces si se entera que le estás diciendo así, y viene a reclamarte?’ Mira, hermano, esa es la raya de la familia, en serio”.

El resto del camino anduvimos en silencio, yo con una mezcla de orgullo y pena que el hombre se haya expresado tan abiertamente con un taxista –otro momento en que me di cuenta que no erré mi vocación—, él sin duda preocupado porque su hija terminara así. En un país donde tener 17 años en ciertas zonas del país es ya acercarte al final de tu vida, justo cuando empieza, y donde las mujeres se activan sexualmente cada vez más temprano (¿quién le decía a ese pobre hombre que su hija no había empezado ya? Ciertamente yo no), era imposible para él no preocuparse. Antes de dejarme en mi destino, compartió su perla de sabiduría paternal: “Yo le digo, ‘dedícate a tus estudios y a ser buena persona. El novio vendrá cuando tengas tiempo para buscar novio y tengas la conciencia de lo que es un novio’. Y bueno, espero que me salga buena, pues”.

Lo que hizo acordarme de esa conversa –de hecho me impresiona que la haya recordado tan bien—fue algo totalmente distinto. Estaba sentado en un café, cuando empiezo a escuchar la pareja detrás de mí en acalorada discusión. Yo me esforzaba por poder estar con Stephen King y mi café, pero era tan airada la diatriba que aún los consejos de escritura del maestro de lo macabro se quedaban cortos. Esa discusión la recuerdo menos que la de mi amigo el taxista, pero sí recuerdo las frases “Bueno, tú me tienes arrechera por lo que pasó, pues yo te tengo más arrechera a ti por lo que hiciste”, o “¿Ah entonces me estás diciendo que no tenemos vuelta atrás, Pía? ¿Es eso lo que me dices? ¿Que ya la cagamos?”, además de las palabras “abogado”, “separación” y “ajuste de cuentas”. Y esta no era una pareja de noviecitos; eran personas en sus cuarenta largos, quizá hasta cincuenta, en el caso de él. Luego de varios minutos sólo escuché la silla de él moverse y él mismo irse furioso, lo que me dio cierto nivel de alivio pues estaba casi seguro que iban a llegar a las manos.

Vi en ese momento un matrimonio derrumbarse de manera muy pública, a la vez que recordaba un hombre tratando de asegurar al producto de otro que parecía haber prosperado. Los dos eventos me hicieron darme cuenta, una vez más, de lo frágiles que son las relaciones humanas, del gran amor que pueden tenerse en un momento que puede derrumbarse años, meses o hasta días después (en ese caso, nunca fue amor). Y así añadí otro Momento a los tres originales, uno que sí  espero nunca llegue a escuchar:

“Papi, ¿mamá y tú se van a separar?”

¿Y si se muere?

Para los que no quieran leer un post largo y a los que están listos para enviarme cuanta maldición se les ocurra, les doy la versión corta:

La gran cagada.

Para los demás (y gracias, de paso), me explico.

Ya no hay Copa América, peo en El Rodeo, Miss Venezue o Transformers 3 fuera de la pantalla venezolana que valga. Luego del jueves en la noche, hay un solo tema en la boca de todos los venezolanos: el presidente Hugo Chávez anunció que le extirparon un tumor cancerígeno y está en tratamiento.

Una semana antes, el periodista Nelson Bocaranda publicó un amplio artículo en El Universal (aquí lo pueden descargar en PDF) informando que lo del absceso pélvico que originalmente se había anunciado fue por lo que lo operaron no era del todo cierto, y fue el primero que usó públicamente la palabra “cáncer”. El presidente de la Asamblea había desmentido con vehemencia que el Presidente tuviera ese mal y fue, en mi opinión, el que quedó peor, con el diputado Saúl Ortega en segundo lugar al decir que Chávez estaría en el país “en las próximas horas” el 20 de junio, lo que obligó al ministro de Comunicaciones, Andrés Izarra, le dijera muy sutilmente que se callara la jeta.

Empezaron a hablar las voces en contra. La oposición cuestiona que el presidente Chávez esté mandando en Cuba, pidiendo que se declare falta temporal y que el vicepresidente Elías Jaua asuma para cubrir el vacío de poder, según la Constitución. Jaua muy tranquilo dice que no hay necesidad de eso, que el presidente puede estar fuera del país un máximo de 180 días –incluso que estaría aquí antes— y puede segur mandando desde donde esté –lo que sí va en contra de la Constitución, que establece que el centro de poder está en Caracas, no donde esté su Presidente.

