Yo siempre celebraré ser periodista

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Las herramientas de mi trabajo, junto con el único carnet que nunca devolví y la copia de la Ley Mordaza. Lo que no se ve es que ahora casi todos son reemplazados por el celular con el que tomé la foto. (Aunque yo prefiero decir que los complementa.)

La primera vez que escribí sobre el Día del Periodista fue en 2008, cinco meses después de poder unirme oficialmente a la celebración. Va para diez años de ese primer escrito en este mismo espacio (antes en Blogger), y sin embargo tanto que escribí ahí sigue siendo tan cierto…

Sigue siendo increíblemente difícil ser periodista en el país. De hecho, permítanme corregir: ya no sólo es difícil, es increíblemente peligroso. De acuerdo con declaraciones del director de la ONG Espacio Público, Carlos Correa, entre el 31 de enero y el 31 de mayo hubo 367 agresiones en contra de periodistas, 67% de las cuales vinieron de efectivos de la Guardia y Policía Nacional Bolivariana, donde sus implementos de trabajo, bien sea cámaras, celulares, grabadores o todas juntas, son robados o destruidos. Además, cuenta 471 denuncias de violaciones a la libertad de expresión, que incluye el cierre de 31 medios de comunicación.

Siempre consideraré que la verdadera medida de democracia de un gobierno es cómo trata a su prensa independiente. Porque un gobierno autocrático no tiene interés en que la verdad sea revelada. Y cuando tu trabajo implica buscar esa verdad, pues automáticamente eres tratado como el enemigo. Era muy cierto en 2008, sigue siendo muy cierto hoy en día. (Sí, y no sólo lo digo por los gobernantes de este lado. Right, Mister President?) Y la política es “al enemigo ni agua”. Así que como tal será tratado. Por eso es que a pesar de los años poco ha cambiado.

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#GraciasGabo

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“Años después, frente a la pantalla del computador, Juan Carlo Rodríguez recordaría la primera vez que vio las palabras del Gabo hablarle, y lo poco que las comprendió entonces…”

Sabrán perdonar mi pequeña blasfemia. Pero como tantos otros latinoamericanos –en especial, periodistas latinoamericanos—Gabriel García Márquez es, y estoy seguro seguirá siendo, la fuente de la que bebemos a la hora de expresar nuestros pensamientos. Gracias a él, todos vivimos en Macondo, todos sonreímos al ver una mariposa amarilla, todos soñamos un poco más. Ahora que murió, a los 87 años de edad, como leí en Twitter, todos sentimos que perdimos un tío.

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El lente invertido

Resumen: Depende de cómo lo veas, Globovisión se está cayendo a pedazos, atacado por el régimen desde adentro, o se está adaptando a un nuevo formato: un medio equilibrado aunque aún crítico. Y lamentablemente, ahora los periodistas vuelven a ser noticia en vez de transmitirla. Las renuncias masivas del canal abren un nuevo debate sobre el papel que debería jugar el periodismo en un país donde los políticos ya son mal vistos por la población, y eres o no eres –una posición incómoda para una carrera que debe buscar la verdad, no la versión de las partes. ¿Que hay que ser crítico de un Gobierno que insiste en reprimir libertades? Pero por supuesto que sí. ¿Que en el proceso debes ser más Marta Colomina, menos William Echeverría? Con todo el respeto que merece la profesora, no gracias. Yo estudié periodismo, no ciencias políticas, por algo.

De eso trata el post que está abajo, pero en versión hiper condensada. Si estás conforme, quiero escuchar tu opinión, empezar un debate sobre el periodismo, así que te invito a dejar un comentario; no tienes que leer lo demás. Si quieres algo más, lee a tu propio riesgo. Me pongo un tanto personal, casi que controversial. No digas que no te advertí.

Justo antes de los eventos de abril de 2002, algo me iluminó de alguna manera para ir a alguna de las múltiples marchas/manifestaciones/bailoterapias que organizaba la oposición en aquel entonces. Y vi a Patricia Poleo recibir a una tropita de entusiastas jóvenes que le pidieron, cual estrella de rock, que les firmara su bandera. “¡Ay un autógrafo, un autógrafo!” Y yo recuerdo pensar, recién empezando la segunda carrera que hoy es mi profesión, “¿y eso desde cuándo?”

Poco antes, estaba dando clases de inglés en un instituto, al que iban muchos estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Santa María. Tienen mala fama injustificada; la mayoría tenían hasta trasnochos encima por la cantidad de trabajos que le mandaban, pero al menos tres sí se la ganaron; una me dijo que no le gustaba leer, “yo le quiero es ser fotógrafa”, y dos me dijeron que estaban en periodismo, mandibuleo descarado y demás, “ay teacher, yo quiero trabajar en televisión”. (¿Cosa insólita? Una terminó trabajando en el departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor cuando Juan Barreto.)

