La libertad de elegir, siempre

crossroads
Hoy día de elecciones regionales en Venezuela, les quiero plantear algo breve. La economía en este país se puede recuperar en un lapso de entre cinco y siete años. Me lo han dicho expertos en economía en diversos grados de optimismo, planteándome las más diversas razones. Por supuesto que todo empieza con un cambio, bien sea de las políticas de Gobierno, o (más idóneo, en mi opinión) con un cambio de Gobierno en sí.
¿Qué pensó usted cuando leyó ese párrafo?
Me imagino si alguien plantea eso en una reunión de gente opuesta al Gobierno (gracias a Dios la mayoría en este país, y lo digo objetivamente y con cifras a la mano). Como se está en la actualidad, casi irremediablemente caería en alguna discusión. Alguien dice el “nah, no creo eso”. Sano disentimiento, está bien. Lamento el pesimismo, pero es normal, hasta comprensible. “¿Por qué no? Suena razonable”, podría ser la respuesta.  Y:
–Este país ya está perdido. Aquí sólo se arreglarán las cosas cuando los culpables estén muertos. Y eso puede ser de aquí a cincuenta años. (Cito una frase que escuché alguna vez en la calle.)
–Ay tú siempre tan pesimista.
–Realista más bien, allá tú que quieres seguir pensando en pajaritos preñados.
–O quizá sí quiero mejor para mi país y estoy dispuesto(a) a trabajar por él. Quizá prefiero eso a irme a Miami o a Colombia y criticar desde allá en vez de echarle bola aquí.
–Aquí no hay nada por qué trabajar.
–¿Y entonces qué propones? ¿Que le dejemos el país a los criminales y vagos sin pelear por él?
–‘Y ti qui pripinis’, esa bendita pregunta. No soy yo el/la que tiene que proponer, ese no es mi trabajo ni mi posición…
Y así va. No tarda nada en salir alguno de los divertidos calificativos que tanto abundan en Twitter, tipo “MUDlieber” o “guerrero del teclado”. Nadie tiene libertad de escoger porque el otro ya lo está insultando por criticar su posición, y el que tomó la decisión insiste en que el otro es un idiota por no tomar la misma. Y seguimos peleando entre nosotros.
Y el Gobierno se ríe. Divide and conquer. Divide y vencerás.
Antes de seguir, esta es mi opinión: Yo ejerceré mi derecho al voto hoy con el pañuelo en la nariz, y aún así estoy seguro que no podré quitar el hedor que el Consejo Nacional Electoral y el aquelarre que lo dirige emite. Sé que no estoy convalidando ninguna Asamblea Nacional Constituyente porque estas elecciones están en la Constitución, no en una ANC absolutamente ilegítima que ni yo ni ningún gobernador opositor puede reconocer ni podrá si quiere tener carrera política, como ya han hecho perfectamente claro. No lo considero como una burla a todos los países que han apoyado a la oposición en los meses desde que empezaron las protestas, ni a los que están considerando nuevas sanciones al Gobierno, porque esos países precisamente han rechazado las acciones del Gobierno por antidemocráticas, muy al contrario de las acciones de la oposición. Abstenerse es un derecho, pero es un juego absolutamente macabro que es el origen de todos estos males: por abstenernos en 2005 es que tenemos el país de ahorita y que nadie me diga lo contrario. Voy absolutamente consciente que algún fraude cometerán en algún estado (o varios) porque saben que tienen varias de perder (no todas, no con la fuerza bruta que aún tienen) pero la opción –más sangre, más muerte, más posibilidades de guerra civil– no me atrae nadita, y honestamente no veo ningún otro escenario. (¿Maduro renunciando? ¿Really? Ni yo soy tan optimista. Y yo a estas alturas, como muchos, dudo fuertemente que sea él el principal problema). No creo que sea una pérdida de tiempo ni dinero porque lo más probable es que el Gobierno termine instalando un gobierno paralelo, como sí hizo con la Alcaldía Mayor al instalar el Gobierno del Distrito Capital, pues me pregunto, ¿cuál ha sido la efectividad de Corpomiranda, básicamente un intento de gobernación paralela en el estado Miranda, a cargo de Elías Jaua, por dar un solo ejemplo? Y tampoco creo que sea un insulto a los cientos de muertos que hubo en las protestas entre abril y julio. Es cierto, ellos murieron, no para que algún opositor gane un puesto en una gobernación, sino para un  mejor país. Ellos se merecen un mejor país, donde sus hermanos menores, compañeros de clase, familia y demás amigos puedan crecer en paz… si escogen quedarse en él.