Una vez que las mandíbulas colectivas fueron puestas de nuevo en su lugar, empezaron las especulaciones. En un artículo de opinión publicado por el Washington Post, la bloguea cubana Yoani Sánchez compara todo el hermetismo alrededor de la salud del Presidente con la que hubo en 2006 por la salud de Fidel Castro. “Acostumbrados como estamos a leer reportes médicos al revés y careciendo de confianza en diagnósticos benignos, la convalecencia de Hugo Chávez no ha pasado desapercibida en nuestro país”, escribe Sánchez. “Al igual que con Fidel Castro, los medios cubanos buscaron aliviar las preocupaciones sobre Chávez. Hasta el jueves en la noche, los detalles de su salud no se habían hecho públicos. El secretismo rodeando la cirugía realizada al presidente de Venezuela reforzó nuestra sensación que se estaba ocultando información. Como fue el caso hace cinco veranos, los reportes oficiales jugaron a distracción y subestimación. La falta de claridad sugiere que estamos reviviendo esos días paranoicos cuando una cortina de silencio fue corrida alrededor de un anciano, y no sabíamos si aún respiraba o era incapaz de seguir comandando ‘sus tropas’”.

Ah… Y no olvidemos incluir lo que salió hoy en El País de España: que si en efecto tuvo u absceso pélvico y encima se le extrajo un tumor cancerígeno, lo que nuestro Presi tiene es cáncer de sigma perforado. (El sigma es la parte final del colon.) “La segunda causa en frecuencia de absceso pélvico (una acumulación de pus en la parte baja del abdomen) en pacientes de esa edad y exceptuando la apendicitis -que es más frecuente en jóvenes-, es el cáncer de sigma”, dijo uno de los médicos consultados por El País. “La primera es la complicación de otra enfermedad frecuente en esas edades, la diverticulosis, que no es otra cosa que la aparición de pequeñas bolsas en la pared del colon que no produce síntomas. En ocasiones esos divertículos se inflaman y pueden producir la perforación del intestino grueso”. (Claro, me saca la piedra que todos los médicos consultados en el artículo se abstuvieron de dar su nombre. Ni que fueran médicos de aquí que les van a perseguir su familia, no joda.)

Yo no sé si es algo exclusivo de mandatarios militares o militaristas que la salud del presidente debe ser tratada como secreto de estado –¿qué tan avanzado estaba el cáncer del presidente paraguayo Fernando Lugo el año pasado?— pero creo que dice bastante sobre los regímenes autocráticos donde revuelve casi todo en torno a la figura de una sola persona.  Salvando las distancias –y mira que son LAS distancias— piensen en cuánto duró el gomecismo en el poder luego de la muerte del Benemérito Juan Vicente Gómez. Cuánto sobrevivió el nacionalsocialismo después que Hitler se metió un tiro.

Chávez no es ni de cerca un dictador como Gómez y muchísimo menos que Hitler, y eso lo creo de todo corazón; cualquiera que piense parecido está pelando bola de cajón y de calle. Pero no se puede negar que el Gobierno, la vida del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y aún de su tren ministerial gira en torno a él como lunas alrededor de un planeta. Cuando hay rencillas internas en el partido –y admito que esto es especulación, pues dichas rencillas se mantienen bien en secreto— es su mano la que pone orden. Cuando hay campaña para mandatarios regionales, parecía que la imagen del Presidente aparecía con mayor frecuencia que los propios candidatos, a tal grado que el Gobierno tuvo que prohibir ese uso el año pasado.