Lo querramos o no (y muchos lo quieren o no les importa), los periodistas hemos estado ocupando el centro del debate en esta Venezuela en que los partidos políticos le han fallado a la comunidad general. El gobierno del presidente Hugo Chávez –corrijo, el propio Chávez—apareció cuando los políticos estaban muy despegados de la realidad que vivían los electores, y durante cuatro años se encargó de reducirlos a la casi nada. Los únicos que se le podían enfrentar con cierto éxito eran los medios, y el chavismo los atacó sin piedad. Ya fueran leyes, ataques verbales o físicos. Algunos ejercieron la política sin ser políticos, como la propia Patricia, su papá Rafael. Otros sí la ejercieron de frente, como Alfredo Peña y José Vicente Rangel o, más adelante, Miguel Ángel Rodríguez. En mayor o menor medida, ser periodista en este país significaba que, quieras o no, ibas a estar metido en el debate político. Si hasta a María Laura García, periodista de salud, la criticaban por parecer ajena a la realidad política.

En medio de todo eso, estaba Globovisión. RCTV era casi tan radical como el Gobierno, pero al menos aún tenía series y telenovelas y Radio Rochela, mientras que Globovisión estaba dedicado casi exclusivamente a noticias. Digo “casi” porque cómo había editorial y opinión, tanto de invitados como de periodistas. Pero era un canal que cumplía con lo que prometía: informaba. No sé si siempre equilibradamente, pero ahí estaba su lente. “Radar de los Barrios”. “Aló, Ciudadano”. “Yo Prometo”. Hasta cierto punto, “Tocando Fondo”. Se volvió tan incómodo para el Gobierno que el único chavista que acudía a su sede era el que iba a protestar o a amenazarlos; acordarse que hasta Aristóbulo Istúriz tenía un programa allí era como recordar otra vida.

A Globovisión se le abrieron diez procedimientos administrativos en otros tantos años. Su cierre era casi siempre “inminente”. Las visitas de Lina Ron eran frecuentes, y en 2009 vino acompañada de lacrimógenas. Y aún así, seguía. El Gobierno nunca pudo lograr cerrarlos como sí lo hizo con RCTV, cuando se negó a renovarles su concesión.

Así que los compró. O al menos eso dicen las malas y no tan malas lenguas. La junta directiva nueva tiene al menos un integrante –Juan Domingo Cordero—que tiene relaciones al menos tangenciales con el Gobierno. La familia Zuloaga pidió un voto de confianza al personal para sus nuevos dueños. Eso fue hace cuatro meses. ¿Qué ha pasado desde entonces?

Sí hubo un cambio en la línea editorial, pues, en palabras del que sería su nuevo director, el veterano Leopoldo Castillo, ahora serían “de centro”. No más cobertura en vivo de los actos de Henrique Capriles; no más micros de “Usted Lo Vio” y “Aunque Usted No Lo Crea” o “Toques de Diana”, los editoriales de Diana Carolina Ruiz. “Aló, Ciudadano”, el programa de Castillo, seguía abiertamente crítico al régimen, ahora de Nicolás Maduro, pero el resto de la programación, aunque ciertamente aún tenía la cobertura de protestas, sucesos y denuncias de la oposición, le había “bajado dos”.

Hoy sólo Juan Eleazar Fígalo, Aymara Lorenzo, Julio César Pineda, José Vicente Antonetti y la propia Ruiz quedan de lo que fue “la vieja guardia”, al igual que Beatriz Adrián y Martha Palma Troconis, aunque ellas pasaron a segmentos “light”. Todos los demás, se fueron o “los” fueron. Casi todos anunciándolo por Twitter. Uno, Roberto Giusti, muy elocuentemente por su columna en El Universal, resumió bien lo que fue el último fin de semana, donde seis de sus periodistas estrellas –incluida mi compañera de promoción de la UCAB, Sasha Ackerman—fueron despedidos o renunciaron en menos de 24 horas.

Fue entonces cuando llegó la ola salvaje y montado sobre ella un torvo mensajero que apareció para aplicar el ácido. El proceso de “transición gradual”, dio paso a la “transición brutal”. “Aquí se acabó la (pendejada) del equilibrio” y volvieron a rodar las cabezas. Pero como yo sé que la mía está en juego y sólo me debo a la audiencia, a los receptores, a quienes creen en mi honestidad profesional, (que para mí son los únicos dueños del canal) les presento mi renuncia a partir de hoy porque en Globovisión no están dadas las circunstancias para hacer un periodismo libre.

