La libertad de elegir, siempre

crossroads
Hoy día de elecciones regionales en Venezuela, les quiero plantear algo breve. La economía en este país se puede recuperar en un lapso de entre cinco y siete años. Me lo han dicho expertos en economía en diversos grados de optimismo, planteándome las más diversas razones. Por supuesto que todo empieza con un cambio, bien sea de las políticas de Gobierno, o (más idóneo, en mi opinión) con un cambio de Gobierno en sí.
¿Qué pensó usted cuando leyó ese párrafo?
Me imagino si alguien plantea eso en una reunión de gente opuesta al Gobierno (gracias a Dios la mayoría en este país, y lo digo objetivamente y con cifras a la mano). Como se está en la actualidad, casi irremediablemente caería en alguna discusión. Alguien dice el “nah, no creo eso”. Sano disentimiento, está bien. Lamento el pesimismo, pero es normal, hasta comprensible. “¿Por qué no? Suena razonable”, podría ser la respuesta.  Y:
–Este país ya está perdido. Aquí sólo se arreglarán las cosas cuando los culpables estén muertos. Y eso puede ser de aquí a cincuenta años. (Cito una frase que escuché alguna vez en la calle.)
–Ay tú siempre tan pesimista.
–Realista más bien, allá tú que quieres seguir pensando en pajaritos preñados.
–O quizá sí quiero mejor para mi país y estoy dispuesto(a) a trabajar por él. Quizá prefiero eso a irme a Miami o a Colombia y criticar desde allá en vez de echarle bola aquí.
–Aquí no hay nada por qué trabajar.
–¿Y entonces qué propones? ¿Que le dejemos el país a los criminales y vagos sin pelear por él?
–‘Y ti qui pripinis’, esa bendita pregunta. No soy yo el/la que tiene que proponer, ese no es mi trabajo ni mi posición…
Y así va. No tarda nada en salir alguno de los divertidos calificativos que tanto abundan en Twitter, tipo “MUDlieber” o “guerrero del teclado”. Nadie tiene libertad de escoger porque el otro ya lo está insultando por criticar su posición, y el que tomó la decisión insiste en que el otro es un idiota por no tomar la misma. Y seguimos peleando entre nosotros.
Y el Gobierno se ríe. Divide and conquer. Divide y vencerás.
Antes de seguir, esta es mi opinión: Yo ejerceré mi derecho al voto hoy con el pañuelo en la nariz, y aún así estoy seguro que no podré quitar el hedor que el Consejo Nacional Electoral y el aquelarre que lo dirige emite. Sé que no estoy convalidando ninguna Asamblea Nacional Constituyente porque estas elecciones están en la Constitución, no en una ANC absolutamente ilegítima que ni yo ni ningún gobernador opositor puede reconocer ni podrá si quiere tener carrera política, como ya han hecho perfectamente claro. No lo considero como una burla a todos los países que han apoyado a la oposición en los meses desde que empezaron las protestas, ni a los que están considerando nuevas sanciones al Gobierno, porque esos países precisamente han rechazado las acciones del Gobierno por antidemocráticas, muy al contrario de las acciones de la oposición. Abstenerse es un derecho, pero es un juego absolutamente macabro que es el origen de todos estos males: por abstenernos en 2005 es que tenemos el país de ahorita y que nadie me diga lo contrario. Voy absolutamente consciente que algún fraude cometerán en algún estado (o varios) porque saben que tienen varias de perder (no todas, no con la fuerza bruta que aún tienen) pero la opción –más sangre, más muerte, más posibilidades de guerra civil– no me atrae nadita, y honestamente no veo ningún otro escenario. (¿Maduro renunciando? ¿Really? Ni yo soy tan optimista. Y yo a estas alturas, como muchos, dudo fuertemente que sea él el principal problema). No creo que sea una pérdida de tiempo ni dinero porque lo más probable es que el Gobierno termine instalando un gobierno paralelo, como sí hizo con la Alcaldía Mayor al instalar el Gobierno del Distrito Capital, pues me pregunto, ¿cuál ha sido la efectividad de Corpomiranda, básicamente un intento de gobernación paralela en el estado Miranda, a cargo de Elías Jaua, por dar un solo ejemplo? Y tampoco creo que sea un insulto a los cientos de muertos que hubo en las protestas entre abril y julio. Es cierto, ellos murieron, no para que algún opositor gane un puesto en una gobernación, sino para un  mejor país. Ellos se merecen un mejor país, donde sus hermanos menores, compañeros de clase, familia y demás amigos puedan crecer en paz… si escogen quedarse en él.
Un estudio reciente indica que más de un tercio de la población venezolana está pensando en irse o ya tiene planes concretos para hacerlo. Cada día es una despedida nueva, una familia dividida de nuevo, y un país que pierde otra posibilidad de reconstruirse luego que todo termine (porque va a terminar). Pero eso quiere decir que aún hay mucha gente que escoge no irse. Gente que considera que lo mejor es quedarse a tratar de salvar lo que puedan. O que su forma de vida, aunque igualmente se ha visto afectada –no conozco a nadie lo bastante acomodado para que me diga que su vida no se ha visto afectada– aún le permite quedarse aquí.
Luis Carlos Díaz, eterna presencia en redes sociales, siempre lo dice:  si te puedes ir, bien. Si te puedes quedar, bien también. El irse o quedarse es una decisión absolutamente personal. No es irresponsable querer quedarse, ni es de cobarde querer irse. Es que has ponderado tus opciones y capacidades, consideras cómo te las has visto, y tomas acciones. En esta época de Internet, algunos sienten –sentimos– que siempre se nos está preguntando nuestra opinión, y por eso escribimos un tuit, hacemos un hilo de ellos, o escribimos un post. Otros responderán a esa opinión, y así. Lamentablemente, otros insultarán esa opinión, pero a eso nos arriesgamos. Así es la democracia. La que aún existe en algunos lados, si no en el país en general.
Yo puedo entender eso. Puedo entender la creciente frustración de todo el mundo ante una solución final que no termina de llegar, que tiene que ser un cambio de gobierno. Más aún con una coalición opositora como es la Mesa de la Unidad democrática que no pareciera nunca tener un plan B. No les perdono que no hayan mostrado cómo reaccionar si en efecto la bendita ANC se instalaba a pesar de las protestas. Es necesario también trabajar que siempre sean los mismos que van a las candidaturas de lo que sea, que es por lo cual la mayoría de los candidatos que hay hoy para gobernadores sean además diputados. Esa forma de hacer política necesita empezar a cambiar y empezar ya.
Y también tiene cambiar la arrogancia de “yo sé más que tú y eres un idiota si no piensas como yo”.
Todos estamos grandecitos, por más que yo piense que colectivamente nos comportamos como adolescentes que pensamos menos con la cabeza y más con el corazón, así que debemos poder aguantar las críticas más duras sin molestarnos, y saber ignorar los insultos (jamás tolerarlos). Pero no esperes que te hagan caso si con lo que respondes es con insultos. ¿Que te parece una estupidez lo que este o el otro tuiteó? Es tu derecho. Hasta yo he caído en el juego de llamar al otro “trol” porque lo único que hace es criticar posiciones sin ofrecer alternativas. Pero  bueno, si no quiere o no sabe ofrecerlas, ese es rollo suyo.
Una necesidad sin equa non del ser humano es tener la libertad de elegir, no importa lo limitadas que sean sus opciones. Si quitas la libertad de elegir, quitas un derecho inalienable. El que siempre ha preferido quedarse en el país tiene todo el derecho a irse si consigue la oportunidad (¿ya oyeron el episodio de Radio Ambulante con el periodista Sinar Alvarado?); el que siempre ha planeado irse tiene opción a quedarse si consigue un trabajo que lo mantenga aquí. Quedarse no es sinónimo de muerte; irse no es sinónimo de salvación. Hoy tenemos otra posibilidad de elegir, y no sólo es elegir entre el continuismo o el cambio (mi elección) sino entre votar o abstenerse (una opción peligrosa, pero opción al fin). Y todos correremos con las consecuencias de nuestra elección. Mañana habrán responsables de las acciones que se tomaron o se dejaron de tomar, habrán culpables de los errores. Pero espero que también hayan conciencias tranquilas pues consideran que hicieron lo correcto.
En cinco años se recupera la economía. De eso estoy seguro. Pero considero igual de importante empezar a recuperar la capacidad de dejar de insultar al que piensa distinto. Recuperarnos como sociedad, dejar la agresividad, sí tomará más tiempo. Y de eso sí no dependemos del gobierno de turno. De hecho, es al revés.