Ante ese panorama, hay que incluir algo que quizá duela admitir: Chávez es un presidente carismático como pocos. Lo que Chávez despierta no es amor, es muchas veces fanatismo, comparable en algunos casos con las obsesiones de una adolescente por el chamo que no le para o sólo se la cogió una noche. El tipo te puede tratar mal, no cumplir lo que promete, tardar en complacerte, pero basta con que te hable bonito y te medio complazca en algo y ah no, ese es Dios. “Él sí me quiere, pero está demasiado ocupado…” “Él nos ama, pero no puede estar en todos lados…”

Dicho eso, espero entiendan por qué digo que, suponiendo que Chávez no venza el cáncer que lo aqueja –y honestamente no tiene por qué no hacerlo—, esa sería la gran cagada. Igual si se mejora, la verdad.
¿Saben en dónde está la popularidad de Chávez ahorita? Dependiendo a quién le pregunten, está entre 35% y 53%. Pero supongan que el hombre se recupera. (Que honestamente eso espero.) ¿Saben lo fuerte que se va a ver al haber vencido un cáncer? Ahorita todo el Gobierno está aplicando una de “pobrecito, estemos pendientes de él”. Luego será “ay tan bello, míralo, ni el cáncer pudo con él”.

Pero ahora supongamos que el hombre empeora y muere, antes de 2012.

Si en efecto el Presidente es el único que mantiene la unidad dentro del PSUV, su ausencia haría una batalla por el poder inmediata y me atrevería a decir sangrienta (si no en el sentido literal). Las voces más prudentes y tranquilas –como el primer vicepresidente de la Asamblea y ex alcalde mayor de Caracas, Aristóbulo Istúriz, o el propio Soto Rojas—serían bien acalladas.

Pero si no, si en efecto el PSUV decide respetar los deseos de Chávez sobre quién lo sucedería en el poder (o al menos sería su abanderado en la candidatura), ese hombre –o mujer— contará con el equivalente de la bendición de un santo. Todo el mundo sabe quiénes son los más cercanos al Presidente: el diputado y ex ministro Diosdado Cabello; el ministro de Energía y Minas y presidente de Petróleos de Venezuela Rafael Ramírez; el hermano del Presidente y gobernador de Barinas, Adán Chávez; la diputada Cilia Flores; el canciller Nicolás Maduro; y por supuesto, el propio Jaua, quien en menos de dos años ha ascendido los rangos como espuma. Cualquiera de ellos podría estar listo para brincar a la candidatura sin (mucho) chistar de los otros (aunque rumores de tirrias entre Jaua y Cabello abundan en las redacciones).

Eso sí, ninguno tiene el carisma de Chávez. Su hermano habla como la maestra de Charlie Brown articulando; Jaua, con toda su habilidad para hablar no tiene el mismo toque popular del Presi, mucho menos Ramírez. Y Cabello es, sencillamente, demasiado pedante. Podrían mantenerse en el poder gracias a “la memoria de nuestro Presidente”, pero nadie se creerá que estarán ahí “hasta el dos mil siempre”.

Pero está el mientras tanto.

Este es el peor momento para hablar mal de Chávez, mi gente. Desearle mal, burlarse de su condición, rezar a que se muera… Mira, dada la profunda división que aplicó entre los venezolanos, donde el mayor peo que teníamos era broncas en un Caracas-Magallanes, son reacciones naturales. Pero como hijo de un paciente al que le detectaron células cancerígenas, ir tan en contra de un paciente de cáncer lo que hace es fortalecer la simpatía por él. Es hacer leña del árbol caído. Mala idea. O sea, ¿hablas mal de Chávez y los chavistas, y te extraña que nos tengan arrechera? Es cierto, los que lo oponemos hemos recibido coñazo, nos han quitado televisoras y radios, y ha hecho que gente como Manuel Rosales y Henrique Salas Feo reciban más publicidad de la que se merecen, amén de todo el rollo que ha habido en las cárceles, el auge de la delincuencia y una crisis habitacional que me pegó más cerca de lo que quise.

Pero si de verdad quieren salir de él, más les vale que trabajen para hacerse que ustedes se vean menos coñemadres y más como una alternativa a él. O si no, nunca se va a ir, así no esté.

Que se recupere, Presidente. Mi opción de candidato lo espera sano y salvo.

Sinceridad en Internet (tarea)

Quiero que vean este video en la tranquilidad de su casa, pantalla completa, y luego hablamos.

Este es el trabajo de dos años de un estudiante de cine llamado Alex Roman, titulado The Third & The Seventh, así llamado porque utiliza los conceptos del filósofo Georg Hegl y el teórico de cine Ricciotto Canudo para mezclar el tercer y séptimo arte (arquitectura y cine) en un solo cortometraje que yo describiría como un cuadro en movimiento si he visto alguno en mi vida.