Los más radicales podrían afirmar que esta era el plan del Gobierno. Total, Maduro seguía diciendo que Globovisión “seguía conspirando”. Quizá era la señal para poner nervioso a Cordero y a Raúl Gorrín, los nuevos dueños. Quizá sí sea cierto que le exigieron a Leopoldo Castillo irse por ocho meses por su enfermedad. Sí es cierto que le dijeron a Kico que era incómodo; después de todo, yo mismo lo entrevisté. Y entonces el Gobierno aplicó una de “si no puedes con ellos, cómpralos”. Al nunca poder doblegar al Globovisión viejo, decidieron crear la nueva Globovisión.

O quizá… sólo quizá…

Vladimir Villegas, uno de los nuevos talentos del canal, que rechazó la dirección por razones que expone en esta entrevista que bueno, también le hice yo, recuerda algo que yo había olvidado en su columna de El Nacional: José Domingo “Mingo” Blanco, quizá el último periodista del canal que entrevistó al hoy presidente Maduro, cuando era el diputado Maduro, fue despedido de ahí por una conversación que se hizo pública criticando al partido Acción Democrática. No hubo grandes reclamos o airadas “tuiteadas” entonces; Mingo pasó al olvido. Cuando salió del aire “Buenas Noches”, destaca Villegas, los mismos que insultaban a Leopoldo Castillo por quedarse en el canal, le aplaudieron su dignidad por renunciar el pasado viernes. Así está el país. O estás con ellos, o estás con nosotros. ¿Equilibrio? Para ingenuos o inocentones.

(Yo mismo lo viví hoy, cuando una amiga me dijo por Twitter que no vería la película Bolívar: El Hombre de las Dificultades porque no soporta a su protagonista, Roque Valero, por haberse declarado oficialista. ¿Será que se animará mi amiga a leer esta entrevista que le hiciera mi compañera Katian Castro? Eso espero.)

Así que, a riesgo de los insultos estoy seguro recibiría si fuera más conocido, suscribo la última parte de la columna de Villegas:

El momento actual de Venezuela reclama cambios en los medios tanto públicos como privados. El equilibrio, la presencia de todos los sectores y de todos los puntos de vista son imprescindibles.

(Bueno sería que insistiera en este equilibrio en los medios del Estado, doctor Villegas. Es ahí donde el equilibrio brilla más por su ausencia.)

Hoy otra vez, como en 2002, el lente está invertido hacia los que antes lo apuntaban. Hoy, los hombres y las mujeres de noticias son noticia ellos mismos. Unos, como Román Lozinski, lo lamentan; otros le darán la bienvenida. Yo soy uno de los que piensa que un periodista, más que objetivo, debe ser sincero: si no estás de acuerdo con tu Gobierno o tus jefes, debes decirlo. Pero aún debes ser objetivo: debes recordar que hay tu verdad, su verdad y LA verdad. VTV sólo muestra “su” verdad. ¿Globovisión mostraba LA verdad? (Opinión muy personal: en “Radar de los Barrios”, oh sí; en algunos otros, ¿sí?) Un periodista no debería estar en la palestra; debe decir lo que hay en ella.

Pero no puedes voluntariamente prestarte a ser un actor político. No puedes sencillamente alborotar lo más básico del ser humano para ganar pageviews y llamarte crítico del Gobierno, que es lo que considero hace el ex director de Globovisión, Alberto Federico Ravell, en La Patilla, un medio al que, aunque hay periodistas allí a los que respeto mucho, me parece que se regodea en sacar el animal que lleva el venezolano por dentro (¿”riqui riquita”? ¿En serio?). Porque si como político te comportas, no esperes que te traten como periodista. Por eso Carlos Escarrá no quiso atenderme cuando lo llamé estando en El Nacional. (Bueno, una de las razones. No hablemos mal de los que ya no están.) Por supuesto que no van a aceptarte entrevistas en Globovisión, si saben que la única forma de salirse de la andanada de preguntas en contra es acusarlos de golpistas. Es porque nunca hubo un equilibrio. Es porque era el único contrapeso verdadero al Gobierno. Es porque era la única ventana que quedaba para que la oposición se expresara libremente… y lo hacía cada vez que podía.

Quizá estoy siendo ingenuo, aún a mis 42 años de edad. Quizá esto sólo puede resolverse con peos de lado y lado. Tú me atacas, yo te ataco. El Gobierno insiste en un magnicidio sin presentar los detenidos; yo me burlo de tus contradicciones. Y así vamos. Armado con mi pluma o mi laptop o mi tableta o todos tres, yo soy el que va a ser tu vigilante, el que te va a mantener derechito. Ey, si el Washington Post pudo con Nixon… Ah pero eso era una democracia abierta. Los Papeles del Pentágono contribuyeron a detener Vietnam, Watergate a despedir a Nixon. El audio de Mario Silva logró… que se fuera Mario Silva.

O quizá (ya para terminar; bendita ignorancia mía de la síntesis), quizá este tuit de Mirelis Morales, una periodista a la que le tengo un gran cariño, es en lo que hay que pensar.  Ciertamente fue lo que inspiró este largo post.