Juan Carlo Rodríguez

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Los últimos 15 días

Un manifestante devuelve una bomba lacrimógena a la Guardia Nacional durante una protesta en Caracas. / AFP PHOTO / Juan Barreto
AFP/Juan Barreto

Mientras escribo esto, las protestas en Caracas están cumpliendo 15 días sin parar, aunque en opinión de muchas agencias de noticias, están bajando en intensidad, sin duda en parte por las festividades de Carnaval, que se ganaron dos días adicionales cortesía del presidente Nicolás Maduro, quien decidió decretar el 27 de febrero no laborable por los 25 años del “Caracazo”, y luego el 28 porque… puede, pues.

Claro, eso no es nada si lo comparamos con San Cristóbal. Las historias que salen de ahí hablan básicamente de una ciudad en guerra, que empezaron con protestas el pasado 4 de febrero, cuando una joven estudiante de la Universidad de los Andes sufrió un intento de violación y robo cerca del campus. Los estudiantes salieron a protestar, exigiendo al gobernador, José Gregorio Vielma Mora, mayor protección, y su respuesta fue mandarle la Guardia Nacional a dispersarlos. Desde entonces no han parado; los hechos del 12 de febrero sólo le dieron a los “gochos” nuevas razones para protestar; muchos negocios tienen 10 días sin abrir, y el transporte público cesó, por las barricadas (“guarimbas”, en lnguaje oficialista”), marchas y choques con la GNB. Ya es tal que el Gobierno debió enviar el batallón de paracaidistas. Vielma Mora brevemente se quejó de los excesos, hasta dijo que debía liberarse a Leopoldo López, y a la noche estaba gritando el guión de golpe de estado. Eso no detiene a la fuerza gocha, que ya incluso empezó a agarrarla con los símbolos más sagrados del chavismo. No andan jugando carrito, como quien dice.

Las protestas en Caracas han sido multitudinarias, sin duda, como In Focus demuestra esta semana. Una concentración cuando Leopoldo se entregó a las autoridades (mis cojones que negoció con el Gobierno, y ellos lo saben) debe haber excedido las 200.000 personas. Mínimo 100.000. Una multitudinaria concentración el sábado 21, a la que asistí, ocupó más de cinco kilómetros, desde Petare hasta Parque del Este. La gente se ha movilizado, sin duda. Aquí también han salido las barricadas, como siempre han salido desde 2004, en lo mismos sitios.

En. Los mismos. Sitios.

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El lente invertido

Resumen: Depende de cómo lo veas, Globovisión se está cayendo a pedazos, atacado por el régimen desde adentro, o se está adaptando a un nuevo formato: un medio equilibrado aunque aún crítico. Y lamentablemente, ahora los periodistas vuelven a ser noticia en vez de transmitirla. Las renuncias masivas del canal abren un nuevo debate sobre el papel que debería jugar el periodismo en un país donde los políticos ya son mal vistos por la población, y eres o no eres –una posición incómoda para una carrera que debe buscar la verdad, no la versión de las partes. ¿Que hay que ser crítico de un Gobierno que insiste en reprimir libertades? Pero por supuesto que sí. ¿Que en el proceso debes ser más Marta Colomina, menos William Echeverría? Con todo el respeto que merece la profesora, no gracias. Yo estudié periodismo, no ciencias políticas, por algo.

De eso trata el post que está abajo, pero en versión hiper condensada. Si estás conforme, quiero escuchar tu opinión, empezar un debate sobre el periodismo, así que te invito a dejar un comentario; no tienes que leer lo demás. Si quieres algo más, lee a tu propio riesgo. Me pongo un tanto personal, casi que controversial. No digas que no te advertí.

Justo antes de los eventos de abril de 2002, algo me iluminó de alguna manera para ir a alguna de las múltiples marchas/manifestaciones/bailoterapias que organizaba la oposición en aquel entonces. Y vi a Patricia Poleo recibir a una tropita de entusiastas jóvenes que le pidieron, cual estrella de rock, que les firmara su bandera. “¡Ay un autógrafo, un autógrafo!” Y yo recuerdo pensar, recién empezando la segunda carrera que hoy es mi profesión, “¿y eso desde cuándo?”

Poco antes, estaba dando clases de inglés en un instituto, al que iban muchos estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Santa María. Tienen mala fama injustificada; la mayoría tenían hasta trasnochos encima por la cantidad de trabajos que le mandaban, pero al menos tres sí se la ganaron; una me dijo que no le gustaba leer, “yo le quiero es ser fotógrafa”, y dos me dijeron que estaban en periodismo, mandibuleo descarado y demás, “ay teacher, yo quiero trabajar en televisión”. (¿Cosa insólita? Una terminó trabajando en el departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor cuando Juan Barreto.)

Lo querramos o no (y muchos lo quieren o no les importa), los periodistas hemos estado ocupando el centro del debate en esta Venezuela en que los partidos políticos le han fallado a la comunidad general. El gobierno del presidente Hugo Chávez –corrijo, el propio Chávez—apareció cuando los políticos estaban muy despegados de la realidad que vivían los electores, y durante cuatro años se encargó de reducirlos a la casi nada. Los únicos que se le podían enfrentar con cierto éxito eran los medios, y el chavismo los atacó sin piedad. Ya fueran leyes, ataques verbales o físicos. Algunos ejercieron la política sin ser políticos, como la propia Patricia, su papá Rafael. Otros sí la ejercieron de frente, como Alfredo Peña y José Vicente Rangel o, más adelante, Miguel Ángel Rodríguez. En mayor o menor medida, ser periodista en este país significaba que, quieras o no, ibas a estar metido en el debate político. Si hasta a María Laura García, periodista de salud, la criticaban por parecer ajena a la realidad política.

En medio de todo eso, estaba Globovisión. RCTV era casi tan radical como el Gobierno, pero al menos aún tenía series y telenovelas y Radio Rochela, mientras que Globovisión estaba dedicado casi exclusivamente a noticias. Digo “casi” porque cómo había editorial y opinión, tanto de invitados como de periodistas. Pero era un canal que cumplía con lo que prometía: informaba. No sé si siempre equilibradamente, pero ahí estaba su lente. “Radar de los Barrios”. “Aló, Ciudadano”. “Yo Prometo”. Hasta cierto punto, “Tocando Fondo”. Se volvió tan incómodo para el Gobierno que el único chavista que acudía a su sede era el que iba a protestar o a amenazarlos; acordarse que hasta Aristóbulo Istúriz tenía un programa allí era como recordar otra vida.

A Globovisión se le abrieron diez procedimientos administrativos en otros tantos años. Su cierre era casi siempre “inminente”. Las visitas de Lina Ron eran frecuentes, y en 2009 vino acompañada de lacrimógenas. Y aún así, seguía. El Gobierno nunca pudo lograr cerrarlos como sí lo hizo con RCTV, cuando se negó a renovarles su concesión.

Así que los compró. O al menos eso dicen las malas y no tan malas lenguas. La junta directiva nueva tiene al menos un integrante –Juan Domingo Cordero—que tiene relaciones al menos tangenciales con el Gobierno. La familia Zuloaga pidió un voto de confianza al personal para sus nuevos dueños. Eso fue hace cuatro meses. ¿Qué ha pasado desde entonces?

Sí hubo un cambio en la línea editorial, pues, en palabras del que sería su nuevo director, el veterano Leopoldo Castillo, ahora serían “de centro”. No más cobertura en vivo de los actos de Henrique Capriles; no más micros de “Usted Lo Vio” y “Aunque Usted No Lo Crea” o “Toques de Diana”, los editoriales de Diana Carolina Ruiz. “Aló, Ciudadano”, el programa de Castillo, seguía abiertamente crítico al régimen, ahora de Nicolás Maduro, pero el resto de la programación, aunque ciertamente aún tenía la cobertura de protestas, sucesos y denuncias de la oposición, le había “bajado dos”.