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Se acabó el Mundial. ¡Viva el Mundial!

Official 2010 FIFA World Cup match ballImage by mikkelz via Flickr

Y bien… sobrevivimos a otro Mundial.

Este torneo, el último que espero ver como un hombre soltero, ha visto cómo se cumplen dos cosas a las que he ligado siempre que he estado pendiente de él: la eliminación de ese equipo en primera ronda (aunque fue una alegría de tísico, pues afectó a gente muy cercana a mí) y que la final fuera disputada por equipos que nunca habían estado ahí. Claro, son equipos que de una forma u otra siempre están entre los favoritos, así que tampoco es que se siente absolutamente nuevo (¿se imaginan si hubiera sido una final Paraguay-Ghana?), pero bueno, Holanda no había llegado desde 1978, y España jamás había estado ahí. No nos podemos quejar.

Bueno… sí, sí podemos.

Como todo, el Mundial Sudáfrica 2010 ha tenido su blanco y su negro, su cosa extraña y su cosa genial, sus momentos históricos y sus cosas que esperamos todos olvidar. Aquí les dejo mi impresión de esta Copa del Mundo, una perspectiva de alguien que no es fan del fútbol sino que lo disfruta y se tripea el rumbón colectivo que se vivió durante este mes.

LO BUENO

Cero terrorismo. Al-Qaeda había amenazado con hechos violentos, en específico durante el partido Estados Unidos-Inglaterra en la primera ronda. Desde antes, podía pasar cualquier cosa pues días antes, un supremacista blanco había sido asesinado en su granja, y quizá habían represalias. No sé si fue todo lo que se gastó en seguridad o qué, pero lo cierto es que todos los juegos pasaron sin problema; lo más grave que ocurrió fue un loquito que se coleó en el terreno del juego España-Alemania del miércoles.

La buena actuación de equipos americanos (en especial los latinos). Prácticamente todos los equipos de la Concacaf (esa es la Confederación de Asociaciones de Fútbol de Norte, Centro y Sudamérica, por si acaso) y la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) pasaron primeros de grupo en la ronda eliminatoria, e incluso la única que no pasó (Honduras) dio un partido genial en contra de Suiza en su última fecha. De hecho, ese grupo donde esos dos equipos estaban terminó tan parejo que fue en esos dos partidos finales donde se decidió quiénes pasarían. De resto, Paraguay, Estados Unidos, México, Uruguay, Argentina y Brasil pasaron prácticamente sin problemas a los octavos, y en especial Uruguay va a pelear el tercer lugar con Alemania el sábado que se merece con creces (aunque claro, es el tercer lugar igual…). ¿Qué sólo Argentina, Uruguay y Brasil pasaron a los cuartos? ¿Qué importa? Ninguno demostró hacer mal fútbol; en la inmensa mayoría de los casos, no fue tanto que ellos perdieron sino que sus opuestos ganaron. Que la hayan cagado Brasil y Argentina en sus últimos juegos sí es otra historia.

(Nota: nosotros le hemos ganado a todos esos equipos. Coño, a Uruguay le ganamos 3 a 0 una vez. Uruguay, que le va a pelear el tercer lugar a los monstruos de Alemania. ¿Qué rayos pasa, Vinotinto? ¡Exijo ver a Venezuela en Brasil 2014! ¡Yo quiero moquear como Jon Tae-Se cuando oyó su himno de Corea del Norte cuando oiga mi “Gloria al Bravo Pueblo”!)

Ghana y Suiza. Para mí, las dos sorpresas de este Mundial. En primer lugar, siempre se habla de algún equipo africano que queremos que llegue a la final, quizá hasta ganarlo. Camerún dio muchas esperanzas en EEUU ’94, Senegal y Nigeria en Corea-Japón 2002. Pero este año, sólo hubo un equipo “de la casa” que de verdad dio la talla por el continente. Sin un Samuel Eto’o o un Didier Drogba, los panas de Ghana superaron los chistes fáciles que el nombre de su país pueda dar y se lanzaron el que ha sido el juego más emocionante del torneo cuando se enfrentaron a Uruguay en cuartos. ¿Sería distinta la historia si Asamoah Gyan no hubiera fallado el penal que le habría dado el triunfo seguro a su equipo, para enfrentarlos con Holanda en la semifinal? En cuanto a Suiza, consideren esto: si España gana el domingo la final, los suizos se habrán dado el tupé de decir que ellos vencieron al campeón del mundo cuando jugaron por primera vez. Ciertamente tuvieron la mejor defensa de la primera fase, y sólo tuvieron un gol en contra (cuando perdieron contra Chile, y vaya que los hicieron sudar), lo que les sumó 559 minutos sin que el arco de Diego Benaglio haya sido pasado. Y de paso, Benaglio fue para mí el mejor arquero del torneo, aún más que el nigeriano Vincent Enyeama. Es una demostración de lo azaroso que puede ser el fútbol que un equipo que sólo perdió una vez en primera ronda no la superó.