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Y el tal Snowden, ¿es de los buenos o es de los malos?

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Todo este embrollo de Edward Snowden está peor que una novela de John LeCarré, hasta el punto que el protagonista central es un tipo inteligentísimo y reservado, cual George Smiley, con  la diferencia que en vez de espías y gobiernos sofisticados y discretos, tenemos a los tipos del ALBA. Ya a este punto, hay que decirlo: Snowden hasta dejó de ser el problema. Los países “anti imperialistas” lo están usando para atacar a EEUU y criticar su red de espionaje. Lo que Snowden pueda mostrar –y honestamente considero que debe mostrar— está rápidamente pasando a un segundo plano.

Pero es precisamente por ese desastre que vino después de la soberana estupidez de España, Italia, Francia y Portugal con el avión de Evo Morales que quizá se note el desespero de EEUU de traer a este tipo a juicio y callarle la boca (espero que no para siempre). Si de verdad EEUU exigió/convenció/sobornó/amenazó a esos países para que mandaran a detener el avión –y Bolivia dice que tiene pruebas que sí—en efecto ya Edward Snowden se puede considerar “enemigo público número uno”. Qué importan Ayman al Zawahiri y el resto de Al Qaeda, ¡este pana se tiene que callar la jeta!

¿Pero de verdad se justifica?

Lo primero que les pido es que vean la entrevista completa que Glenn Greenwald y la documentalista Laura Poitras para el periódico The Guardian. Creo que mucha gente ya hasta olvidó lo que el hombre explicó en esa entrevista con todo lo que ha pasado. Esta es la primera parte. (Si no salen los subtítulos automáticos, escójanlos en el botón “CC”.)

Ed Snowden interview, pt 1

Y esta es la segunda, con subítulos ya incrustados.

Ed Snowden interview, pt 2

Resumen: Ed Snowden trabajó en los niveles más altos como analista informático en la Agencia Central de Inteligencia y la Agencia de Seguridad Nacional, y vio cómo ambas agencias creaban una red masiva de vigilancia no sólo de los EEUU, que ya es bastante, sino de todo el mundo. En el caso de los celulares, se supone que pueden ver quién llama, quién atiende, a qué número y cuánto dura la llamada, pero no el contenido de esa llamada. Cuando tanto The Guardian como la revista alemana Der Spiegel revelaron los documentos que Snowden les entregó, Obama no sólo no lo negó; lo defendió.

Lo que puedo decir de forma inequívoca es que si eres una persona de Estados Unidos, la NSA no puede escuchar tus llamadas, no puede leer tus correos… y no lo han hecho. No pueden y no lo han hecho, por ley y por regla, a menos que – y usualmente no serían ellos, sería el FBI – vayan a una corte, obtengan una orden, y busquen una causa probable, de la misma forma que siempre ha sido.
-Barack Obama, durante una entrevista con Charlie Rose, 17/06/13

Snowden rechazó esa declaración, considerando que Obama “estaba defendiendo lo indefendible y lo sabía”, diciendo que la NSA puede escuchar lo que sea y lo ha hecho. Sin pedir una orden en la corte. Simplemente por la sospecha. Y aquí está la razón de por qué lo hizo.

No quiero vivir en una sociedad que haga esta clase de cosas. No quiero vivir en un mundo donde todo lo que hago y digo queda registrado. No es algo que estoy dispuesto a apoyar o bajo lo cual vivir.

Tengan en cuenta que este es un pana que ganaba unos 200.000 dólares al año, vivía en Hawaii y tenía una novia que ya La Patilla se encargó de mostrar en todo su esplendor. Se rehusó al anonimato porque está convencido que no hizo nada malo. Y ha sido claro: lo que quiere es un debate, que el mundo decida si quiere vivir así. Que tiene más documentos que podrían joder a alguien pero esa no es su intención. (Pueden leer los artículos de Greenwald para The Guardian aquí y aquí.)

Los años recientes han tenido varios casos con “whistleblowers” como Snowden. Los dos más notorios fueron los de Aaron Swartz y Bradley Manning, sin duda. Swartz, inventor del protocolo RSS y uno de los responsables por Creative Commons y Reddit, estaba a punto de ser enjuiciado por hacer público papeles académicos de la base de datos JSTOR del MIT, y se enfrentaba a 35 años de cárcel. Antes de enfrentarlo, Swartz decidió suicidarse. Manning, por su parte, es un soldado del ejército estadounidense quien admitió entregar material al sitio Wikileaks, el “hijo” de Julian Assange, y fue encarcelado tres años sin juicio, incluyendo 11 meses en solitario que hasta la ONU consideró bárbaro.