Hoy sólo Juan Eleazar Fígalo, Aymara Lorenzo, Julio César Pineda, José Vicente Antonetti y la propia Ruiz quedan de lo que fue “la vieja guardia”, al igual que Beatriz Adrián y Martha Palma Troconis, aunque ellas pasaron a segmentos “light”. Todos los demás, se fueron o “los” fueron. Casi todos anunciándolo por Twitter. Uno, Roberto Giusti, muy elocuentemente por su columna en El Universal, resumió bien lo que fue el último fin de semana, donde seis de sus periodistas estrellas –incluida mi compañera de promoción de la UCAB, Sasha Ackerman—fueron despedidos o renunciaron en menos de 24 horas.

Fue entonces cuando llegó la ola salvaje y montado sobre ella un torvo mensajero que apareció para aplicar el ácido. El proceso de “transición gradual”, dio paso a la “transición brutal”. “Aquí se acabó la (pendejada) del equilibrio” y volvieron a rodar las cabezas. Pero como yo sé que la mía está en juego y sólo me debo a la audiencia, a los receptores, a quienes creen en mi honestidad profesional, (que para mí son los únicos dueños del canal) les presento mi renuncia a partir de hoy porque en Globovisión no están dadas las circunstancias para hacer un periodismo libre.

Los más radicales podrían afirmar que esta era el plan del Gobierno. Total, Maduro seguía diciendo que Globovisión “seguía conspirando”. Quizá era la señal para poner nervioso a Cordero y a Raúl Gorrín, los nuevos dueños. Quizá sí sea cierto que le exigieron a Leopoldo Castillo irse por ocho meses por su enfermedad. Sí es cierto que le dijeron a Kico que era incómodo; después de todo, yo mismo lo entrevisté. Y entonces el Gobierno aplicó una de “si no puedes con ellos, cómpralos”. Al nunca poder doblegar al Globovisión viejo, decidieron crear la nueva Globovisión.

O quizá… sólo quizá…

Vladimir Villegas, uno de los nuevos talentos del canal, que rechazó la dirección por razones que expone en esta entrevista que bueno, también le hice yo, recuerda algo que yo había olvidado en su columna de El Nacional: José Domingo “Mingo” Blanco, quizá el último periodista del canal que entrevistó al hoy presidente Maduro, cuando era el diputado Maduro, fue despedido de ahí por una conversación que se hizo pública criticando al partido Acción Democrática. No hubo grandes reclamos o airadas “tuiteadas” entonces; Mingo pasó al olvido. Cuando salió del aire “Buenas Noches”, destaca Villegas, los mismos que insultaban a Leopoldo Castillo por quedarse en el canal, le aplaudieron su dignidad por renunciar el pasado viernes. Así está el país. O estás con ellos, o estás con nosotros. ¿Equilibrio? Para ingenuos o inocentones.

(Yo mismo lo viví hoy, cuando una amiga me dijo por Twitter que no vería la película Bolívar: El Hombre de las Dificultades porque no soporta a su protagonista, Roque Valero, por haberse declarado oficialista. ¿Será que se animará mi amiga a leer esta entrevista que le hiciera mi compañera Katian Castro? Eso espero.)

Así que, a riesgo de los insultos estoy seguro recibiría si fuera más conocido, suscribo la última parte de la columna de Villegas:

El momento actual de Venezuela reclama cambios en los medios tanto públicos como privados. El equilibrio, la presencia de todos los sectores y de todos los puntos de vista son imprescindibles.

(Bueno sería que insistiera en este equilibrio en los medios del Estado, doctor Villegas. Es ahí donde el equilibrio brilla más por su ausencia.)

Hoy otra vez, como en 2002, el lente está invertido hacia los que antes lo apuntaban. Hoy, los hombres y las mujeres de noticias son noticia ellos mismos. Unos, como Román Lozinski, lo lamentan; otros le darán la bienvenida. Yo soy uno de los que piensa que un periodista, más que objetivo, debe ser sincero: si no estás de acuerdo con tu Gobierno o tus jefes, debes decirlo. Pero aún debes ser objetivo: debes recordar que hay tu verdad, su verdad y LA verdad. VTV sólo muestra “su” verdad. ¿Globovisión mostraba LA verdad? (Opinión muy personal: en “Radar de los Barrios”, oh sí; en algunos otros, ¿sí?) Un periodista no debería estar en la palestra; debe decir lo que hay en ella.

Pero no puedes voluntariamente prestarte a ser un actor político. No puedes sencillamente alborotar lo más básico del ser humano para ganar pageviews y llamarte crítico del Gobierno, que es lo que considero hace el ex director de Globovisión, Alberto Federico Ravell, en La Patilla, un medio al que, aunque hay periodistas allí a los que respeto mucho, me parece que se regodea en sacar el animal que lleva el venezolano por dentro (¿”riqui riquita”? ¿En serio?). Porque si como político te comportas, no esperes que te traten como periodista. Por eso Carlos Escarrá no quiso atenderme cuando lo llamé estando en El Nacional. (Bueno, una de las razones. No hablemos mal de los que ya no están.) Por supuesto que no van a aceptarte entrevistas en Globovisión, si saben que la única forma de salirse de la andanada de preguntas en contra es acusarlos de golpistas. Es porque nunca hubo un equilibrio. Es porque era el único contrapeso verdadero al Gobierno. Es porque era la única ventana que quedaba para que la oposición se expresara libremente… y lo hacía cada vez que podía.

Quizá estoy siendo ingenuo, aún a mis 42 años de edad. Quizá esto sólo puede resolverse con peos de lado y lado. Tú me atacas, yo te ataco. El Gobierno insiste en un magnicidio sin presentar los detenidos; yo me burlo de tus contradicciones. Y así vamos. Armado con mi pluma o mi laptop o mi tableta o todos tres, yo soy el que va a ser tu vigilante, el que te va a mantener derechito. Ey, si el Washington Post pudo con Nixon… Ah pero eso era una democracia abierta. Los Papeles del Pentágono contribuyeron a detener Vietnam, Watergate a despedir a Nixon. El audio de Mario Silva logró… que se fuera Mario Silva.

O quizá (ya para terminar; bendita ignorancia mía de la síntesis), quizá este tuit de Mirelis Morales, una periodista a la que le tengo un gran cariño, es en lo que hay que pensar.  Ciertamente fue lo que inspiró este largo post.

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No se dejen

Estamos a 31 días de las elecciones en Venezuela, llegando al llegadero, como dicen. Esta es la época en que debía suceder algo que yo dije que si ocurría, yo empezaría a realmente preocuparme sobre los resultados de esas elecciones.

Bien, ocurrió. Lo malo es que no ocurrió como yo esperaba. En rueda de prensa desde el parque El Calvario “Ezequiel Zamora”, en Caracas, el presidente Hugo Chávez presentó una encuesta de Datanálisis, una de las encuestadoras más serias del país y una de las que, en lo personal, me parece más confiable a la hora de una medición de opinión. No recuerdo las cifras con exactitud, pero sí recuerdo una ventaja de 14,3 puntos porcentuales del presidente Hugo Chávez sobre el gobernador Henrique Capriles.

Fiel a mi promesa: empiezo a preocuparme.

Claro, hay que decir que no creo que Luis Vicente León haya entregado al Gobierno los resultados de su estudio, en primer lugar, porque esos estudios fueron realizados a solicitud de un cliente privado que pagó una fuerte cantidad para que se hicieran. En conversaciones que yo mismo he sostenido con el director de Datanálisis (y por extensión, con otros representantes de encuestadoras), León me ha aclarado que ellos no anuncian los resultados de sus encuestas, sino que los entregan a los clientes y ellos deciden si los hacen públicos o no. Segundo, León siempre ha tratado de mostrarse imparcial, como demuestra en su cuenta de Twitter, y por ello ha recibido ataques de lado y lado –un compañero que sigo en esa red una vez me comentó lo incómodas de sus verdades, una afirmación que yo sostengo— pero sí se ha identificado con la oposición con anterioridad, así que me permito dudar que el Gobierno haya contratado a su empresa para un estudio de opinión. Así que con el perdón, sospecho juego sucio en la manera en que el Gobierno haya obtenido esa información.