El verdadero gol de Carlos Tévez. Supongo que el tipo quería quitarse la raya de haber marcado un gol en posición adelantada clariiita. Pero el segundo gol que el jugador argentino del Manchester City, el tercero de la albiceleste fue algo absolutamente de antología, un cañonazo de casi mitad de campo que casi abrió un boquete en la red. Yo estaba lívido de la arrechera por la injusticia en contra de México, uno de esos equipos al que le tengo simpatías desde hace rato, unidas a la injusticia en contra de Inglaterra, pero ese golazo de Tévez necesitaba mi reconocimiento. Para mí, es el gol del Mundial hasta ahora.

Eliminaciones tempranas. Por respeto a mi círculo cercano, no mencionaré uno de los caídos en esta Copa. Pero ya todos mis amigos y conocidos saben cuál equipo despierta mis antipatías. No me gusta su estilo de juego, no me gusta la clase de gente que son muchos de sus jugadores, y es demasiado fácil meterse con fanáticos que se desangran cada vez que pierden. Pero lo de Francia, este año, me divirtió muchísimo más, para ser sincero. Esa vaina se convirtió en una novela auténtica. No había ni la mitad de estrellas que conquistaron la copa en su casa en 1998, y desde su polémica clasificación contra Irlanda se sabía que venían con la moral baja. Súmalo a la locura del entrenador Raymond Doménech, que reforzó el cliché del pajúo francés que Hollywood vende, y lo de Francia fue una desgracia mayor al cabezazo de 2006. Me dio como lástima, porque no es como si Francia no tuviera talentos, pero igual. Largo, carajo.

El pulpo Paul. Los pulpos siempre me han parecido animalitos fascinantes, por su evidente inteligencia, su habilidad para el camuflaje (extrema en algunos casos) y lo alienígenas que se ven. Pero Paul ahora se convirtió en estrella, uniéndose al grupo de fenómenos “psíquicos” que a los seres humanos tanto le gusta especular, si acaso por el chisme. Pero…

LO MALO

El pulpo Paul. …coño, ya me tienen ladillado con el bendito pulpo. Por supuesto no faltó, a los cinco segundos que el pulpito ‘er coño mostrara alguna especie de poder predictivo (cierto o no) cuando empezaron las solicitudes de traerlo a Venezuela para ya ustedes saben. Y he leído comentarios de gente para los que probar si el pulpo puede predecir cualquier vaina se ha vuelto esencial. Hasta una página le abrieron para que le hagas preguntas. Ya sáquenmelo y dejen al pobre Paul en paz, mejor trabajen por su futuro en vez de pedirle a un pe’azo ‘e pulpo que se los prediga.

Los árbitros. FIFA, por amor a Dios y a tu madre, ¿será que para 2014 entendiste que la tecnología no va a hacer que la gente discuta menos al día siguiente ni que se vendan menos periódicos? El gol anulado a Estados Unidos contra Argelia, que les hubiera dado un triunfo 3-2 en vez del empate, durante las eliminatorias; el gol que no fue de Inglaterra, aunque entró al arco clarito, que hubiera dado el empate 2-2 contra Alemania en octavos; el gol en posición adelantada descarada de Carlos Tévez de Argentina contra México en los mismos octavios; todas situaciones que se hubieran solucionado revisando la repetición instantánea, para decir los tres ejemplos más notables. ¿Qué coño esperan, pregunto yo? ¿Una huelga?