Por el trato a Manning, el papá de los informantes de EEUU, Daniel Ellsberg, considera que ya su juicio debería ser anulado. Ellsberg es el responsable de los Papeles del Pentágono, una serie de documentos clasificados que entregó en 1971 al New York Times donde se veía que el gobierno de Richard Nixon estaba pujando por seguir la guerra de Vietnam sin importar los costos. Ellsberg se entregó a las autoridades, salió bajo fianza, pudo hablar con los medios y en actos públicos en contra de la guerra y al final el juicio que se le abrió fue desechado porque el Gobierno le puso un micrófono de manera ilegal. Con razón Ellsberg dijo en una reciente columna del Washington Post que “Edward Snowden tomó la decisión correcta de irse del país”: “El país donde yo me quedé era un Estados Unidos diferente, hace mucho tiempo”.

Creo que ahí está el meollo del asunto. EEUU, aunque sigue teniendo una democracia relativamente sólida –un Congreso que limita las funciones del Presidente, un sistema electoral libre (aunque terriblemente anticuado), una libertad de expresión casi sin límites (y voy con ese “casi” en un momento)—ya no es la luz de la esperanza que fue en los 70 y 80, el sitio donde los perseguidos iban a buscar refugio. El 11 de Septiembre transformó, espero que no para siempre, a EEUU en un gigante paranoico, desconfiado y desesperado por más nunca recibir un golpe tan preciso, y por ello ha optado por comerse algunos derechos civiles básicos de privacidad y decencia en nombre de la Guerra en Contra del Terror.

Consideremos los escándalos que han surgido desde que las redes sociales son grandes: Abu Ghraib. Soldados orinando sobre el cadáver de un talibán. “Collateral Murder”, el video que hizo a Wikileaks famoso. Todo lo que Wikileaks ha sacado, desde ese video hasta los documentos diplomáticos. Las condiciones de la cárcel de Guantánamo y sus recientes alimentaciones forzadas a los prisioneros en huelga de hambre (el rapero y actor Yasiin Bey, mejor conocido como Mos Def, hizo un video para demostrar el procedimiento). Swartz. Manning. Snowden.

¿Lo que más me impresiona de todos estos escándalos? “El  público necesita decidir si estos programas y políticas están bien o mal”, dice Snowden en su entrevista. Pues, si al menos he de creerle a una encuesta de la revista TIME, ya decidió –y no le molesta (al menos el estadounidense). 48% de los encuestados están de acuerdo con el programa de vigilancia de la NSA, mientras que 44% no –una encuesta con un margen de error de +/-4%. O sea, el tema tiene a EEUU fuertemente dividido. Pero 63% considera que ha tenido algún o mucho impacto en garantizar la seguridad nacional, y 48% cree que el Gobierno sí logró el equilibrio adecuado entre proteger su privacidad y proteger su integridad física. (54% considera que Snowden hizo algo bueno, pero 53% considera que igualmente debe ser procesado por lo que hizo.)

¿Entonces? Al fin, Ed Snowden, ¿héroe patriota o villano traidor? Como siempre depende a quién le pregunten. Ciertamente cometió un crimen, haciendo públicos documentos clasificados, lo que contraría el acuerdo de confidencialidad que indudablemente firmó al ser empleado tanto por la CIA como la NSA. ¿Lo que ha revelado podría poner en peligro al país? Creo que a estas alturas, no más de lo que EEUU representa para sí mismos. “Tierra de los libres, hogar de los valientes” suena a algo cada vez más vacío. Y lo digo con dolor, pues es mi país de nacimiento. Pero da dolor ver cómo ha degenerado en los últimos años, cómo su maquinaria gubernamental se ha convertido en lo que tanto ha dicho combatir. Y es una maquinaria que ningún Presidente, no importa lo bien intencionado que sea, tendrá facilidad en desmontar. Y en muchos casos, quizá ni siquiera tenga la disposición de hacerlo.

De modo que Ed Snowden ahora no le queda otro remedio más que buscar asilo en algunos de los países donde la libertad de expresión es un poco cuestionada, como lo son Ecuador, Bolivia y Venezuela, con sus respectivas leyes que limitan la prensa libre. Precisamente porque los tres son tan contrarios a EEUU es que Snowden tenía en ellos su mejor opción de asilo, y como dije al principio, les ha dado las mejores herramientas para continuar atacándolo. En el caso nuestro, es particularmente divertido que el presidente Nicolás Maduro critique a EEUU de espiar “a todo el mundo” cuando ya es bien sabido que todos los principales líderes opositores del país tienen sus celulares e incluso sus casas pinchados, como demostró el reciente caso de la diputada María Corina Machado.