Pero obvio, eso no cambia los números que allí presentaron. No cambia el hecho que Datanálisis, como ya dije, es una de las firmas más serias y respetadas en el país; junto con Consultores 21, y para hablar con terminología beisbolera, tiene el average de bateo más alto en las encuestadoras del país a la hora de predecir una elección, cosa que dudo de Hinterlaces, IVAD, Mercanálisis y en especial de GIS XXI, fundada por el ex ministro de Ciencia y Tecnología, Jesse Chacón. (Lo siento; ese pana tiene demasiada afinidad con el Presidente. Demasiada.)

SI de verdad esos son los números de Datanálisis –y Luis Vicente León ha estado callado—pues esos son los números: Chávez ganaría con 14 puntos por encima de Capriles. Más o menos dos millones y medio de votos.

Las últimas semanas se nota que la cosa no es que esté tan distendida, porque ciertamente la campaña se ha calentado por parte del Gobierno. Las palabras “jalabola”, “fascista”, “neoliberalismo” y “paquetazo” se unieron a “majunche” en el léxico del Presidente para referirse a Capriles. La última salió de declaraciones de David De Lima, ex gobernador de Anzoátegui, y apenas hace unas horas, William Ojeda, diputado de la Asamblea Nacional. Ambos denunciaron un plan oculto del comando de campaña de Capriles, un plan de Gobierno que llevaría a Venezuela a un vuelco a la derecha al estilo de Mariano Rajoy en España (de hecho De Lima comparó a Capriles con el actual presidente del gobierno español). Que el hecho que tanto De Lima como Ojeda empezaron su carrera política como miembros del Movimiento Quinta República y luego militaron en la oposición, Ojeda en particular, monta algunas sospechas, y yo por lo menos quiero pensar que es un intento por el Gobierno de meter miedo a los indecisos y opositores “flojos”, y de tanto De Lima como Ojeda de volver a lucir.

(Un aparte sobre Ojeda: el hombre ha tratado en cuatro ocasiones de ganar la alcaldía del municipio Sucre, una vez con el MVR y tres con la oposición, primero con su partido Un Solo Pueblo y luego con Un Nuevo Tiempo. En las últimas elecciones regionales, cuando Leopoldo López fue inhabilitado y no pudo presentar su candidatura a la Alcaldía Mayor de Caracas, Ojeda fue propuesto por UNT, a pesar que Antonio Ledezma había sido el candidato por consenso –y eventual ganador—.)

¿El daño ya está hecho? Quizá. Pero yo destaco algo que Luzmely Reyes, jefa de política de Últimas Noticias (y una excelente persona), escribió en su columna del pasado domingo. Menciona que en las encuestas, las respuestas a “por quién votaría usted si el presidente Chávez no se puede presentar”, la opción no es Elías Jaua; es Capriles. También destaca que se podría leer que, o es Chávez, o es ninguno. Considerando que el cáncer parece que ya no es un problema –y si lo es, Reyes destaca, se está evitando como la plaga—yo no me preocuparía tanto porque Chávez no se va a presentar. Lo que sí quiero destacar es la última parte de su columna.

Pero si eso pasa allí, del lado de la oposición sucede una situación de descreimiento que puede afectar la opción de Capriles Radonski. Como algunos saben, el voto opositor suele ser muy sensible y huidizo. En general, cuando se le pregunta a los encuestados “quién cree Ud. que va ganar”, la mayoría afirma que Chávez, incluso aquellos que votan por Capriles. 

No hay que confundir este indicador “percepción de ganador” con intención de voto, pero los expertos advierten que es como una señal de alerta sobre una posible abstención. Si un votante piensa que su opción no tiene vida, puede terminar por no asistir a las urnas.

Tal situación se parece a la que se presentó en el referendo por la reforma constitucional en 2007. 

Aquella vez, los estudios mostraban que el NO estaba preñado de abstención. Los que preferían negar la petición del Presidente se abstenían porque creían que Chávez ganaría. Cuando factores de oposición se dieron cuenta de esto, comenzaron una agresiva campaña llamando a votar. La recta final de aquella campaña fue emocionante, porque también obligó al Presidente a moverse para reducir la brecha que se iba a abriendo. 

El referéndum por la reforma constitucional ha sido la única ocasión  que la oposición ha ganado una elección al presidente Chávez. Y la ganamos con una abstención de 44,11%.

No nos dejemos meter miedo, gente. Sí, no se puede negar que, al apelar a la mayor demografía del país, el Presidente siempre tendrá una ventaja legítima. Pero asimismo, siempre usa el temor como un arma. Ha dicho reiteradamente que si Capriles ganara, se acabarían las misiones, se privatizaría PDVSA, se eliminaría el gasto social, incluso se llegaría a una guerra civil (más palabras de De Lima que suyas). Yo espero pensar que nadie sería tan idiota.

Analicemos brevemente: gente que ha recibido atención médica gratuita por primera vez en su vida, ha recibido una vivienda propia (con condiciones) luego de vivir en un rancho, que ha recibido una educación (no muy avanzada, pero educación al fin) por primera vez en su vida, ¿va a llegar un gobierno a decirle “eh, mira, disculpa, pero ya no lo puedes tener”? ¿Es que creen que no se aprendió nada del Caracazo? Al mismo tiempo, debo destacar el mal estado de las carreteras y hospitales, la demora en resolver la vivienda, los constantes apagones y otras deficiencias en servicios básicos, las condiciones con las que te dan las viviendas en la Gran Misión Vivienda Venezuela (no te dan un título de propiedad, así que no puedes ni venderla, ni alquilarla ni modificarla) y un largo etcétera para decir que estos 14 años tampoco es que hayan sido un ejemplo a seguir. Chávez lo que sí hizo, como ya dije una vez,  es aumentar nuestra conciencia socia, demostrar que no se pueden ignorar las necesidades de la gente, del pueblo, durante tanto tiempo. Como tampoco demostrar l’estat c’est moi constantemente.

En pocas palabras, gente: una encuesta es sólo una fotografía de un momento. ¿Que la encuesta de Datanálisis demuestra una ventaja? Sí. ¿Que ya es seguro que va a ganar? No. ¿Que va a ganar seguro si no vamos a votar? Pero de bolas que sí.

A VOTAR CARAJO.

La lista queda

Sabrán disculparme, amigos, si se sienten un poco engañados por el título y lo que están a punto de leer. Pero lo que he visto hoy me impulsó a escribir este post. Parece que ahora necesito grandes acontecimientos para escribir por aquí… Pero bueno.

Hoy murió, a dos semanas de cumplir los 42 años de edad (recién cumplidos, igual que nuestro Presidente) el diputado Luis Tascón, luego de cuatro meses padeciendo un muy agresivo cáncer de colon. Fue un shock para mí ver a la presidenta de la Asamblea Nacional, Cilia Flores, una mujer que a pesar de la inmensa arrechera que le tengo hay que admirarle la facilidad para decir las cosas sin reírse, perder la compostura por completo cuando interrumpió una discusión en el hemiciclo y a dura penas pudo anunciar el fallecimiento de Tascón y pedir un minuto de silencio por su partida. Incluso se tuvo que retirar de su puesto. Si todo era teatro para demostrar que a pesar de todo era humana, lo desconozco. En especial considerando lo mal que lo trató un par de veces en el Parlamento y fuera de él. Pero igual me dejó pensando.