La vuvuzela. ¡AAAAARGH! ¡Es como un puto enjambre de abejas en metamfetaminas! La tradicional corneta es usada como una celebración en Sudáfrica, así que se tiene que respetar. Pero mano, no cuenten conmigo si esa vaina se llega a instaurar en el resto del mundo. Por Dios, ahora hasta puedes poner el ruido de las malhabidas cornetitas en videos de YouTube si te da la gana. ¿No es eso una señal del Apocalipsis?

Cristiano Ronaldo. Este torneo se caracterizó por dejar a muchos de los “dioses del Olimpo” del fútbol en el suelo. Fabio Cannavaro, Didier Drogba, Wayne Rooney, Kaká, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo fueron absolutamente opacados. Al único que puedo perdonar es al propio Messi, quien aunque no logró gol sí estaba metido en la acción a cada rato, creando oportunidades a sus compañeros. Hasta Drogba logró un muy buen gol contra Corea del Norte en la última fecha de Costa de Marfil en las eliminatorias. Pero a pesar que él también marcó el séptimo gol de Portugal contra los mismos norcoreanos, y uno de los goles más extraños de todo el Mundial de paso, para mí Cristiano Ronaldo fue el que dio pena en esta ocasión. Así como una vez dije que Megan Fox tenía que mantenerse como modelo y no como actriz, así cada vez más me convenzo que este pana debería quedarse con su campaña de Calvin Klein. Los momentos que demostraron que el Real Madrid pagó buen dinero por este señor fueron mínimos, y el ataque de malcriadez que le dio luego que España eliminara a Portugal en octavos fue la gota que rebasó el vaso. Crece, carajito, y después puede ser que tengas algún futuro en un juego de hombres.

“Pastelero”. ¿Es idea mía, o este término se inventó para este Mundial? Es el usado, de manera despectiva, justificado o no, para llamar a los que no siguen a ningún equipo en particular, se “arriman” al que va ganando, o simplemente quieren la joda y el bochinche de una celebración. En otras palabras, si para ti el Mundial no terminó cuando eliminaron a Italia, México, Brasil o Argentina, tú eres un pastelero. Ese reclamo siempre estará, sin duda, pero que ahora se hayan lanzado a usar un nombre (insulto) me desconcierta. Yo soy uno que lo ha recibido (sin mucha maldad, para ser sincero) porque siempre le he ido a Brasil y este año decidí también apoyar a España. Cierto, sólo tengo el suficiente conocimiento de jugadores para saber dónde juegan algunos de los más destacados, y cierto, Brasil nunca me convenció del todo en este torneo, pero pana, ¿qué daño le estamos haciendo? Esto es como que yo me arreche con la gente que va al cine porque nunca han oído hablar de Goddard. Claro, irle a Brasil, por ejemplo, “porque son latinos, porque son los mejores, porque el tío del primo del ortodoncista que atiende a la vecina de mi mamá es brasileño” son excusas más que banales, y más aún justificar los insultos que nos han llegado de otros lados del mundo sin defendernos es inaceptable, pero piensen esto: yo me estoy tripeando el Mundial hasta el final, mientras ustedes siguen llorando en la esquina que si los árbitros, que si la envidia, que si la mala suerte, que si qué sé yo. Les respeto su posición, pero a los que lo hacen por malos perdedores (y mira que hay unos cuantos), nada, aguántense su chalequeo que su equipo no llegó. Yo tengo el añadido que el mío sí. 😉

Bien, como ya dije, otro Mundial al que sobrevivimos. Nos deja esa sensación de vacío, de temor que cuando llegue el domingo a las cinco de la tarde nos demos cuenta que ya se acabó. Nos queda el consuelo que en 2011 es la Copa América, en 2012 la Eurocopa, las ligas españolas, europeas y del Rey todo el año, y bueno de ahí a 2014 es una vainita. Mientras tanto, pana, empecemos a apoyar más a la Vinotinto, que si nos siguen demostrando que le están echando bola nos tenemos que terminar de convencer que no todo puede ser ganar y ganar. Ellos se merecen nuestro apoyo nada más por la bola que le están echando. (Y suena: ♫saber que se puede / creer que se pueda / pintaaaarseee la caraaaaa / color esperanza…♫) XD

¿Qué es lo que más recordarán ustedes de Sudáfrica 2010? ¿Cuál es el mejor sabor que les quedará? ¿Qué es lo que más quisieran olvidar?