Repito: ¿y entonces? ¿Héroe o villano? Depende a quién pregunten. ¿Me preguntan a mí? No sé si héroe, pero hizo lo correcto. Rompió la ley, sí, pero expuso lo feo que está todo. Lo malo es que, para seguir exponiéndolo, tiene que meterse en la cama con los villanos. De todos modos, rompiendo la ley es a veces la forma que las sociedades avanzan, citando este artículo (en inglés) del blog Thoughtcrime:

Imaginen que haya una realidad alterna distópica donde la defensa de la ley fuera 100% efectiva, de tal manera que cualquiera que potencialmente rompiera la ley supiera que sería inmediatamente identificado, aprehendido y encarcelado. Si una defensa perfecta de la ley fuera una realidad en Minnesota [que acaba de legalizar el matrimonio homosexual, luego de leyes de sodomía que hacían a la propia homosexualidad ilegal desde 2001], Colorado y Washington [que acaban de legalizar el uso de marihuana] desde su fundación en los años 1850, parece muy poco probable que estos cambios recientes hubieran sucedido. ¿Cómo se habría decidido que la marihuana debía ser legal, si nadie nunca la habría usado? ¿Cómo habrían podido decidir los estados que el matrimonio entre gente del mismo sexo debería ser permitido, si nadie hubiera visto o participado en una relación homosexual?

En estos casos sé que depende a quién le pregunten. Pero los dejo con ese pensamiento: rompiendo la ley es a veces como muchas sociedades avanzan. Si no, ustedes aún tendrían esclavos.

Un poquito extra: Por supuesto, si quieren leer un poquito más sobre el caso Snowden, hay cualquier cantidad de artículos en inglés y en español en todos lados. Pero hay un par de cosas relacionadas que me gustaría compartir con  ustedes que me parecen interesantes.

  • The Most Dangerous Man In America es un documental sobre Daniel Ellsberg nominado al Oscar que mucho les recomiendo, no sólo por su calidad sino para que hagan el contraste de los EEUU de 1971 y los de ahora. Por supuesto que está disponible en su proveedor de torrents preferido, pero si son suscriptores de Netflix también está disponible allí.
  • Kieran Haley, un profesor de sociología de la Universidad de Duke, tomó los datos que Edward Snowden reveló de PRISM, el programa de vigilancia que la NSA usa para recolectar metadata de las comunicaciones de los estadounidenses, y la aplicó sólo en las listas de membrecía de varias organizaciones del área de Boston en la década de 1770. Sólo con eso, el nombre de Paul Revere, quizá el nombre más famoso de la Revolución Estadounidense, sale sin ningún problema. En esencia, pareciera que si este sistema hubiera estado en sitio en los tiempos de Paul Revere, EEUU aún sería una colonia británica. (“Rompiendo la ley…”, dije antes…)
  • ¿Por qué no cierra Guantánamo? Por muchas razones. He aquí algunas. Y otras. Aunque un artículo de TIME lo dice sin tapujos: Guantánamo jamás cerrará.
  • Isabel Lara es una periodista residenciada en Washington, hija de la internacionalista Maruja Tarre, que una vez escuchó una llamada privada entre ella y su madre salir tanto en “La Hojilla” como en “Dando y Dando”. Lo cuenta todo en Boing Boing (en inglés).

Equilibrio: lo más difícil

url1Yo no bloqueo gente en Twitter. El grupo del pajarito azul es una plataforma abierta, donde uno puede y debería encontrarse con gente de todos los colores de la vida y aprender a hablar con ellos, de manera constructiva, tranquila y sobre todo abierta. Todo el mundo tiene derecho a su opinión, un cliché que creo se está olvidando en nuestras sociedad.

 

Pero hoy bloqueé a una persona (obviamente no esperen que la mencione) que, mientras critica fuertemente a este gobierno, se empeña en usar las mismas tácticas que él: despreciando a quienes no opinan o piensan igual, refiriéndose con desprecio a otros y, lo peor, celebrando la muerte de cada miembro del gobierno (la más sonora fue cuando murió Luis Tascón). Allá ella y su odio por los demás, allá ella y su radicalismo. Intolerante contra la intolerancia.

 

Admito que luego me arrepentí un poco –total, no es como si le hice un gran daño por bloquearla, de seguro hasta risa le dio—sobre todo porque creo que caí en su juego. Pero en esta sociedad, ser equilibrado es cada vez más difícil, al punto que empiezo de verdad a preocuparme por el destino del país. Gente que se mata entre sí sólo porque se les atravesó en la calle, gente que no contempla bloquear un acceso y se queja porque le reclamas, diciendo “ay gran vaina eran dos minutos”, y ni empiecen a hacerme hablar del Metro. Muchos sufren de una agresiva apatía: queremos buscar el camino más rápido para lograr lo que queremos, así signifique pasar por encima de los demás. Y el pensamiento general parece ser: “Mientras yo esté bien, ¿qué me importan los demás?”