Y en esta época, sabes que Internet va a ebullir de comentarios. Algunos buenos, algunos malos, otros muy malos. La muerte de este señor ha despertado cada sentimiento negativo que hay en la sociedad. Si hacen una búsqueda en Twitter –como yo hice—se darán cuenta que el amigo era… bueno, amigo de muy pocos en Twitter. Desde un “qué bueno”, pasando por un “uno menos” hasta uno que propuso que exhumaran su cadáver para bailar un joropo sobre sus cenizas. Ni se diga el que propuso en cierta página que no voy a mencionar que se hiciera una “fumigación de ratas al resto del chavismo” para que siguieran su camino. Y ni estoy hablando de la que pidió que le respetaran su libertad de expresión por alegrarse de la muerte del diputado, y que no se molestaran en decirle que Dios la castigaría porque ella era atea. (Te lo respeto amiga, pero no esperes que lo comparta.) Incluso, mientras escribo esto en mi cuarto, escucho a mi vecino de arriba decirlo claro y raspa’o: “Qué bueno que se murió Luis Tascón”.

Ahora, sería muy, muy ingenuo si dijera que Tascón no se buscó esta clase de odio él mismo. O al menos, se prestó para recibirlo sin quizá saber lo que se le iba a venir. O de tan ciega obediencia que no le importó. Para los que no lo sepan, bien sea porque me leen del exterior o porque han vivido en una cueva estos últimos años, y no quieren leer Wikipedia, este es el cuento, que pueden saltarse si ya se lo saben.

En 2004, cuando el presidente Hugo Chávez cumplió la mitad de su primer mandato, un referéndum revocatorio para sacarlo del poder constitucionalmente. La forma de activarlo era recoger “un número no menor del veinte por ciento (20%) de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato. Cuando igual o mayor número de electores y electoras que eligieron al funcionario o funcionaria hubieren votado a favor de la revocatoria, siempre que haya concurrido al referendo un número de electores y electoras igual o superior al veinticinco por ciento (25%) de los electores y electoras inscritos, se considerará revocado su mandato y se procederá de inmediato a cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta Constitución y la ley”, según el artículo 72 de nuestra Constitución. Casi cuatro millones de firmas se recolectaron, aunque al final se validaron 2,4 millones de ellas. Chávez igualmente ganó ese referéndum con casi 60% de los votos, pero los verdaderos problemas empezaron después.

Para demostrar un supuesto fraude de la oposición, Tascón fue comisionado por el Presidente a obtener esas firmas. Supuestamente, el diputado había comprado la lista a un miembro de la ONG Súmate, quien había ayudado a organizar la recolecta de firmas, pero por declaraciones dadas que había dado en días anteriores, la versión actual es que el hombre pudo pasar cuatro días fotocopiando las planillas con el permiso expreso de los rectores del Consejo Nacional Electoral. Por si fuera poco, Tascón subió esa data a su página web –y la lista se hizo pública. Sumado a un despido masivo de trabajadores de Petróleos de Venezuela en 2002, ahora empezaron a ser despedidos empleados de ministerios, contratistas y demás empleados directos o indirectos del Gobierno. Se empezaron a negar préstamos, detener asistencias, incluso a negar servicios médicos, como lo contó la periodista Mari Montes en su Twitter. Mucha gente debió abandonar el país, los que pudieron; otros cayeron en una profunda depresión, incluso el suicidio. Esta situación duró hasta abril de 2005, cuando el propio presidente Chávez ordenó que se “enterrara” la ahora llamada lista Tascón. No se ha cumplido al 100%, por lo que he escuchado, pero fue suficiente para que Tascón subiera el ranking de los más odiados del chavismo.

Claro, el chavismo no fue que lo trató muy bien. En 2007, el compadre de Chávez, su ex ministro de la Defensa, Raúl Isaías Baduel, criticó el proyecto de reforma constitucional que se iba a dar ese año, que luego no fue aprobado, y Tascón, en medio de voces que llamaban a la cabeza del general, indicó que sus declaraciones revelaba una división dentro del chavismo. ¿Osaste defender a un traidor?, bramó el aún por constituirse Partido Socialista Unido de Venezuela, el nuevo partido que agruparía a todas las facciones que apoyaban al Presidente. Por ello, Tascón se convirtió en el primer expulsado de un partido que aún no existía. De alguna forma, Tascón logra que lo perdonen, y sigue haciendo su trabajo dentro del Gobierno, hasta febrero de 2008, cuando Tascón tiene el tupé de denunciar al presidente del órgano recolector de impuestos, el Seniat, José David Cabello, de corrupción –y da la casualidad que el hermano de Cabello, Diosdado, es uno de los ministros más importantes del chavismo (bueno, lo era). Resultado: Tascón es expulsado del PSUV, de nuevo, y esta vez hasta el propio Diosdado lo llamó “agente del imperio“. Auch.

Aquí termina el cuento. Dado ese panorama, creo que hay que admirar los cojones que Tascón tuvo para lanzarse a alcalde del municipio Libertador (el más grande de Caracas) con un partido que él mismo fundó, Nuevo Camino Revolucionario. Por supuesto, sólo obtuvo 0,37% de los votos. Pero el hombre siguió insistiendo con sus denuncias, ahora como supuesto crítico del chavismo duro, pregonando ética y moral revolucionaria. Mientras que ya hasta se cree que el propio José Gregorio Hernández no ha sido santificado porque firmó.

¿Motivos suficientes para agarrarle hasta treinta arrecheras? Pero por supuesto. ¿Motivos para alegrarse por su muerte? POR SUPUESTO QUE NO, CARAJO.

En primer lugar, Tascón tenía una esposa, una hija y una madre aún viva. Como si fuera poco el odio que se debieron calar mientras estaba en vida, y los cuatro meses de agonía que debió superar, ahora deben leer todos los insultos y desahogos de la gente que decide aprovechar para sacar lo peorcito que tiene. ¿Qué esperan? ¿Lograr tres muertes más? ¿O creen que ellas son también culpables de lo que Tascón haya hecho o dejado que pasara? ¿Y cómo se sentirían ustedes si ven a su padre, esposo, hijo, madre, esposa o hija, recientemente muerto, insultado por gente que ni lo conoció?

En segundo lugar, ¿qué están ganando con eso? “El desahogo”, me diría uno de los menos virulentos, como me dijo una vez que critiqué una pita que le hicieron a la modelo Anarella Bono cuando fue jurado en el Miss Venezuela 2007, por sus preferencias políticas. “Botellazos por la cabeza, persecuciones, lista Tascón, periodistas presos, ¿versus una pitada? No joda, me canso”, me dijo. Porque es cierto, el Gobierno nos ha llevado a todos a un estado de casi permanente confrontación, y la lista Tascón es muestra de ello. Si no piensas como yo, estás en contra de mí, y debes ser barrido. O estás conmigo o no. Y el Presidente ha repetido esta frase o su equivalente una y otra vez. Es muy, muy difícil evitar caer en este círculo de confrontación, y de hecho ya vimos antes cómo, durante la breve salida del poder de Chávez en 2002, a su entonces ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín (de quien se rumoró podría seguir el camino de Tascón, antes de aparecer en público recientemente) se le detuvo en la urbanización Santa Fe, y una turba enardecida lo golpeó fuertemente. Para nada, pues seis años después el hombre volvió a su cargo, aunque sea brevemente, y para ayudar a traer rehenes de las FARC de Colombia de vuelta a casa.

Eso me trae al meollo del asunto, y disculpen si me extendí. Algún día, Chávez se irá del poder. Y yo confío en que será por votos. Es más, será por votos. Quizás hasta en el propio 2012, cuando son las próximas elecciones presidenciales. Se montará entonces alguien de oposición, quién sabe quién. ¿Y entonces? ¿Saldremos con un bate a buscar al ministro del Interior actual, Tareck El-Aissami? ¿Habrá alguien que corra a arrancarle los pelos a la diputada Iris Varela, amiga de Tascón? ¿Ningún chavista podrá trabajar para e Gobierno? ¿Quiere decir que le tendría que decir a mis familiares que apoyan al Gobierno “quién te mandó”? Entonces, ¿pretendemos mejorar a Venezuela, o a dejarla igual, si no peor?