Un estudio reciente indica que más de un tercio de la población venezolana está pensando en irse o ya tiene planes concretos para hacerlo. Cada día es una despedida nueva, una familia dividida de nuevo, y un país que pierde otra posibilidad de reconstruirse luego que todo termine (porque va a terminar). Pero eso quiere decir que aún hay mucha gente que escoge no irse. Gente que considera que lo mejor es quedarse a tratar de salvar lo que puedan. O que su forma de vida, aunque igualmente se ha visto afectada –no conozco a nadie lo bastante acomodado para que me diga que su vida no se ha visto afectada– aún le permite quedarse aquí.
Luis Carlos Díaz, eterna presencia en redes sociales, siempre lo dice:  si te puedes ir, bien. Si te puedes quedar, bien también. El irse o quedarse es una decisión absolutamente personal. No es irresponsable querer quedarse, ni es de cobarde querer irse. Es que has ponderado tus opciones y capacidades, consideras cómo te las has visto, y tomas acciones. En esta época de Internet, algunos sienten –sentimos– que siempre se nos está preguntando nuestra opinión, y por eso escribimos un tuit, hacemos un hilo de ellos, o escribimos un post. Otros responderán a esa opinión, y así. Lamentablemente, otros insultarán esa opinión, pero a eso nos arriesgamos. Así es la democracia. La que aún existe en algunos lados, si no en el país en general.
Yo puedo entender eso. Puedo entender la creciente frustración de todo el mundo ante una solución final que no termina de llegar, que tiene que ser un cambio de gobierno. Más aún con una coalición opositora como es la Mesa de la Unidad democrática que no pareciera nunca tener un plan B. No les perdono que no hayan mostrado cómo reaccionar si en efecto la bendita ANC se instalaba a pesar de las protestas. Es necesario también trabajar que siempre sean los mismos que van a las candidaturas de lo que sea, que es por lo cual la mayoría de los candidatos que hay hoy para gobernadores sean además diputados. Esa forma de hacer política necesita empezar a cambiar y empezar ya.
Y también tiene cambiar la arrogancia de “yo sé más que tú y eres un idiota si no piensas como yo”.
Todos estamos grandecitos, por más que yo piense que colectivamente nos comportamos como adolescentes que pensamos menos con la cabeza y más con el corazón, así que debemos poder aguantar las críticas más duras sin molestarnos, y saber ignorar los insultos (jamás tolerarlos). Pero no esperes que te hagan caso si con lo que respondes es con insultos. ¿Que te parece una estupidez lo que este o el otro tuiteó? Es tu derecho. Hasta yo he caído en el juego de llamar al otro “trol” porque lo único que hace es criticar posiciones sin ofrecer alternativas. Pero  bueno, si no quiere o no sabe ofrecerlas, ese es rollo suyo.
Una necesidad sin equa non del ser humano es tener la libertad de elegir, no importa lo limitadas que sean sus opciones. Si quitas la libertad de elegir, quitas un derecho inalienable. El que siempre ha preferido quedarse en el país tiene todo el derecho a irse si consigue la oportunidad (¿ya oyeron el episodio de Radio Ambulante con el periodista Sinar Alvarado?); el que siempre ha planeado irse tiene opción a quedarse si consigue un trabajo que lo mantenga aquí. Quedarse no es sinónimo de muerte; irse no es sinónimo de salvación. Hoy tenemos otra posibilidad de elegir, y no sólo es elegir entre el continuismo o el cambio (mi elección) sino entre votar o abstenerse (una opción peligrosa, pero opción al fin). Y todos correremos con las consecuencias de nuestra elección. Mañana habrán responsables de las acciones que se tomaron o se dejaron de tomar, habrán culpables de los errores. Pero espero que también hayan conciencias tranquilas pues consideran que hicieron lo correcto.
En cinco años se recupera la economía. De eso estoy seguro. Pero considero igual de importante empezar a recuperar la capacidad de dejar de insultar al que piensa distinto. Recuperarnos como sociedad, dejar la agresividad, sí tomará más tiempo. Y de eso sí no dependemos del gobierno de turno. De hecho, es al revés.

Juan Carlo Rodríguez

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