 

En mi carrera, siempre existirá el debate de la objetividad: el periodista no se puede involucrar, limitarse a reportar los hechos, no ser la historia. Hay tantos que se han olvidado de eso, bien sea haciéndole venias al Gobierno (criticable sin importar quién esté en Miraflores) o convirtiéndose en actores políticos abiertamente. Y muchas veces, se defienden diciendo “no hemos sido nosotros quienes hemos iniciado el conflicto”. ¿Se acuerdan cuando eran niños, peleábamos con nuestros hermanos y nos defendíamos diciendo  “él empezó”? Es cierto, los periodistas no podemos dejar de ser ciudadanos preocupados por nuestra situación, pero prestarnos a inclinar la balanza a favor de una u otra tendencia es reprobable.

 

Esa ética del periodista es necesaria en este país tan convulsionado, donde gente tan radical está en el poder y quiere tumbarlo. Debemos todos entender que siempre habrán tres verdades: la mía, la del otro y la que es. Mientras tanto, debemos entender que no porque A tiene una opinión distinta a B quiere decir automáticamente que los dos están equivocados; simplemente hay que escuchar más, tolerar más. Tratemos de ser interdependientes como sociedad, como país, como persona, donde entendamos de una vez que no vamos a avanzar como país hasta que estemos TODOS bien, no si el pequeño círculo que nos rodea es el único que está bien.

 

A casi diez años desde el momento en que tomé la decisión de estudiar esta carrera, que me ha permitido acercarme a una realidad venezolana que desconocía, me ha enseñado a comunicarme mejor con la gente y una larga lista de otros beneficios y bendiciones, aprovecha el Día del Periodista para pedirle a Venezuela que “le baje dos”, que dejemos los pleitos, que entendamos que ceder ante el otro o respetar las reglas no nos hace pendejos ni huevones.

 

A todos mis colegas, los que estudiaron conmigo y los que admiro, a todos mis profesores (Acianella, Néstor, Juan Ernesto, Antonio, Fernando, Sebastián), a todos mis jefes (Lisbeth, Lorena, Antonio otra vez), que siempre nos sintamos orgullosos de esta profesión que escogimos, y que nunca dejemos de trabajar por hacer de este país uno mejor.

 

¡Feliz día, colegas!

Donde tiranía y democracia son hermanas

Portada de Leviathan de Thomas Hobbes

En agosto del año pasado, Twitter cambió la manera en que se hacen los retweets —el equivalente al “forward” en un correo, cuando se repite un mensaje  colocado por otra persona— desde la Web, construido directamente en la arquitectura del sitio. El gran problema: ahora si hacías RT desde la página de Twitter, no podías incluir ningún comentario adicional al tweet en cuestión. Como reportó la revista Wired en su número de octubre de 2009, los usuarios, básicamente, le reclamaron a Twitter por haberse atrevido a interferir con… Twitter, pues. Lo hicieron con toda razón: el RT es una creación de los usuarios, no de Twitter.

Ese ejemplo sirve para que entendamos en qué situación está Internet en la actualidad. Para nosotros “adultos contemporáneos” que vimos Internet nacer, la red de redes empezó como una novedad, simplemente otro medio de comunicación mientras comprábamos CD’s, hablábamos por teléfono, íbamos al cine, leíamos el periódico o hasta veíamos nuestro correo (electrónico). Sólo podía usarse una hora al día por los costos y la conexión, nadie podía hablar por teléfono mientras estábamos conectados, y eran las empresas Punto-Com (sí, esto era antes de 2000) las que ofrecían los contenidos.

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Y así es como fue: Walter Kronkite

En mi carrera como periodista, hubo dos figuras mundiales que unoWalterCronkite1-799355 siempre trataba de admirar, tratando de modelar la carrera tras ellos. Uno era Rysard Kapucinsky, un reconocido reportero y escritor que prácticamente escribió el libro sobre periodismo integral y era un ejemplo a seguir en cuanto a su ética de trabajo, amén de haber educado a miles de jóvenes periodistas por la Fundación Nuevo Periodismo, creada por Gabriel García Márquez. Cuando el tío Kapu, como era cariñosamente llamado, murió en 2007, creo que sólo había un periodista con la misma clase de integridad, respeto y nobleza que él, aunque sin el reconocimiento mundial. Ayer, día de mi cumpleaños, a las 7:48 pm, hora de Nueva York, ese otro periodista murió a los 92 años: Walter Cronkite.

Quizá los venezolanos no lo conozcamos tan bien, pero Cronkite fue muchas veces llamado “el hombre más confiable de Estados Unidos”. Tal era su imagen de integridad periodística que fue el responsable del término “ancla” para describir al narrador de noticias principal en u noticiero de televisión (imaginen la versión menos politizada de Leopoldo Castillo en Venezuela), una posición que sostuvo frente al noticiero de la CBS durante 19 años. En esas casi dos décadas, Cronkite fue testigo –y muchas veces anunciante—de algunos de los más duros momentos en la historia: los asesinatos de John F. Kennedy y Martin Luther King, el arribo del hombre a la Luna, la guerra de Vietnam. Tal era su influencia y su credibilidad que, al transmitir escenas del combate diario en Vietnam durante el noticiero, y frente al creciente rechazo por parte de la población, el presidente Lyndon Johnson dijo: “Si he perdido a Walter Cronkite, he perdido a la clase media norteamericana”.