Nadie merece morir. Punto. Eso lo decide Dios o como decidan ustedes creerlo, si son ateos. Si el cáncer es un castigo divino, entonces mi padre algo nos ha ocultado, porque él lidió con el cáncer hace unos años atrás (y se curó). Un error común del Gobierno es pensar que Chávez estará en la presidencia para siempre; un error común y aún más peligroso de los que le oponen es pensar que, al irse Chávez, se acabó el chavismo. Chávez ha creado demasiado fanatismo, demasiada lealtad entre muchos de sus seguidores, como para pensar que el día que Chávez no sea presidente van a dejar de tener peso en el país. ¿Qué creen, que se irán todos a Cuba? ¿O están esperando una guerra civil? Si me pongo a ver los comentarios en Twitter, hay más de uno que se ve muy valiente detrás de un teclado. ¿Es así como queremos a Venezuela? Basié. Yo no. La lista Tascón no sé si haya sido enterrada, pero la lista que es su contraria, la que cada opositor radical tiene en su cabeza, que tiene los nombres de cuanto chavista quisiera ver caer cuando no sean gobierno, está vivita y coleando.

Sinceramente, la muerte de Luis Tascón ni me alegró, como no le alegró a la propia Mari Montes, ni me entristeció. Lo que sí me entristeció fue ver la cara de la Venezuela que ciertamente ayudó a crear y dejó al descubierto con su muerte. Espero que haya algo que aún se pueda rescatar de ella. Descansa en paz, Luis. Que Dios se apiade de tu alma. Y le dé paz a los que te extrañarán.

Gustavo y Franklin

Soda Stereo es lo mejor que ha salido de Argentina desde Valeria Mazza y Julio Cortázar. Es EL grupo de rock en español, algo de lo que me di cuenta lamentablemente después que se disolvieron, claro. No he seguido la carrera como solista de su líder, Gustavo Cerati, pero no hay forma que no acepte su talento tanto para interpretar como para componer. En estos momentos, Cerati está siendo tratado en un centro clínico aquí en Caracas, luego que sufriera un accidente isquémico transitorio (algo que puede generar en un ACV completo) después de un concierto que ofreciera el sábado en la Universidad Simón Bolívar. Lo que soy yo, espero que se recupere muy pronto y nos siga ofreciendo música por tantos años como lo ha logrado Aerosmith.

Pero lo que le pasó a Cerati ha despertado nuevamente un fenómeno que trae Internet cada vez que una celebridad muere/tiene un accidente/cae en desgracia: mostramos nuestro peor lado como sociedad a la vez que buscamos mostrar nuestro mejor lado como fanático.

Cuando Michael Jackson murió el año pasado, Internet se detuvo. Literalmente. No había más nada que importara en el mundo, algo que no sé siquiera si pasó cuando el papa Juan Pablo II murió. La locura mediática, las teorías de conspiración, las dementes reacciones, todo estuvo allí. Yo no hablo demasiado de esto porque yo contribuí a esos “homenajes” (de hecho, hice dos), pero luego leí un post de Open Culture que admito me hizo sentir un poquito mal: enseguida se olvidó la lucha que los iraníes daban porque el mundo reconociera el grosero fraude que hicieron las autoridades gubernamentales, logrando que Mahmud Ahmadinejad resultara reelecto.

No es tan grave, si lo venimos a comparar, pero la situación de Cerati, que ha incluso generado una petición de vigilia para mañana en la noche, ha despertado muestras de solidaridad tales que cualquiera diría que familia de algunos de los que piensan asistir. Pero claro, Cerati es un músico de fama internacional que le ha llegado en el alma a muchos. Franklin Brito, por su parte, es un simple granjero (vamos a usar el término internacional) que lleva casi un año en huelga de hambre exigiendo que se le otorgue justicia; ¿quién ha hecho una velada por él?

(Estoy conciente que muchos dejarán de leer en este punto. Ojalá sea la minoría.)

Pueden chequear la historia de Brito en la página web que se montó para tal fin, pero para resumírselos, al hombre le decomisaron sus tierras en el estado Bolívar (al sur del país) por diversas razones. Al tratar por las vías normales que el Instituto Nacional de Tierras (el órgano encargado de administrar las tierras para producción agrícola del país) le indemnizara, Brito decidió iniciar su huelga de hambre en julio de 2009 en Caracas.

En diciembre, Internet y los medios hicieron suficiente ruido como para que el INTI finalmente le prestara atención y le entregara los documentos que complacían su petición, lo que hizo que Brito levantara su huelga. Pero bien sea por orgullo, por considerarlo limosna y no justicia, o porque después el presidente del INTI y la presidenta de la Asamblea Nacional hicieron unas declaraciones que podrían hacer pensar que lo hicieron sólo para callarle la boca, Brito tres días después decidió resumirla.

Una semana después, un grupo de bomberos, policías y miembros de la Guardia Nacional llegaron a la sede de la OEA donde Brito hacía su huelga, y en la propia operación “comando”, llevaron a Brito a la fuerza al Hospital Militar, donde empezó a rodar la versión de su inestabilidad mental (empezando por declaraciones de representantes del Gobierno). Desde hace 76 días, Brito ha rehusado atención médica, ha recrudecido su huelga de hambre, y está negado a levantarla hasta que le hagan caso… o muera.

¿Llegaron hasta aquí? Muchas gracias. No era mi intención deprimirlos ni molestarlos. Quizá son de los que me echarán a un lado como alguien que no quiere que se disfrute de un concierto o quiere estar siempre pendiente de lo peor que sucede en la sociedad “porque esa es la realidad”. (Respuesta: sí, sobre todo yo, seguuuro…) O son, para citar una frase de Hotel Rwanda, son de los que se enteran de esta historia, dicen “Dios qué horrible…” y siguen comiendo. O son como la mayoría de mis familiares, amistades, conocidos y compatriotas: son de la cultura del “¿y qué le vamos a hacer?” O, quién sabe, son de esos que de verdad empezarán a moverse por tratar de hacer algo por el señor Brito. Mientras escuchan a todo volumen su disco de Cerati o Soda y esperan que se mejore.

Lo malo del mundo de entretenimiento —una fuente que realmente es agradable de cubrir, cuando me toca hacerlo— es que es muy fácil absorberse en ella y creer que mostrarle apoyo a una celebridad por Internet te daría una oportunidad para conocerl@. La vigilia a Cerati que se está pautando para mañana es un gesto bonito, pero, ¿la están haciendo por él, o por ustedes, para demostrar su preocupación por otro ser humano? ¿O esperan que el hombre los agradezca a todos y cada uno de ustedes por haber hecho vigilia por él? (Ojo: sé que hay varios que lo hacen por la bondad de su corazón, en serio. Simplemente porque es su forma de retribuirle a Cerati todo lo que les ha dado, aunque sea indirectamente, y creo que eso tiene su valor. Los felicito, sin ningún sarcasmo. Pero… sigan leyendo.)

Cerati está siendo intervenido por algunos de los mejores médicos de Caracas, acaba de ser operado y por lo visto saldrá bien de su asunto, aunque quién sabe cuándo podrá volver a cantar (tiene lo que se llama una afasia, lo que es dificultad para hablar). Brito, en cambio, en su decisión —y creo que es importante resaltar el carácter de voluntaria que tiene su situación; a él nadie lo obliga— de que se le haga justicia, tiene una salud que se le está deteriorando rápidamente: sufre de hipotermia, una tensión que se le baja constantemente, y de 98 kilos que pesaba cuando inició su huelga, está pesando 46 hoy en día.

Pensemos el caso más grave. Si Cerati muere, su país declarará luto durante varios días, y luego de los obligatorios (y muy merecidos) especiales en radio y televisión, veré miles de blogs y Tumblrs donde pondrán videos y mp3 y posts y textos en homenaje al hombre, corriendo para no perderse la moda, tratar de pertenecer a un colectivo, no ser ignorado; los que hagan un homenaje sincero porque su música significó algo para ellos quizá sean los más ignorados porque son más respetuosos y más apasionados pero más callados. Porque para algunos de eso se trata, de ser quien hable más duro en línea, que tengas aunque sea un minutito de fama y que algo que tú hiciste se vea.

En cambio, si Brito muere —una posibilidad mucho más real, creo yo— será noticia de un día. Morirá sólo con su familia y un abogado que lo está ayudando, quizá con el guardia que el Gobierno le ordenó, tal vez una amiga enfermera. Quizá uno que otro twittero o bloguero le haga un pequeño homenaje o mención; sólo sé de una persona ajena a su familia a quien esa muerte le dolerá en serio. Los medios cubrirán la noticia, quizá se muevan tanto como se hizo en el mundo con la muerte de Orlando Zapata Tamayo en Cuba. El Gobierno dirá que se trató de salvar su vida al hospitalizarlo y el hombre se rehusó. ¿Por qué no le hicieron más caso antes? ¿Por qué los medios no tratan de hacer al menos una mención de Brito al día, mientras aún está vivo y se puede salvar su vida? (Mientras escribo estas líneas, Brito está hablando en CNN en Español; ¿se logrará el cambio?)

Todos tienen derecho a seguir el acontecimiento que uno quiera; de hecho, en esta era de información creo que lo más sano es ser selectivo en la cantidad de noticias que queremos seguir. Creo que preocuparse por Cerati no te hace una mala persona; creo que ignorar el caso de Brito tampoco. Pero creo que mover cielo y tierra para dar una muestra de apoyo a alguien que te ha entretenido con su música e ignorar por completo a alguien que ha escogido su dignidad por encima de su salud demuestra que nosotros, como sociedad, estamos mal. Creo que atacar a quienes quisiéramos que Brito recibiera mejor atención y criticar esa vigilia a Cerati demuestra cuáles son los valores de esta sociedad (mundial). Creo que criticar la vigilia de Cerati sin hacer nada por el señor Brito –aunque sea dedicarle un espacio en tu blog, aunque sea twittear sobre él, aunque sea leer hasta aquí– es hipócrita de tu parte.

Mejórate, Cerati, que no mereces lo que te pasó (eso sí, deja de fumar de una buena vez).

Fuerza, señor Brito. Ojalá la justicia le llegue en vida.

PD: Ojalá los que asistirán a la vigilia de Cerati y tienen cierta presencia en los medios aunque sea mencionen a Brito. Si no, igual los seguiré leyendo/escuchando. Seguiré sin pensar que son malas personas… pero sí les pediría que usen ese poder mediático para otras cosas de vez en cuando. Yo los apoyaré, claro que sí.

Lo BUENO que nos ha dejado este gobierno

Espero que los opositores radicales que sé leen mi blog no hayan inmediatamente eliminado mi feed de sus lectores. Y espero que los chavistas que me han visitado no piensen que finalmente vi la luz. No, mi gente, sigo siendo tan opositor como siempre he sido. No estoy de acuerdo con mucho de lo que el gobierno de Hugo Chávez está haciendo con mi país, menos con los anuncios que he escuchado esta semana.

Pero que nadie se caiga a coba: Venezuela no se ha merecido la gran mayoría de sus gobiernos, al menos en el tiempo que yo tengo memoria. (Vamos a tratar de ignorar ese dicho que dice que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.) A pesar de eso, cada gobierno nos ha dejado algo bueno, algo que debemos tratar de rescatar para asegurarnos de no retroceder jamás a lo que éramos antes.

Quiero limitarme aquí a lo que yo he percibido y no a medidores económicos o sociológicos de los que no puedo presumir conocer ya que no soy ningún experto en ello. Tampoco pretendo hacerle propaganda a lo que considero populismo o insuficiente, pues ya dije, no apoyo este gobierno. Pero tampoco soy el opositor miserable que sencillamente cree que todo lo que hace este gobierno es malo, sólo porque sí. Negar que ha hecho cosas buenas para todo el país es algo que muchísimos políticos de oposición deben tomar en cuenta para hacer una opción contraria en 2012, o sino tendremos al mismo Presidente por mucho, mucho tiempo.

  • Hemos hecho un esfuerzo por entender la política. Cada elección, cada decreto, cada movida de mata y sí, lamentablemente cada cadena nos recuerda que la política se ha metido en nuestra vida como nunca antes. Queramos o no, tenemos que entender cómo se mueve la política al más bajo nivel, y hay más maneras disponibles de participar que en cualquier otro gobierno. Lo malo es que la mayoría de la gente prefiere evitar inmiscuirse en la política por lo negativo que se le adosa, lo que hace que las mismas mañas que se han venido arrastrando desde hace tanto tiempo se repitan ad nauseum. Gracias a Dios por los movimientos estudiantiles de uno y otro lado…
  • La Historia vuelve a ser interesante. ¿Ezequiel Zamora? ¿Maisanta? ¿La Guerra Federal? ¿Eran estos nombres que usted conocía sin problema antes de 1998? Bien por usted. Aún nos falta mucho –aún nos quedamos ponchados con la gran mayoría de preguntas sobre guerras, fechas, próceres y demás—pero los libros de Manuel Caballero, Elías Pino Iturrieta, Rafael Arráiz Lucca e Inés Quintero compiten con best-sellers internacionales. La gente está mirando hacia atrás, ya sea para finalmente entender el presente, para desmentir lo que oyen en los anuncios oficiales o por auténtica curiosidad. Y eso es sano, por aquello de “aquellos que no entienden la Historia están condenados a repetirla”.
  • Apreciamos más lo nuestro. En muchos casos, ha sido por obligación, ya sea porque la Ley Resorte ha hecho crecer la presencia de música venezolana en la radio y talento propio en televisión, o porque por las restricciones de control de cambio nos ha obligado a hacer más turismo nacional. Pero lo que descubrimos o redescubrimos fue, en muchos casos, hermoso. Huáscar Barradas se convirtió en un nombre común, la Onda Nueva volvió a sonar justo en el ocaso de la vida del maestro Aldemaro, y muchos comenzaron a saber que Venezuela era mucho más que Margarita, Puerto la Cruz, Mérida y las grandes ciudades. Claro, con ello también apareció el neofolklore, que ha fallado en más de una ocasión (favor evitar escuchar la versión de “Ladrón de tu Amor” de Gualberto Ibarreto hecha por La Puta Eléctrica), nos ha dejado sentimientos mezclados (aún no sé cómo sentirme respecto a Rafael “El pollo” Brito) o en efecto ha sido brillante (gracias a este disco, una generación entera volvió a escuchar a Simón Díaz), además de cosas muchísimo más graves.
  • Más atención al periodismo. Ahora, esto admito que no queda claro si es bueno sólo para los periodistas en sí, o para el público. Y considerando que yo soy parte del gremio, es difícil decir que he sido beneficiado. Ciertamente, algunos periodistas (a veces los medios enteros) asumieron el papel que los políticos de oposición no estaban ejerciendo, y muchos los pagaron caro, bien sea con su vida (en el caso de Jorge Tortoza), el exilio (Patricia Poleo) o la pérdida de credibilidad (no pienso pisarle la manguera a un compañer@ bomber@). Pero eso ha convertido al público en una masa mucho más crítica, a la hora de escuchar noticias. Lo ideal es consultar varios medios y determinar el origen de una noticia para determinar qué fue lo que realmente pasó, pero la cantidad de gente que sigue un medio ciegamente no se va a mantener así toda la vida.
  • El mundo es un misterio un poco menor. Entre los rollos con el gobierno de George W. Bush, las alianzas con los gobiernos de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, por supuesto, Cuba, la relación amor/odio con Colombia, el drama camino al Consejo de Seguridad en la ONU en 2006, los guiños que a veces salen para las FARC (que casi nos cuesta caro a todos)… Pareciera que al fin entendemos que Venezuela no es una isla en este mundo, y de manera parecida con los historiadores, ahora también los internacionalistas tienen su momento de brillo, como Julio César Pineda, Fernando Gerbasi, Elsa Cardozo, Maruja Tarre y tantos otros. El hecho que hayamos estado en medio de una de las elecciones estadounidenses más importantes contribuyó a tratar de entender este mundo y nuestro papel en él un poquito más.
  • Tenemos un poco más de conciencia social. Nos falta mucho, pero tenemos diez años en que las necesidades de los pobres están mucho más presentes en nuestra vida. Más que nada, comenzamos a comprender que durante demasiados años, las clases más desvalidas de nuestro país no han visto sus peticiones cumplidas por los gobiernos, y aún suponiendo que éste no lo ha hecho por completo, ciertamente tienen un mandatario que les habla de tú a tú. Llámense medidas populistas, limosnas o manipulaciones, pero las misiones funcionan en un nivel básico, pues les está dando la atención que habían recibido de manera deficiente (por decir lo menos) en el pasado. (Y no estoy debatiendo si proveen el mejor servicio o no; simplemente, que lo proveen.) Adicionalmente, la Ley de Servicio Comunitario del Estudiante de Educación Superior ha sido considerada una de las pocas leyes que trae un auténtico beneficio a todos los involucrados pues acerca a las generaciones futuras a las necesidades de los más pobres de su ciudad, lo que podría convertirse en profesionales más socialmente conscientes en un futuro. Por supuesto, esto nos trae a la figura eterna de “papá estado” que yo tanto he criticado, pero eso es algo para otro día.
  • Los radicales: una especie en extinción. En mi familia hay un miembro que debe haber en TODA familia. Es el que te llama a decirte “ya va a caer”, o “de esta la ganamos”, o “nos hicieron trampa”. Que está convencida que Chávez está en el poder a punta de trampa y terror. Que por él no debe votar ni su familia. Otro, a pesar de todo el trabajo que ha pasado, no puede creer que no haya más miembros de la familia apoyándolo. Pero aún así, cuando este familiar chavista fue agredido por una oposicionista tan radical como él, los más moderados salieron a defenderlo. Lo mismo se puede decir del resto del país, en especial después de lo que se vivió el 11 de abril de 2002, el año donde todos los radicales estaban de frente. Ahí vimos la consecuencia de tanto radicalismo. Ver las cosas en blanco y negro no nos han dado resultado; afortunadamente, los que queremos ver los matices de gris estamos empezando a hacernos escuchar.
  • En esencia, somos democráticos. Métanselo en la cabeza: Chávez no es un dictador. Fidel Castro es un dictador; Robert Mugabe es un dictador; Aleksandr Lukashenko es un dictador, en mi opinión particular; pero Hugo Chávez Frías no. Chávez lo que sería, según Teodoro Petkoff, es un autócrata, alguien que concentra todo el poder en sus manos, pues considera que él y sólo él puede dirigir una nación. Y gústenle o no, el hombre ha ganado casi todas las elecciones a las que se ha presentado. Y con una sola excepción, los venezolanos han acudido a votar. Eso, que parece tan simple, conlleva una gran verdad: nosotros no queremos vivir algo ni parecido a los que teníamos en 1958, cuando sí había un dictador en el poder, cuando la gente no podía alzar la voz en contra del gobierno sin que fuera muerto enseguida. Cierto, aquí se alza uno en contra del gobierno y enseguida es agredido verbalmente, pero aún se puede hablar. No me digan que no, por favor.