Ahora que Cronkite se ha despedido para siempre, creo que es un buen momento para que nosotros los comunicadores preguntarnos cuánto realmente se ha perdido la ética en nuestra profesión, o cuánto la situación nos ha obligado a ser más abrasivos ante las situaciones políticas del país. Cronkite , a pesar de su posición en contra de la guerra de Vietnam y contra las drogas, jamás perdió el respeto que le tenían incluso los políticos que él criticaba. Cierto, no somos nosotros los únicos que tenemos que poner de nuestra parte, pero, ¿cuándo realmente empezaremos a tratar de contribuir a voltear la tortilla de la intolerancia que hay en el país?

And that’s the way it is.

Les dejo algunos momentos de la carrera de este extraordinario hombre. Que en paz descanse.

Es lo mínimo que se puede

Más de uno me comenta –incluso los que me felicitan– es que no hay nada que celebrar el Día del Periodista. El año pasado cerraron la señal pública de RCTV; este año aparece asesinado Javier García. Y si a ver vamos, desde hace un buen tiempo ejercer periodismo en Venezuela es casi como ejercerlo en Irak. En especial si, como yo, trabajas en un medio adverso al régimen de turno. Pero díganme algo, ¿cuándo ha sido fácil ejercer esta carrera?

Empecemos por lo más básico: en la mayoría de los casos, los periodistas tenemos un sueldo mediocre. Eso nos obliga a buscarnos varios trabajos. Hasta donde yo sé, acá en Venezuela el récord lo lleva Rafael Osío Cabrices, quien tiene una columna en la revista Todo En Domingo, ha escrito dos libros (sin incluir la recopilación de dicha columna), colabora con varias otras publicaciones (como El Librero), y en algún momento tuvo dos blogs. Todo por tratar de llevar un estilo de vida más o menos cómodo.

Luego está el hecho de que cómo nos ven algunas de las otras carreras en la universidad. Yo tuve que lidiar en más de una ocasión con la arrogancia de estudiantes de ingeniería que incluso llegaron a decir que la nuestra no es una carrera, es un curso largo. O que decían que uno sólo estudia comunicación para salir en televisión (algo que lamentablemente es cierto, pues me lo han dicho estudiantes de comunicación…)

Por último, llover sobre mojado: no es nada fácil ejercer una carrera donde el Presidente, la gente del Gobierno y los que los apoyan buscan cualquier excusa para lanzarnos alguna bolsa de bosta. Si no trabajas para Vea o VTV, entonces eres un tarifado, un enemigo de los pobres, un imperialista, un oligarca. Qué importa que muchos de esos periodistas trabajen hasta más duro que muchos de los que reciben limosnas; igualito los llaman “niños ricos”. También hay ataques de fuentes que nos deberían más bien defender, pero esa es un área que no me conviene tocar.

No olvidemos algo que parece obvio: cuando es día bancario, los bancos están cerrados. Pero nosotros no podemos esperar que en un día no suceda nada, para que nosotros descansemos. Mírenme a mí, aquí estoy, trabajando.

Entonces, ¿qué rayos hay que celebrar hoy? Pues el hecho de ser periodistas, digo yo.

Uno no entra en esta carrera por volverse rico. Uno se mete porque cree que puede aportar a hacer el mundo mejor (¿no es por lo que lo hace cualquiera?). Porque eso de trabajar con ese tan escurridizo concepto como es “la verdad”, es algo fascinante. Por mi parte, es trabajar con conocimiento, con información, con la posibilidad de fomentar la comunicación entre los semejantes. Para mí hay pocas cosas tan sabrosas que sentarme con alguien y sacarle alguito a esa cabeza, saborear un pedazo de esa vida, conocer una vida distinta a la mía.

Ser periodista, en el sentido idealista del asunto, es trabajar no por reconocimiento propio, sino por la gente que nos lee/oye/ve. Es ser los ojos de los que no ven y la voz de los que no hablan. Si no hubieran medios de ninguna especie, ¿cómo te enteras de lo que sucede? ¿Cómo tomas decisiones sobre tu vida sin información? ¿Cómo evitas los peligros?

Entonces sí, que nos feliciten hoy, Día del Periodista. Quizá no haya mucho que celebrar, pero sí que jode para conmemorar, y absolutamente nada que olvidar. Felicítennos, que eso es lo único que nos queda y lo mínimo que pueden hacer, jejejeje.