Si hay algo más de lo que me he olvidado, favor dejarlo en los comentarios. Pero quisiera contribuir un poco a que se dejen las posiciones inamovibles, que se vea que aún en un país tan polarizado hay lugar para poder ver lo bueno del contrario, y que no hay necesidad de llamarlo “enemigo” por eso. Quiero oir sus opiniones, que me digan que estoy loco, que sí, que es así como se debe pensar, lo que sea. Pero por Dios, hablemos.

¡Que NO te dije!

El tiempo de Dios es perfecto, dicen. Y qué perfecto que éste sea mi post No. 100.

Estaba enfermo, estaba cansado, tenía frío, y al día siguiente tenía que trabajar. Pero igualito, con mi papá y mi hermano esperamos, muy a la expectativa, los resultados oficiales. Cuando al fin, a la 1:46 de la mañana, Tibisay Lucena dio los resultados oficiales. Y por primera vez en nueve años, las lágrimas que corrieron era de alivio.

Sí; por muy poco margen, Chávez había sufrido su primera derrota electoral en todos los casi nueve años de gobierno que llevaba.

Pero esta victoria no es de andar de parranda el resto del año; para eso está Navidad. (Que va a ser la primera que la oposición disfrutará con calma, by the way.) No fue una victoria arrasante; más bien demostró que el país está bien dividido, y que no hay suficiente entusiasmo por votar. Entonces para ponerlo sencillamente, es por ahí que hay que empezar a trabajar. Y trabajar con AHÍNCO. Chávez aún tiene seguidores casi fanáticos, que lo seguirán no importa lo que pase; pero muchos simplemente lo siguen porque les ofrece –y a veces hasta da– lo que les promete.

¿Entonces qué le queda a la oposición? Empezar a trabajar desde ya. El papel del movimiento estudiantil fue crucial, pero obviamente las cosas no pueden depender de ellos únicamente. La oposición tiene que trabajar más con los barrios, más con los sectores deprimidos, más a trabajar en un proyecto de país en vez de simplemente contrariar a Chávez.

Uno hará lo que pueda por contribuir. Por ahora, me limito a decir: ¡felicitaciones Venezuela!

Día D… referéndum

Ando trabajando desde las 6 de la mañana en el periódico. Estoy enfermo, tengo frío, tengo sueño, pero bueno, aquí andamos, cumpliendo nuestro deber. Gracias a Dios que ésta no es una guardia normal, porque si no estaría de un amargado…

A pesar de que ésta es la primera vez en que las encuestadoras en las que yo confío dan una esperanza de triunfo, no tengo el mismo optimismo de otras elecciones. ¿Ha sido más discreta la campaña? ¿Han habido menos encontronazos? ¿O simplemente estoy dormido y por eso no me he sentido con los espíritus tan altos como antes?

El venezolano que diga que ésta no es la elección más importante de nuestra historia reciente es que no vive en el país. Sea cual sea la opinión política, estamos decidiendo el rumbo político de nuestro país. ¿Les parece poco?

Para ser absolutamente sincero, yo lo único que quiero es salir de aquí, votar, dormir, y empezar a rezar por mi país, que tanto quiero y tanta rabia me da ver cómo lo maltratan de uno y otro lado. Sólo espero que rezar sea suficiente. Ayúdanos Dios mío.

Tres razones para votar NO

Este es un meme de Profeballa, que pide a toda la comunidad bloguera de Venezuela dar tres razones lógicas de por qué se debería votar NO el próximo 2 de diciembre.

1.- Voto NO porque en ningún lado me explica que, si se declara a Venezuela estado socialista, el que no comparta esa ideología podrtía ejercer su vida política, económica o civil de acuerdo a su propio credo.

2.- Voto NO porque, aunque no comparto la gestión del alcalde de Caracas, al menos quiero tener la posibilidad de poder elegir a alguna persona que yo considere que tenga méritos para ocupar el puesto, en vez de que sea elegida por el Presidente. Y se aplica a él y a cualquier otro dirigente, llámese alcalde o gobernador.

3.- Voto NO porque en un estado de excepción se debe garantizar al menos el derecho de comunciación por alguien distinto al gobierno, que, sea éste o de la mal llamada “cuarta”, siempre sólo mostrará lo que le conviene.

Y añado una razón para simplemente ir a votar (NO), con unas palabras de Rafael Osío Cabrices que pueden leer en su propio blog: hay que defender la democracia con democracia. No hacemos nada quedándonos en la casa.

Vean otras razones aquí:

1.- Kareta en ¡Explíkme!

2.-Profeballa en Venezuela y su Historia

3.- Tupi Guevara en Venezuelan Compass


Le paso ahora el meme a Jorge, a Zhandra y a Mariposa, si a bien tienen.

Publica tu respuesta lo más pronto posible entre el 18 y el 26 de noviembre. Asegúrate de colocar la etiqueta Por-que-no-reforma. (También puedes agregar etiquetas para To2blogs o Blogalaxia.) El lunes 26 de noviembre elige las 3 mejores respuestas a ¿Por qué votar NO? 1-2-3. Enlázalas desde tu blog o página web; copia las mejores respuestas en mensajes de correo electrónico que enviarás a todos tus contactos; promociona las URLs de tus seleccionados vía Twitter, Jaiku, Facebook y Pownce; envía las mejores razones que hayas encontrado a tus contactos telefónicos vía SMS. Si NO votas, estás ayudando a que gane el Sí.

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